La giba

Por Gregory Castellanos Ruano martes 30 de marzo, 2021

El colegio de abogados ostenta una giba. No es la de un dromedario ni la doble de un camello, tampoco es la de Quasimodo.

La giba ha venido  creciendo con el paso de los años. Es la expresión de una serie de actos no delicados que son los que le han dado la forma exhibida.

La giba que exhibe es la de su actual presidente. El primer asomo de giba tuvo lugar bajo la anterior gestión del anterior presidente.  Aquella “gibita“ o pequeña giba del anterior presidente bastante disimulada hasta el grado de casi escondida, sin embargo, creció enormemente tras la anterior gestión ser substituida  por la gestión substituta.

La giba coincide con la del dromedario y con la doble del camello no sólo en su notoria protuberancia, sino también en que todas sirven para alimentar a sus portadores a lo largo de las travesías de éstos.

En el colegio de abogados operó una transmutación. La giba de su presidente es la giba del colegio de abogados: es lo que ha deslustrado a este hasta sumergirlo en la más obscura profundidad abismal, donde permanece alejada de toda iridiscencia, de toda luz.

La deformidad o contrahechura de un dromedario o de un camello o la de Quasimodo son tolerables porque son veleidades de la Naturaleza, no de la directa voluntad humana. Es ominosa, sí, cuando la giba no es del orden físico, sino del otro orden, pues macula a aquél o a aquélla que la exhibe.

En este caso la giba es más extensa y protuberante que la travesía misma que pueda hacer un dromedario o un camello. Es una revelación agobiante de una larga serie de actos de lo más perturbador de fuerzas no sanas que produjeron el siniestro cambio o, más bien,  la profundización del siniestro cambio del cual la giba es la expresión concreta.

El crecimiento de la giba de su presidente ha apocado al colegio; el crecimiento de aquella ha sido inversamente proporcional al apocamiento del segundo que, por esa giba, ha devenido en una nonada.

La filosofía del portador de la giba se asienta sobre conceptos y nociones muy extraños que le llevan: a convertir en oro de alto quilate la materia de que está compuesto un stand para una Feria del Libro hasta tal grado que lo que a lo sumo debería costar, poco más o poco menos, quizás, unos ciento cincuenta mil pesos supuestamente salió por cuatro millones de pesos (RD$4,000.000.00); a comprar terrenos por ciento seis millones de pesos dominicanos (RD$106,000.000.00) en la Provincia La Altagracia (Higuey); a tener una cuenta offshore en un paraíso fiscal como Panamá (sí, el país de los famosos `Papeles de Panamá`), etcétera.

Su trabajo ha sido tan extenuante, se ha  dedicado tan intensivamente a él, que la giba le ha crecido de manera o a escala monumental, tanto así que la giba le precede, le anuncia y le anunciará para el resto de sus días.

La transmutación, gracias a la aparición de la giba, que hemos tenido ocasión de presenciar,  convirtió la sede de aquella entidad en un lugar infausto y a la entidad del lugar en una entidad no fausta, tan tristemente célebre como el portador de la giba.

Los rasgos intrínsecamente deformes de la giba nos han llevado a ver una transmutación comparable a la transmutación de un santo a un demonio extraído de la más profunda región de Estigia; o, para ponerlo más cerca, a ver una transmutación comparable a la transmutación de un casto santo a Heliogábalo con la consiguiente `damnatio memoriae` para el colegio de abogados.

La giba es tratada de esconder con las baladronadas-imposturas del presidente que ya el público se ha acostumbrado a ver a través de los medios de comunicación hasta el grado del cansancio sobre todo por la naturaleza de las mismas.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

 

 

 

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