La inseguridad y su capacidad expansiva…

Por José Núñez sábado 8 de julio, 2017

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La inseguridad como su nombre bien lo indica, nos quiere decir falta de seguridad, una sensación de no estar seguro y que nos provoca malestar, nerviosismo, temeridad…, las cuales vienen asociadas a múltiples causas directas e indirectas, es decir, vividas, escuchadas, y en la actualidad con lo generalizado de las redes sociales, ya todos somos cuasi testigos presenciales de  muchas acciones que incrementan nuestras percepciones sobre este flagelo social.

Los efectos de la inseguridad además de ser muy negativos tanto en las personas como a la comunidad, tienen una capacidad expansiva nacional e internacional inconmensurable.

El tema de la seguridad que es impactado negativamente por la inseguridad ciudadana a través de los robos, atracos, asesinatos…, se puede observar en los diferentes informes tanto de los organismos nacionales como internacionales, que los análisis están al por mayor y al detalle, los cuales pueden ser de instituciones oficiales, privadas y sin fines de lucros, pero  tienen un denominador común, independientemente de que las cifras puedan variar entre unos y otros informes o entre las fechas o períodos;  pero desde los años noventa, esta situación de la inseguridad generalizada, presenta signos preocupantes, variados y en auge casi siempre.

Esta capacidad expansiva de la inseguridad tiene su apoyo en las siguientes variables de cualquier nación, y la misma va a estar en coherencia según se presenten las situaciones que a continuación citaremos.

El desempleo, es un abono para que los actos que riñen con las buenas costumbres se incrementen e incentiven la inseguridad ciudadana, y cuando éste (el desempleo) es en mayor proporción entre los jóvenes que están de los 17 a 25 años, el asunto se pone más crítico.

Inclusive, muchos estiman que el desempleo y especialmente entre los más jóvenes, conjuntamente con un régimen de consecuencias blandengues, son un escenario que no afectan positivamente la reducción de la inseguridad, sino todo lo contrario, son caldo de cultivo de primer orden de esta falencia, toda vez que allanan el camino para la delincuencia en sus diversas modalidades.

Entonces, con las evidencias en las manos, cualquier acto de rapiña o delincuencial, al ser tan generalizados y frecuentes en todos los sectores o extractos sociales, con las más variadas y novedosas ejecuciones, además de ser gravados y promocionados en las redes sociales, les dan un ímpetu de volcán para que las noticias negativas y reales en toda la sociedad se expandan sin fronteras, fortaleciendo así aun más sus efectos negativos y temerarios en la población.

Esta situación de la inseguridad en las comunidades o en todo el país, de no poner los correctivos de lugar y un régimen de consecuencias con perfiles de intolerancia y dureza temida, indiscutiblemente que se va creando una cultura de vivir dentro de la misma, y si ésta se afianza, se hace imposible detenerla o minimizarla, a menos que no se caiga en un gobierno dictatorial, donde pagarían entonces mansos y cimarrones, es decir, solo quedaría como salida o solución a esta desgracia un remedio peor que la enfermedad.

Y la corrupción, especialmente la que se ejecuta a través del erario, aquí está el concepto bien claro y el consenso es unánime, ya que no hay desacuerdo en que ésta es la causa principal de todos estos males, toda vez que los recursos, esfuerzos y medidas  ejemplificadoras que se puedan tomar, quedan hechas añicos por los despilfarros y hurtos de los recursos estatales y el desinterés que provoca en las autoridades hacer las cosas como dictan las buenas costumbres y las leyes.

Por lo tanto, la inseguridad que se expande con la velocidad que tienen los cambios tecnológicos de hoy, si todos no ponemos de nuestras partes, iniciando con la familia y soportándose en el poder coercitivo del Estado y la justicia, e incrementado la conciencia de los políticos y toda la sociedad, simplemente nos queda prepararnos para que los sobrevivientes vivamos en medio del caos democrático; es decir, que se esté preparado siempre para recibir su parte.

Es un camino de una salida, o se erradica este mal social o termina imponiéndose, y  doblegándonos.

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