La gran mentira jamás contada del cine dominicano (parte 1)

Por Enmanuel Peralta lunes 6 de enero, 2020

Un reporte económico cuestionable

La DGCINE informó a finales del 2019, unos cifras  que ponen los pelos de punta. Ha pasado por alto a los economistas, los periodistas, los intelectuales  y al sentido común de cada individuo con una cifra altamente cuestionable de dicha actividad durante el periodo comprendido desde el 22 de Enero al 22 de Noviembre.  En el reporte del gran milagro  económico de la actividad de la “industria” cinematográfica del país con números difíciles de tragar, acompañado de varios enunciados con palabras extrañas y ajenas a los conceptos de un reporte económico confiable,  tan cuestionable como las cifras mismas: “La actividad cinematográfica dominicana ha generado para el país’ RD$ 3, 719, 267, 000”… Y otras palabras discursivas y publicitarias que acompañan el reporte.

¿Cómo es posible que la DGCINE reporte semejantes botines como  “frutos” de la industria cinematográfica dominicana sin suficientes detalles probatorios, y sin una aclaración racional y pertinente respecto a cómo surgen dichas cifras y enarbolar como válido tal reporte?¿ No hay filtro institucional público que verifique la validez y el significado claro de tal reporte?¿ No hay periodistas críticos que cuestionen esta actividad que “genera al país” tales cifras celestiales ?¿No hay economistas que aclaren cuál es el impacto real sobre los contribuyentes indirectos del pago del impuesto sobre la renta que va a dicha actividad? ¿Qué pensador crítico puede dejar pasar tales reportes sin un análisis serio de semejante propaganda política e institucional con cifras astronómicas que contrastan altamente con la realidad de dicha actividad fílmica? ¿Dónde está la razón suficiente  y causal para creer en la “verdad” proclamada en dicho reporte de la institución establecida para fomentar las políticas de la creatividad fílmica en la isla?

Ilustremos nuestra lista de cuestionamientos con la razón. Decía Konrad Adenauer: “En política  lo importante no es tener la razón, sino que se la den”, y agrego que a veces se quiere y se busca tener la razón a costa de decir lo que sea, aunque sea un cifra altamente cuestionable con adjetivos de intervención divina. Al parecer, como no hay ninguna institución que ponga freno a la lengua larguísima con que las estadísticas de dicha actividad presenta su panfleto de paraíso terrenal, tal cual un Testigo de Jehová gráfica sus Atalayas, nos adjudicamos el derecho a cuestionar cualquier actividad institucional.

Primera Cuestión: De donde proviene dicha cifra? Del superávit fruto de la actividad económica  de producciones cinematográficas? Es decir de la venta neta menos el total de gasto de producción. ¿sumados todos los superávit tenemos tenemos dicha cifra? Déjame hablar en lengua castellana, de forma llana y simple: un superávit o una pérdida contable de una producción cinematográfica individual se obtiene mediante la  suma de todos los  gastos   totales de producción, menos la   venta neta de las taquillas (no de las brutas). Si tal ecuación da positivo entonces tenemos un superávit, si da negativo tenemos un pérdida.

