La fuerza del amor humano

Por Borja Medina Mateo Miércoles 8 de Marzo, 2017

Fue Juana de Arco una joven mujer y estratega militar, cuya capacidad se evidenció claramente en la guerra de los cien años de la que resultó la monarquía de Carlos VII en Francia. La reciedumbre que caracterizaba a Juana la hizo victoriosa en muchas otras batallas y de ahí que todavía hoy sea recordada como una heroína.

Sucesivamente la historia nos recuerda a Lucrecia de Borja, hija predilecta de Rodrigo de Borja, quien luego se convirtiera en el papa Alejandro VI. Lucrecia, poseía una apariencia deslumbrante, un carisma electrizante y era altamente seductora. Del mismo modo, fue notoria su capacidad para arribar a grandes acuerdos a favor del vaticano de la época, usando las técnicas propias del maquiavelismo.

Además de las antes mencionadas, una novela histórica nos revela a otra gran mujer; otra luchadora, astuta y aguerrida; viuda de un hombre muy rico, del que hereda mucho dinero; respetada por todos sus coetáneos desde el momento mismo en que, con sus propias manos, degolló al general más temido de su época. Esta mujer hermosa, esbelta y de ojos enigmáticos, inspiró a Caravaggio y a Miguel Ángel a plasmar con sus pinceles, para toda la eternidad, la belleza celestial que detentaba. La misma, llevaba por nombre: Judith.

De algún modo, esas controversiales mujeres de la historia, guardan alguna similitud en sus respectivos casos y es que, precisamente, tuvieron, para bien o para mal, un hombre involucrado. Juana a un monarca, Lucrecia a un papa y Judith a un general.

Pero, ellas también eran poseedoras del factor humano característico de la mujer apasionada: el amor. Por eso reflexionamos hoy.

 

Amor humano

Diferentes entendidos en la materia han procurado dar una definición acabada del concepto del amor humano. Para eso, han establecido que: “el amor humano es un proceso de aceptación de la persona proyectado por el sentido de búsqueda y deseo de estar con la otra persona”. Es decir, el asentimiento de los seres humanos entre sí, con el deseo de crecer, creer y amar junto a otra persona.

Para algunos el amor humano versa exclusivamente para las relaciones de pareja y matrimoniales. No es así. El amor humano comprende algo más profundo y fuerte como la mística de los vínculos. Es una cosa mágica. De ahí, entre otras cosas, que muchas veces se piense y se sienta que se conoce a una persona desde hace mucho tiempo, cuando realmente hace poco.

Por consiguiente, el amor humano se refiere también al afecto fraternal, a la amistad, la solidaridad, etc. Esto se pone de evidencia, fundamentalmente, en una relación entre un hombre y una mujer.

Ahora bien, este amor humano es iniciado, mayormente, por la sensibilidad y la nobleza que irradia la mujer. O sea, una mujer llena de bondad es la fuente idónea para que nazca el amor humano y sus derivados.

En tal virtud, se puede inferir que el amor humano es darse al otro sin reservas, con sinceridad y respeto, para juntos poder lograr lo que el destino les tiene deparado. En muchos casos, sin ser parejas sentimentales, basta con que la amistad y la mística nunca desaparezcan.

Del mismo modo, este amor humano es la fuente que inspira a las mujeres en sí mismas a luchar por lo que quieren y creen. Juana de Arco luchó, en su época, apasionadamente por sacar a quienes se consideraban advenedizos en Francia, eso fue posible por el amor humano que prodigaba a sus compatriotas; Lucrecia de Borja por igual.

Judith, por su parte, aunque si bien es cierto que terminó con la vida de un sátrapa, no menos cierto es que se valió de técnicas cuestionables. Ya que antes del crimen, en cuestión de horas, Judith embriagó al general Holofernes y lo sedujo al punto de quedar hipnotizado por sus encantos para, posteriormente, decapitarlo. Esto, evidentemente, revela una trama maquiavélica, propia de una persona que calcula cada uno de sus pasos. Casos así muchas veces tienden a ser los más peligrosos.

Compromiso

Una conocida anécdota de la Madre Teresa de Calcuta, dice que en una ocasión que trataba leprosos y arriesgaba su salud frente a la alta posibilidad de contagio, una persona dijo: “Yo no haría lo que ella está haciendo ni por diez millones de dólares”. Al percatarse de tal aseveración la Madre Teresa respondió sin vacilaciones: “Yo tampoco”.

Su vida no era guiada por la ambición desmedida de poder o de riquezas. Su vida era guiada por algo más grande y valioso que eso, lo que hemos definido hoy como: el amor humano. Ese que se manifestaba en su compasión, su solidaridad y en el sagrado compromiso de servir a quienes más necesitan.

Otro ejemplo claro de esto se conjuga en la pareja de Barack y Michelle Obama, quienes con su complicidad, han compartido los mismos anhelos, deseos, temores y responsabilidades, sin importarles el poder y el dinero. Con la única satisfacción de aportar su modesto concurso al bienestar y el desarrollo de su país.

En fin, lo interesante de esto será reflexionar sobre como el hombre aporta a que la mujer con su propio talento pueda ser también un agente transformador y generador de cambios importantes en la sociedad, en absoluta igualdad de condiciones. Ese debe ser nuestro compromiso.

Por mi parte, sigo estudiando, cuidadosamente, como mujeres tan determinadas como Juana y Lucrecia, a pesar de las cosas que hicieron, lograron cambios notables en sus respectivos contextos, unidas a hombres fuertes y de poder.

Al final, lo que haya hecho o dejado de hacer Judith, se reduce a la misteriosa fuerza del amor humano.

Es un caso sobre el que no dejo de reflexionar…