La gran cruzada nacional y patriótica contra la reforma a la Constitución

Por Víctor Manuel Peña domingo 21 de julio, 2019

El pueblo, en una rica y diversa manifestación de su ingenio, ha expresado abiertamente su radical oposición a la pretendida y posible reforma a la Constitución dominicana.

A través de diferentes y múltiples manifestaciones del arte y de la cultura, puestas al servicio de una causa político-institucional  de vida o muerte para la nación, los actores políticos y sociales han hecho un recorrido por la historia nacional para en ese contexto histórico-republicano, lleno de grandes y casi permanentes inestabilidades, para oponerse resueltamente a una segunda modificación a la Constitución en un lapso de apenas cuatro años.

Y es que las 38 ó 39 reformas que se hicieron en la República Dominicana en su corta vida republicana no han sido para mejorar la organicidad y funcionalidad del Estado y de la sociedad sino para complacer y satisfacer las desmedidas ambiciones del presidente de turno para perpetuarse en el poder.

Ocurre que en el constitucionalismo moderno, y hasta en el antiguo, las reformas deben hacerse para mejorar la organización y el funcionamiento del Estado y de la sociedad, profundizar los límites al ejercicio del poder y para aumentar la participación, las libertades y los derechos humanos y fundamentales de los ciudadanos, lo que implica ampliar y profundizar los principios de participación, de representación, de identidad y de protección del orden constitucional y de los derechos fundamentales.

En otras palabras, las reformas constitucionales deben hacerse y deben producirse de tiempo en tiempo para modernizar y hacer avanzar las sociedades humanas en lo social, en lo económico, en lo político y en lo institucional tanto en lo público como en lo privado.

El gran retraso en el desarrollo institucional y democrático del país se ha debido, en buena medida, a que en el curso de nuestra corta vida republicana la mayoría de los presidentes que hemos tenido –dictadores, tiranos y déspotas la mayoría- han colocado sus muy mezquinos y macabros intereses personales por encima de los intereses generales de la nación y del pueblo dominicano.

El terrible lastre que tenemos y padecemos en pleno siglo XXI  en términos de los aún excesivos y torturadores niveles de pobreza, de sideral y oceánica concentración de las riquezas en pocas manos, de increíbles niveles de desigualdad social y de dilatados y abundantes espacios de exclusión social se han debido, en parte, a esas muy equivocadas y desmedidas ambiciones de los presidentes de perpetuarse en el poder.

Y es que la mayoría de los presidentes que hemos tenido –tiranos, dictadores y déspotas- se han concentrado en gobernar para ellos, sus familias y amigos y no para propiciar el desarrollo de la nación y del pueblo dominicano.

El pueblo dominicano, cansado de tantas ignominias y vejaciones, ha decidido poner un stop y dar un salto de calidad en el desarrollo histórico de la nación y de la república.

En esa gran cruzada nacional y patriótica del pueblo dominicano en contra de la pretendida reforma a la Constitución ha sido Leonel Fernández-expresidente de la República, el más gran líder del país y uno de los más grandes de América Latina- quien digna y gallardamente se ha colocado al frente.

El control de las calles del país lo tiene innegablemente Leonel Fernández.  La multitudinaria manifestación del pueblo frente al Congreso de la República, el pasado miércoles 17 de este mes de Julio, da cuenta fidedigna y fehacientemente de eso.

Juan Bosch desde su tumba en la olímpica ciudad de La Vega tiene que estar muy orgulloso y orondo de haber engendrado un discípulo de las condiciones excepcionales de Leonel Fernández, quien ha puesto siempre el desarrollo de la nación, de la República y del pueblo dominicano muy por encima de él como ente político.

Es Leonel, y no otro, quien asume la reproducción del pensamiento, del ejemplo y de los principios y valores de Juan Bosch como eterno Maestro, fundador del PLD y Apóstol indiscutido e indiscutible de la democracia en la República Dominicana en la segunda mitad del siglo XX.

Los verdaderos boschistas y peledeístas nos sentimos profundamente orgullosos también de tener y seguir un líder de las condiciones nacionales e internacionales de Leonel Fernández.

