La guerra tecnológica en la globalización

Por Víctor Manuel Peña lunes 3 de junio, 2019

Hoy se sigue desarrollando una intensa guerra tecnológica entre las principales potencias económicas del mundo bajo el antifaz o el disfraz de una guerra comercial de alta intensidad también.

La piedra angular bajo la cual se ha gestado y desarrollado la globalización como etapa en el desarrollo histórico de la humanidad ha sido la tercera revolución industrial de la información y del conocimiento.

El desarrollo tecnológico ha sido tan espectacular que ya estamos bajo los efectos de la cuarta revolución industrial o derivación tecnológica inevitable de la tercera revolución industrial, es decir, ha sido un desarrollo tecnológico concatenado o encadenado. Y así están en expansión la robótica, la nanotecnología, la biotecnología y otras expresiones de ésta como las tecnologías 4 G y 5 G.

No hay otra forma de desarrollar exitosamente la competitividad de las empresas y de las naciones que no sea a través del instrumento de la tecnología de punta y de la innovación.

Tanto en los modelos endógenos como en los exógenos del crecimiento económico se considera clave el papel del progreso tecnológico, el cual no es posible al margen de la tecnología y de la innovación.

Las ventajas competitivas -o la competitividad- en la economía internacional y en la economía mundial no se pueden construir al margen de cambios sustanciales en la matriz de productividad, y como la productividad es una resultante de la aplicación de tecnología de punta e innovación, hay que decir, por ende, que no se pueden construir al margen de estas dos últimas condiciones vitales y fundamentales.

Pero ese desarrollo de la tecnología y de la innovación se ha dado en el contexto del libre comercio que asume como premisa fundamental la globalización en su génesis y en su desarrollo.

El proteccionismo, que ciertamente no ha desaparecido totalmente en la globalización, es la antítesis, negación o antípoda del libre comercio.

Hay una agitada, forzada y desesperada guerra comercial en el mundo, a iniciativa de Trump, que pretende ocultar la guerra tecnológica que se libra en el mundo moderno y posmoderno bajo la égida de la globalización.

Estados Unidos, por estar enfrascado en su política de guerras permanentes en el mundo y en su política espacial, ha descuidado el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, es decir, la mayor parte de sus recursos los ha desperdiciado por estar financiando las guerras en el mundo y su política espacial.

Ahí está la explicación a los astronómicos déficits fiscales del Estado estadounidense y a sus escandalosos e irresistibles déficits comerciales con el resto del mundo y a la no modernización de sus obras de infraestructura.

En vez de tomar el camino para provocar el desarrollo de la ciencia y de la tecnología y superar sus desfases tecnológicos, Trump decidió, desde la campaña electoral sin ser economista y sin ningún estudio previo, transitar el cenagoso, muy empedrado e infernal camino de la guerra comercial.

La guerra comercial de Trump lo único que ha hecho ha sido profundizar los desfases tecnológicos de la economía estadounidense, agravarles la situación a las empresas y a los consumidores estadounidenses y complicar la hegemonía de Estados Unidos en la geopolítica mundial.

Ciertamente la gran confrontación hoy, tecnológica y comercial, se da entre las dos superpotencias que hay en el mundo hoy: Estados Unidos y China Popular

¿Cuál ha sido la estrategia aplicada por China Popular para lograr el desarrollo científico y tecnológico que hoy exhibe?

China Continental decidió aplicar en los 70 una política exterior que le permitió no aislarse al conectarse con los países desarrollados del mundo, y esta política exterior comenzó a ejecutarse restableciendo las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos.

Esa política exterior china se enmarcaba dentro de su estrategia de desarrollo a largo plazo que abrió su mercado interno a las inversiones extranjeras procedentes de los países desarrollados del mundo.

En esa primera etapa de esa estrategia de desarrollo, aplicada con mucho tesón, sigilo e inteligencia, China Popular lo que hace es copiar y adaptar tecnologías procedentes de los países desarrollados, sobre todo, de Estados Unidos. Aparte de que China Popular decidió enviar a las mejores universidades de esos países desarrollados, sobre todo de Estados Unidos, a sus jóvenes talentos a formarse en las diferentes áreas del saber.

Y esa primera etapa dio los resultados esperados: hoy China Popular produce ciencia y produce tecnologías, en otras palabras, China Popular produce sus propias tecnologías y las exporta al mundo, incluyendo el mundo desarrollado.

Hoy China Popular es un gigante tecnológico que  no solo compite de tú a tú, FACE to FACE, con las principales potencias económicas del mundo, sino que ya supera a éstas en muchas áreas de la economía y de la sociedad en general.

Y ese sostenido y agigantado desarrollo científico-tecnológico de China Popular se expresa en la expansión sostenida y prolongada de su economía, primero creciendo su PIB real a tasas entre 11 y 12% y ahora entre 6 y 7%.

