La inseguridad en Haití representa un gran peligro para la República Dominicana

Por Víctor Manuel Peña

En un Estado totalmente fallido como Haití las bandas criminales han terminado por imponer su dominio en todo el territorio de ese país.

Dada la crisis política y social que hay en ese país, las bandas armadas, que pululan por doquier, son las que tienen el verdadero control y dominio de Haití.

Y ese control o dominio que tienen las bandas criminales en Haití es cada vez mayor porque ese país vive una profundización de su crisis política, dado el hecho que la viuda del presidente asesinado Jovenel Moise acaba de acusar al primer ministro haitiano Ariel Henry de estar implicado en el magnicidio.

Así las cosas, son muy frecuentes en Haití los secuestros de dominicanos que cruzan la frontera sin importar por dónde la cruzan.

Ante la situación de que Haití es un territorio de nadie, o mejor dicho de las bandas criminales, la República Dominicana tiene que fortalecer su política de seguridad frente a Haití, y muy especialmente en la frontera común que tenemos con ese país.

En un proceso creciente de haitianización del país, los haitianos ilegales cruzan por la frontera como perros por sus casas.

El presidente de la República decía en la ONU de manera muy atinada “que no hay ni habrá ni podrá haber una solución dominicana a la crisis haitiana”.

Y el actual director de Migración acaba de decirle al país “que al paso que vamos los haitianos podrían adueñarse de nuestro país sin nosotros ni ellos disparar un tiro”

El asunto de la haitianización es tan creciente y profundo que los nacionales haitianos no solo han desplazado a los dominicanos en la agricultura, la construcción y hasta en una parte importante del sector turístico sino también en los cuadros representativos de la mendicidad en las principales avenidas y vías de la Capital y Santiago.

Los mendigos son hegemónicamente haitianos. ¡Válgame Dios!

Pero la política de seguridad frente a Haití debe ser no solo para evitar la entrada masiva de haitianos ilegales a nuestro país sino para eliminar o reducir a su mínima expresión el comercio ilegal o subterráneo de todo tipo de mercancías: drogas, armas, comestibles, etc.

No nos crucemos de brazos frente a esa demoníaca realidad que nos está consumiendo como nación y como pueblo.  Las bandas criminales en Haití tienen tanto poder que podrían tratar de extrapolar su “poder” o sus acciones propias de la criminalidad a la República Dominicana.

Soy dominicano a plenitud: de nacimiento, de sangre y de origen. Primero, después y siempre está la intransigente, indeclinable e irrenunciable defensa de la República Dominicana, de la Patria, del pueblo dominicano y de su historia.

La comunidad internacional, con la ONU a la cabeza, tiene que asumir la indeclinable misión de reorganizar a Haití y dotarlo de instituciones que funcionen en el marco de un sistema jurídico-político adecuado a su historia, a sus problemas ancestrales y a su idiosincrasia como nación y como pueblo.

Reorganizar a Haití significa revolucionarlo y crear cuerpos armados, ejército y policía nacional funcionales, que garanticen la seguridad pública y ciudadana como elemento importante de su estabilidad.

Defendamos siempre nuestro país, nuestra integridad y nuestra soberanía.

Por el doctor Víctor Manuel Peña

*El autor es economista y abogado.

 

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