No hay mácula en Leonel en cuanto a usar el poder para beneficiarse o lucrarse personalmente, y en ese sentido rechazó ofertas de Balaguer y de dirigentes del PRSC para que modificara la Constitución y se reeligiera en el año de 1998.

En el 2011 diversos sectores del país le propusieron que modificara su propia Constitución del año 2010 y buscara una segunda repostulación a la Presidencia de la República y se negó rotundamente a buscar ese despropósito.

O sea que Leonel ha labrado su condición de ejemplo con las palabras y con los hechos.  Decía el intelectual francés Julián Freund, autor del libro La esencia de lo político, que la política más que ciencia es acción.

Solo aquel “peledeísta” en cuyo pecho no brilla la llama incandescente e inapagable del boschismo puede lanzar dardos envenenados contra Leonel o acusarlo indignamente de buscar pretendidos despropósitos nacionales.

Esta lucha patriótica y nacional contra la reforma a la Constitución ha permitido decantar, delimitar y desmarcar los que somos verdaderos boschistas en el pensamiento, en el ejemplo y en la acción de los que han usado y se han servido del nombre de Juan Bosch como mercaderes que han sido siempre y como eternos simuladores e hipócritas que han sido siempre también.

Juan Bosch, hechura perenne de la dignidad, nunca creyó ni confió en ellos, es decir, no se dejó engañar de los fariseos o lobos vestidos de ovejas! Los denunció y los evidenció en el 91 cuando renunció a la presidencia del PLD!

Siempre han sido, fueron y son verdaderos apóstatas del boschismo.

Su paso por la política ha estado marcado por el irrenunciable afán de acumular y atesorar fortunas!

El verdadero PLD, no el PLD de la hipocresía y de la simulación, está encarnado y representado por Leonel.

Son los fariseos, los mercaderes, los simuladores e hipócritas los que deben recoger sus mochilas y marcharse del PLD, no Leonel.

Esta lucha nacional y patriótica del pueblo dominicano contra la reforma a la Constitución debe ser aprovechada para reencauzar y reconstruir el PLD sobre las bases del boschismo en el contexto de la historia nacional y de la globalización, tomando en cuenta los espacios de la modernidad y de la posmodernidad.

No aspiramos a reproducir en el Estado la destructora, devoradora y nefasta experiencia de la especie de tiranos, tiranuelos, déspotas y dictadores,  que hemos tenido como “regla”, y no como excepción, en el curso de nuestra breve historia republicana, por lo que rechazamos siempre, enérgica y moralmente, a Pedro Santana, a Buenaventura Báez, a Ulises Hereaux, a Ramón Cáceres, a Horacio Vásquez, a Rafael Leonidas Trujillo y a Joaquín Balaguer.

Evitemos que Danilo reproduzca a cualquiera de ellos en la dirección del Estado dominicano.

Reproduzcamos siempre en nuestras acciones e ideas el imperecedero ejemplo de los trinitarios fundadores y de los restauradores de la República,, de los patriotas que enfrentaron valientemente la primera intervención estadounidense de 1916, de los dominicanos, patriotas también, que desafiaron y enfrentaron la dictadura de Trujillo y de los gladiadores, con Francis Caamaño y Fernández Domínguez a la cabeza, que asumieron la defensa de la constitucionalidad y de la soberanía nacional mancillada por las tropas invasoras.

Pero también debemos reproducir en nuestras acciones y pensamientos el imperecedero ejemplo de los presidentes civilistas y demócratas que hemos tenido en nuestra historia.

Avancemos a pasos firmes e indetenibles en la construcción de la verdadera institucionalidad y de la verdadera democracia.

Llegó la hora de las grandes decisiones, y cuando llega la hora de las grandes decisiones hay que asumir posturas firmes e irrenunciables aunque el precio a pagar sea la vida!

Hacemos totalmente nuestra la consigna del pueblo, de la nación y del líder Leonel: En defensa de la Constitución y de la democracia no hay marcha atrás! A favor de la Constitución, todo; en contra de la Constitución, nada ni nadie!

La victoria nos pertenece, ni un paso atrás ni para tomar impulso!

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