Entonces, si hacemos unas ecuaciones con  los superávit de cada producción en contraste con todas las pérdidas de las producciones tendremos un resultado macroeconómico. Y nos preguntamos si la DGCINE sacó tales cifras de esta ecuación? Si así fue, que lo dudo, todavía se multiplicarían nuestros cuestionarios. No solo clasificamos a la institución de cuestionable, sino de la difusión de un mal cálculo, en caso de que no fuese una gran mentira adrede. Pero no soy fiscal para formular una acusación semejante Dios me libre de acusar a mis prójimos. Aunque pondría en duda la honorabilidad de la institución. ¿Porque? solo hay que calcular la cantidad de sus producciones más sus gastos presupuestados totales, menos las ventas netas, cuyos resultados no dan con las cifras anunciadas con tantas emociones. Ni siquiera si le restamos sus ventas brutas cuadrarían tales cifras. Quiere decir que la calculadora de las oficinas estadísticas están dando error, deben cambiar la marca de dichas máquinas. Si no son las calculadoras entonces en cuanto a esta primera cuestión nos han mentido con magnitud pinochesca. Si los mismos reportes de las ventas de taquillas por películas(ni que se calcule la venta bruta)  cuadran un ajuste ni cerca del presupuesto de producción en la gran mayoría de las películas dominicanas, que apenas con Que León llegó a superar las 900 mil visitas en el 2019 superando a penas lo que Ángel Muniz (con Perico Ripiao) logro sin ley de cine hace ya más de 10 años,  y sin embargo hubo que esperar el 2019 para   Que León (de Frank Perozo)la superara, y con todas clases posibles de los trucos de mercadeo posible,  además un elenco elaboradisimo del mundo de la música y la televisión internacional. Hace varios años el crítico de cine Félix Manuel Lora dijo que, para que una película “se clasificará de taquillera en República Dominicana, en ‘términos económicos’ debe de llegar al menos a 400 mil entradas para que logre ‘éxito económico’, sin embargo con más de 300 mil se puede considerar exitosa, y entiende como aceptables aquellas que llevan 200 mil”. Reitero, que los críticos de cine podrán ser muy buenos analizando películas artísticamente, pero son totalmente ineptos para el análisis de la actividad económica que le rodea. Es clarísimo al sentido común que el éxito en reales términos económicos y no como lo aplica el señor Lora, habría que tomar el costo de producción en vez de solo tomar en cuenta los volúmenes de taquillas. La primera parte de Lotoman se perfiló en un tiempo como una de las mejores en recaudación, ya que para determinarlo no solo se aplicaron la suma de las taquillas, sino que el bajo costo del presupuesto de producción alejó  por mucho todo margen de pérdida. Con la siguiente parte Lotoman, cuyo presupuesto de producción fue más alto, dejó menos ganancias por margen porcentual aunque hubiesen vendidos cierta cantidad considerable de taquillas más que la primera.

Segunda cuestión: Del financiamiento derivados de los incentivos   que otorga la Ley No.108-10 en el Párrafo 1 del  artículo 34 del estímulo tributario en R.D.? Es decir  de la suma de toda la tasa impositiva del impuesto anual de las empresas nacionales, que supone derivar un monto no superior a un 25% del Impuesto  total sobre la renta  que las empresas otorgan libremente a las producciones cinematográficas que se acogen a dicha ley, que son previamente aprobada. Aquí hay un maco, si es que desde aquí viniese la cifra celestial anunciada por la DGCINE. Los incentivos otorgados directamente del Impuesto sobre la renta no se pueden clasificar como cantidad “que generó para el país” de la actividad económica de las producciones cinematográfica. Es una falacia altamente peligrosa que genera, macroeconómicamente hablando, un doble reporte, porque supongo que el fisco en forma general toma en cuenta la partida otorgada a las producciones cinematográficas dentro del total de los impuestos sobre la renta recaudados de la actividad económica  anual nacional.  Esta partida más o menos entraría sin más en el gasto público nacional, o la inversión pública nacional por medio de intermediarios privados, ya que ese importe otorgado por medio de la ley no es más que fruto de la actividad fiscal del Estado.

Tercera Cuestión: De la suma total de los presupuestos de producción  de los proyectos aprobados? Es decir de la firma y el sello burocrático -sobre un papel- con que  la DGCINE  da por aprobado un proyecto, sin tomar en cuenta si las empresas que realmente participan u   otorgarán  o no  el 25% del total Impuesto de la renta a pagar para destinarlos a tales producciones previamente aprobadas. A mi entender personal, aunque se necesita tener un reporte real y no ficticio de SIRECINE, este punto creo que es del cual sale tales cifras celestiales. De ser así es la falacia más alta jamás concebida en la industria audiovisual dominicana. Para afirmarlo  necesitamos un reporte serio, con datos y no con palabrerías propagandística como nos cuentan los funcionarios de la DGCINE.

Un estupendo artículo el 2018 en el  diario el Dinero, la señorita Julissa Álvarez pasa sin crítica alguna una “gran” epopeya similar a la que hoy criticamos, sin ninguna sugestión ni cuestionamiento de un periodismo sin el menor  rigor crítico que requiere el sentido común, decía lo siguiente en uno de sus desatinados párrafos: “La Dirección General de Cine (DGCine) aprobó beneficios fiscales por RD$2 mil millones para la realización de 46 proyectos cinematográficos, de los cuales solo se proyectaron tres”.