Ese extraordinario poder económico de China Popular se expresa a nivel militar, a nivel social y cultural y a nivel geopolítico participando en todos los tratados de libre comercio con países desarrollados, países de mediano desarrollo y países subdesarrollados y ampliando sus relaciones diplomáticas en todos los continentes.  Consecuencia de ese enorme poder económico es que China Popular es el principal acreedor de Estados Unidos en el mundo.

Como producto de esa amplia y sostenida expansión económica, China Popular vive hoy un agigantado proceso de modernización no solo de su economía, sino también de su población y de toda la sociedad, teniendo las más modernas e impensables obras de infraestructura en el mundo.

Huawei, la empresa de la discordia, fundada en 1987, es el buque insignia o la marca país de ese agigantado proceso de desarrollo científico-tecnológico que vive China Popular en el contexto de la globalización.

Huawei es un gigante tecnológico en el mundo de las comunicaciones, que produce tecnologías como la 5 G, softwares, celulares y que presta servicios en esta área a 170 países en el mundo.  En cuanto a la tecnología o red 5 G, resulta que Huawei tiene los cables para instalar esta tecnología, y hay países, incluyendo países de América Latina, en los que hay empresas que ya han instalado esta tecnología.

El problema de esta tecnología 5 G no es que empresas estadounidenses no la tengan, sino que esas empresas no tienen los cables para instalar esa tecnología. Y la administración Trump les ha dicho a sus aliados en el mundo que no permitan la instalación de esos cables porque hay un problema de ciberseguridad envuelto en este asunto.

La administración Trump se enorgullece de decir que la hija del fundador de Huawei, presa en Canadá, es una presa de confianza de Trump.  Uno de los supuestos motivos por el que mantienen “presa” a la hija del fundador de Huawei y vicepresidenta de la misma es porque supuestamente esta empresa vive  “violando” las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán. Otra amenaza de Trump a sus aliados de Europa y del mundo es que éstos no tendrán acceso a los datos de inteligencia y de seguridad que tiene Estados Unidos si permiten la instalación de esos cables.

Huawei utiliza los canales del libre comercio para vender sus productos y servicios fuera de China Popular, pero ninguna empresa del mundo de las comunicaciones de Estados Unidos puede vender en China Popular utilizando los mismos canales del libre comercio, sino que para poder vender tiene que asociarse con una empresa china, no importa cuál sea.

Esto significa que las multinacionales tecnológicas de Estados Unidos –Apples, Amazon, Texla y otras- no pueden vender ellas por si solas en el mercado interno chino. El mercado interno chino está reservado prácticamente a Huawei. Otra acusación que pesa sobre China es la supuesta violación a los derechos de autor y de propiedad.

Creo que esa es una gran debilidad de la filosofía y política china en la actualidad que entra en contradicción con las esencias del libre comercio.

Pero aún así eso no justifica la guerra comercial que Estados Unidos le ha declarado al mundo.

No obstante los matices, la guerra tecnológica es intensa y permanente en una globalización mediatizada por la guerra comercial o por el proteccionismo.

Esa guerra tecnológica evidencia una gran disparidad en cuanto al desarrollo y progreso tecnológico de las potencias y de las naciones desarrolladas del mundo.

No obstante la intensidad y aceleración del desarrollo científico-tecnológico en la globalización, y como consecuencia del mismo, la sobrevivencia de la humanidad está atenazada y amenazada por los esenciales y medulares problemas de la contaminación ambiental y del cambio climático, y aunque ha contribuido a mejorar, en sentido general, las condiciones de vida de la gente, no se ha orientado a permitir la emergencia de sociedades humanas menos desiguales y más inclusivas y solidarias.

Y en esencia la misma globalización ha agravado las desigualdades económicas, comerciales, financieras y tecnológicas entre las naciones, por lo que ha incidido en el agravamiento de los problemas sociales –exclusión, pobreza, marginalidad, etc.- como consecuencia de la profundización de esas mismas desigualdades entre las naciones.

El esquema que ha guiado el desarrollo tecnológico que se ha producido en el mundo, en los países capitalistas desarrollados y en los de orientación socialista como la China Popular, ha tenido un costo demasiado elevado para la humanidad cara al presente y al futuro, es decir, ese esquema de desarrollo tecnológico no le ha permitido a la humanidad un desarrollo sano y un planeta habitable debido que ha llenado las entrañas del planeta de contaminación y ha abierto las venas endiabladas y envenenadas del cambio climático por la emisión permanente de los gases de efecto invernadero.

Y los países pobres y subdesarrollados del mundo son los más afectados por los fenómenos de la contaminación y del cambio climático.

Se impone, pues, reorientar el esquema de desarrollo tecnológico y la misma guerra tecnológica entre las potencias y las naciones desarrolladas del mundo.

Anuncios

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar