La humildad es nuestra mayor fuente de riqueza

Por Carlos Martínez Márquez lunes 13 de enero, 2020

‘’ Nos acercamos a los más grandes cuando somos grandes en humildad’’. Rabindranath Tagore

La humildad se hereda y se adquiere si la practicamos con grandeza y con desprendimiento; cada ser humano posee el mismo diseño existencial para desarrollar un sentimiento inédito, que lo ira moldeando a lo largo de su existir, pero no estamos exentos de que hayan células de nuestro comportamiento, que desvirtúen ese propósito de vida para mostrarnos ante los demás como androides inertes e indiferentes con carencias estructurales, que impiden nuestro crecimiento espiritual, para formar un proyecto de consecuencias favorables, para nuestra impronta en este espacio terrenal del cual seamos un modelo paradigmático y egregio a ser emulado.

El gran pensador y filósofo chino, Confucio, decía lo siguiente, cito: ‘’la lealtad, el respeto y la humildad es el previo requisito para ser un hombre noble. Se puede ser noble tanto en la riqueza como en la pobreza. El poder y la coerción no podrán hacer claudicar al hombre noble, que mantendrá un estándar moral alto sea cual sea la situación; él trata a los demás con amabilidad y ama la vida con un corazón puro’’. En los tiempos antiguos, continuaba diciendo, [la gente ubicaba a la bondad al mismo nivel que la moral, y consideraba que ser bondadoso con uno mismo y con los demás era un atributo de los hombres nobles].

Esa mezcla de humildad y nobleza, en la que Confucio hacía hincapié, manifestaba la consideración que se tenía hacia los demás. Hoy día vemos a una sociedad descarriada por la agonía de querer trascender al paroxismo material, de que ese mundo artificial no nos dará mayores grandezas que la concedida en materia espiritual.

Estamos atrapados en un laberinto de oprobio e ignominia, fruto de la ira por aspavientos estériles que nos remiten a un lugar oscuro de confusiones y vacíos existenciales. Cuando emprendemos un proyecto de familia, debemos ayudar a nuestros descendientes a promover la humildad; de que traten a las personas con sinceridad e insistir en la rectitud, también a enseñarles apartarse de las malas influencias.

Debemos alentar a nuestros descendientes a tener una conducta basada en la virtud y a que practiquen la compasión, a que sean bondadosos de corazón, que se exhiban con decoro ante la sociedad, con firmeza, sabiduría y aprendizaje.

Todas estas influencias de nobleza arrojan una filosofía vital para la buena convivencia. Los valores esenciales en  la familia se han visto diezmados por la energía de la mala influencia que gravita en la complejidad de la modernidad y lo que de manera brutal nos trae las tecnologías.

Nos hemos idiotizados, parecemos ‘’walking dead (zombis), hemos ido rompiendo con las tradiciones, desvinculándonos de nuestras razones y autonomía. Mis expectativas de cara al futuro son  que debemos actuar con responsabilidad, que contribuyamos a fomentar en la familia [valores intrínsecos] que perduren en el tiempo, para salvaguardar la esencia de la honra y la moral. El éxito de nuestras acciones obedece a esa práctica de humildad que perdurara en el tiempo y espacio.

 

Por: Carlos Martínez Márquez

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