En realidad es mejor aclarar qué quiso  decir se exhibieron en salas de cine por proyectaron (hermenéutica a favor de mis lectores). La afirmación de tal cantidad celestial 2 mil millones, frente a la cantidad exhibida (solo tres) en el mismo año debe ser para elaborar un himno de réquiem en los funerales de cuerpo presente cinematográfico, y jamás como un logro.  Pero este artículo de la señorita Julissa es ininteligible, menciona toda clase de “datos” alocados que no se corresponden con los dos párrafos anteriores. Démosle una ojeada al primer párrafo: “El cine dominicano se afianza cada año como una industria de entretenimiento rentable. Las autoridades estiman que en 2018 aportó RD$3,338.1 millones a la economía por el rodaje de 86 proyectos cinematográficos nacionales y extranjeros”. La coherencia es un lujo que tal artículo jamás puede vestir. Observemos el segundo párrafo: “Durante el año 2018 se rodaron 33 proyectos cinematográficos nacionales y 23 llegaron a las salas de cine”. Si la señorita Álvarez devenga un salario de este medio “informativo” no es mi intención su inmediata cancelación. No la culpemos a ella, las incoherencias son de raíz en los reportes de la DGCINE que no especifica de donde deviene tales cifras millonarias. Si de la suma del presupuesto de los proyectos audiovisuales burocráticamente aprobados (firmas y sellos) o de un invento imaginario macroeconómico con fines propagandísticos de la magnitud de un infarto.

Esto desorienta a los cineastas serios más que ayudarlos. Porque sin tomar en cuenta, le asignan un presupuesto superior al que ellos habían determinado para sus películas. Y sin tomar en cuentas realidades macroeconómicas aplastante en el mercado nacional lo empujan a realizar proyectos que serán un fracaso económico desde que salen en cartelera, como lo son la gran mayoría. Y el cineasta esteta, sin el mínimo conocimiento de economía se enfrasca en tales proyectos por el puro placer de decir: “Hice una película”. Ridículos! Si no se toman en cuenta algunas realidades económicas como conceptos de coste de oportunidad, el cual establecería el precio real de una taquilla para ir al cine a ver una película, no se puede establecer un presupuesto rigurosamente serio. El coste de oportunidad para un consumidor respecto al precio de una taquilla para ir cine, aunque supere las demás artes en ventas, jamás cuadra con el presupuesto  de gasto de producción aprobados de la mayoría de las películas, ni la cantidad de visitas realizadas por la población dominicana en términos de average que permita una relación analítica pertinente para fines de mercadeo.  Nos podemos dar claras cuenta según revisamos en la tabla de precio del banco central de RD$ 300 por taquillas es arbitrario y no se ajusta a un estudio serio, ni de los costos de producción, ni al average porcentual de las visitas a las salas de cine.

Tales visitas afirma, con lamentos disimulados, Alfonso Quiñones, la “lumbrera” del cine criollo: “El talón de Aquiles del séptimo arte dominicano es la necesidad de crear su propio público. Para ello, en el 2015 se realizaron unos 42 cursos, talleres o seminarios, en los cuales se invirtieron unos RD$30 millones (otras cifras astronómicas). Pero eso aún no basta. Y aunque el cine ocupó el 45% de la asistencia a lugares y eventos culturales en el país, según la Encuesta Nacional de Consumo Cultural en el 2014, es necesario caminar con toda conciencia hacia la calidad, tanto de público, como de producciones nacionales, donde dicho sea de paso, el documental es el género que mejor puede dar la cara”. Esto dijo  en un artículo publicado en el Diario Libre el 4 de Octubre del 2010.  Si, Alfonso quiñones, la lumbrera, viviera radicalmente del cine estuviera dando lágrimas  en vez de dar luz. No se equivoca cuando habla de la calidad del cine,  y reconozco que se ha mejorado bastantes en algunos aspectos. Pero aunque sea, el señor Quiñones, un sabio en estética de cine, la lumbrera,  anda desnudo en las realidades económicas, incluso en aquellas  no  tan complicadas como para sobrepasar el sentido común.

¿Entonces de dónde salen tales cifras?

Para la segunda parte de este cuestionario vamos a desarrollar otros puntos del problema económico del cine. Continuaremos…

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