La historia de una mujer espectacular

Por Borja Medina Mateo domingo 22 de noviembre, 2020

Al cumplirse 57 años del fallecimiento del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, acontecido el 22 de noviembre de 1963, es mucho lo que desde ese tiempo se ha escrito para esta época. Son innumerables las historias, artículos e informes que se han revelado en torno al magnicidio del extinto presidente. Aún así, el toque de sensibilidad y la pieza fundamental de la mayor parte de sus victorias, se ha ido evaporando en el devenir del tiempo. Esto se refiere especialmente a: Jacqueline Lee Bouvier Kennedy, ex primera dama de Estados Unidos de Norteamérica.

Cuando aparece en la escena pública, Jackie, como se conocía popularmente, captó sin mucho esfuerzo la atención de la gente. Era una mujer atractiva, de finos modales y poseedora de una vasta cultura. Se mostrabasonriente, relajada y complaciente fuera de la intimidad. De ahí que, el calificativo más exacto para describirla es: espectacular.

Sin embargo, existen tres cualidades específicas que adornaban la exquisita personalidad de Jacqueline Kennedy: abnegación, seguridad y lealtad. Las mismas se evidencian con anterioridad a JFK asumir la presidencia y más  allá de su muerte. Es decir, las tres cualidades eran parte intrínseca de su ser y no una pose fruto de las circunstancias en las que el destino la ubicó.

Algunos historiadores dan cuenta de que, cuando Jackie y John se conocieron, en el año 1951, su atracción no fue a causa del futuro promisorio que le aguardaba a Kennedy en la política, sino, más bien, por la vulnerabilidad y la fragilidad que tenía John en privado. El ex presidente tenía graves padecimientos de salud, dolores constantes en su espalda y traumas de otro tipo, que los hacían llorar como un niño. Eso hizo que Jackie se compadeciera y como por instinto natural, se propusiera acompañarlo y cuidarlo en todo su trayecto, el cual, John, a temprana edad sentenció: “Mi destino es y será el que mi padre ha dispuesto para mí”.

Por tanto, he ahí la primera manifestación de abnegación de Jackie, pues, sin haber escogido o participado de la selección de dicho destino, de forma voluntaria lo asumió como causa hasta contribuir a llevarlo a feliz termino. Eso, sin lugar a dudas, para la familia Kennedy y el pueblo norteamericano, fue un gesto invaluable de amor que siempre fue respondido con respeto y distinción paraJackie. Se ha dicho que por sus permanentes muestras de comprensión y protección para JFK, su cuñado, Robert (Bobby) Kennedy, se solidarizaba con ella en los planes que quiso ejecutar desde el gobierno y en las cosas que ella sabía que para su marido eran simplemente caprichos de su imaginación.

Muy probablemente uno de los mayores problemas que enfrentó la otrora pareja presidencial fue cuando Jackie se enteró de que su marido, el presidente, le había sido infiel. En una ocasión, Jackie, afirmó: “Al casarme con Johnsabía que experimentaría la decepción y el desamor, pero decidí que el desamor merecería el dolor. Esa frase, tan profunda y preclara, revela una exigencia latente que Jackie se hacía a sí misma en el fondo de su ser: encontrar la seguridad de carácter que, por las circunstancias de su nacimiento e infancia, le había sido imposible descubrir en su personalidad.

Es decir, ella supo a comienzos de su matrimonio que a través de su amor por JFK, atravesaría por momentos de dolor que la llevarían a encontrar la seguridad interior que,desde temprana edad necesitaba cuando su madre la controlaba y manipulaba conforme a sus intereses y su padre se ausentaba por cosas puramente intrascendentes. Y lo logró. Al punto de que pudo sobreponerse a situaciones difíciles de su relación y demostrarle a su marido el valor que ella misma se atribuía de sí. Desde entonces, suseguridad fue un atributo de atracción nacional y mundialy de enamoramiento permanente de su marido.

El plano de consciencia superior que Jackie exhibió, hizo aumentar vertiginosamente la admiración del presidente hacia su esposa. Se llegó a preguntar, por qué, sino a causa de la política, se había enamorado Jackie de él. Además, el hecho de que no anidase en su interior ambiciones políticas más que las de acompañarlo, hizo que JFKvalorara sus opiniones por encima a las de sus asesores. Evidentemente, Jackie, supo con nobleza, conciencia y humildad, imponerse a cualquier debilidad de su marido.

Así transcurrió la presidencia John F. Kennedy, por un lado, Jackie, complementado la gestión y al país con su amplia cultura, su educación refinada y su ejemplar desenvolvimiento en los asuntos públicos (gobierno) y privados (familia); por otro, el presidente, enfrentándose a temas de carácter mundial, tales como: “La crisis de los misiles”.

Fue ahí cuando Jackie dejó terminantemente establecido el nivel de lealtad de ella para con su marido. En esa ocasión, ante la amenaza de un ataque nuclear a Washington por parte de la Unión Soviética, JFK pidió a Jackie alojarse con los niños en el búnker presidencial anti bombas y elladijo la famosa frase: “No, John, i stay with you. Lo que se traduce al español: “No, John, yo me quedo contigo”.

En la vida no existe una prueba más grande de lealtad que la dispuesta a demostrarse con la muerte. En este caso es mayor todavía, pues, no sólo se trataba de morir junto a su esposo si era necesario, sino, además, de dejar a sus propios hijos ante el mayor peligro y tensión que vivía la humanidad en ese momento. Es difícil, para no decir imposible, que se haya reproducido o se pueda reproducir semejante ejemplo de lealtad en una relación amorosaactualmente.

Aún así la pareja presidencial continuó sus altas y bajas, sobreponiéndose con amor a las eventualidades. La mejor muestra de ello fue en el episodio más trágico para ambos: la muerte de su hijo Patrick. Su nacimiento se produjo seis semanas antes de lo previsto, con severas complicaciones respiratorias, permaneció hospitalizado varios días al cabo de los cuales muere.

Quienes compartían en el entorno de la familia presidencial dieron testimonio de que nunca, como hasta ese hecho traumático, se le había visto a John y a Jackie tan unidos y enamorados. Al final, la atención, el respeto, el cuidado y la valoración continua había sido la forma de JFK devolverle a su esposa la abnegación, seguridad y lealtad que ella, por amor, le había entregado. Lo cual, quedó finalmente evidenciado con la dignidad, majestuosidad y honorabilidad con la que fue enterrado el ex presidente.

Así de intensa, breve y dolorosa es la vida para quienes no saben aprovechar el tiempo con amor, compasión y entrega.

En palabras de Jackie, sería: Ningún momento de nuestras vidas es como los demás. Lo bueno, lo malo, la alegría, el amor, la tragedia y la felicidad se entretejen en ese todo indescriptible que llamamos vida. He pasado por muchos momentos difíciles y también he vivido muchos momentos de felicidad, por eso he llegado a esta simple conclusión: no hay que pedirle mucho a la vida”.

Ahí se comprueba que: Al lado de un gran hombre siempre hay una gran mujer.

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