La importancia de aprender a perdonar, pedir perdón y a manejar la ira

Por César Fragoso Viernes 5 de Mayo, 2017

Los seres humanos tenemos la ventaja de que somos seres con raciocinio y discernimiento, cualidades que nos diferencian de los demás miembros del reino animal a los cuales consideramos inferiores a nosotros.

La inteligencia que tenemos es la facultad de la mente que nos permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarnos una idea determinada de la realidad.

A diferencia de los animales que actúan por instinto y por lo que aprenden a hacer copiando de sus padres, los hombres y mujeres podemos manejar nuestros conocimientos en base a experiencias vividas, aprendidas y estudiadas.

Esta capacidad, única en la raza humana, nos permite actuar de acuerdo con lo que nuestros principios nos endilgan y nos llevan a tener actitudes que serán directamente proporcionales a nuestra manera de ser o de pensar.

Como seres racionales, podemos tomar decisiones contrarias a lo que quisiéramos hacer, simplemente, porque, al analizar lo que podría suceder como resultado de nuestras acciones, entendemos que es mejor dejar pasar algo, que enfrentar la situación.

Un ejemplo sencillo de esto lo constituye el cruzar una calle llena de autos en marcha sin fijarnos, lo cual solo hace alguien que tenga problemas mentales, pero que todos los que estamos conscientes de que sabemos que podemos ser atropellados, tomamos las precauciones necesarias para evitarlo y, si podemos usar un puente peatonal que nos aleje del peligro, generalmente eso es lo que hacemos.

Igualmente, si somos amenazados por alguien que tiene una pistola en la mano, lo más normal es que, en fracciones de segundos pensemos en las consecuencias que podrían traernos enfrentarnos a nuestro contrario y, de manera casi automática, nos calmamos y aceptamos, aunque de mala gana, lo que quiere la persona armada.

Sin embargo, a veces, nos dejamos llevar por la ira y actuamos sin analizar los resultados de nuestra acción lo que, en la mayoría de las veces nos sale mal y puede causarnos hasta la muerte.

Es el caso de la persona que está siendo atracada por un delincuente armado y, como resultado de la ira y de la adrenalina del momento, se le enfrenta y lucha para evitar el robo.

Lamentablemente, en la casi totalidad de las veces, el ladrón hiere o mata al ciudadano que se niega a ser atraco o intenta defenderse.

Otra de las cosas que nos suceden a los seres humanos es cuando, sin querer, o sin darnos cuenta, llevamos por dentro una ira incontenible que estalla ante el más mínimo detalle y realizamos acciones de las que después nos arrepentimos, pero, ese sentimiento de que no debimos haber actuado así, nos llega luego de que hemos cometido la acción, la cual, normalmente ha sido en contra de un amigo, familiar o alguien a quien apreciamos.

Es importante que entendamos que cualquier persona, porque se siente en confianza con nosotros puede realizar una acción o cometer un hecho que, para uno es inadmisible, pero que para quien lo hace no lo es y, sin embargo, nos molestamos mucho y, en oportunidades ofendemos a alguien porque actuamos repentinamente.

El sentirnos superiores a los que nos rodean, es parte de la conducta propia del ser humano y, en ocasiones, nos hace pensar que podemos maltratar a nuestros semejantes, sencillamente porque entendemos que son los demás los que nos necesitan a nosotros y que, ya sea por nuestra posición social o económica, no necesitamos a nadie.

Aquí entra el objetivo real de mis reflexiones y, aunque no soy un experto en la materia, entiendo que, si nos lo proponemos, podemos desarrollar la capacidad de perdonar a quienes nos ofenden, pedir perdón a quienes ofendemos y disminuir al mínimo posible las acciones realizadas como resultado de la ira.

No hay nada en este mundo que nos haga sentir más felices y que elimine más fácilmente el estrés que sacar el rencor de nuestra mente.

Cuando se perdona nuestro ser se libera de un peso tremendo que nos acongoja, nos mantiene de mal humor y es una de las razones por las cuales dañamos a otras personas que no tienen nada que ver con lo que llevamos por dentro.

No es por casualidad que hasta en las sagradas escrituras se habla con énfasis acerca del perdón.

Algo que nos facilita mucho la vida es la expresión del arrepentimiento de algo realizado voluntaria o involuntariamente en contra de otro.

Saber pedir perdón es uno de los atributos más poderosos del hombre. Quienes lo aplican, llevan una vida de felicidad que raras veces se ve manchada por preocupaciones.

Cuando se pide perdón o excusas, y se hace de corazón, nos liberamos del mal cometido y dejamos en manos del molestado u ofendido, la decisión de aceptar o no nuestras disculpas y quedarse o no, con el rencor de lo sucedido.

Si llegamos a aplicar al 100% lo relativo a contar hasta tres antes de actuar y jamás hacerlo bajo ira, cada día seremos más felices.

Viva la vida a plenitud. A partir de hoy, preocúpese más por aprender a perdonar, pedir perdón y a manejar la ira, le aseguro que si lo hace, vivirá mejor y eso mismo sucederá con las personas que le rodean.