La fuerza adictiva y transformadora de las redes sociales

Por Alfredo García

“Es mejor la buena reputación que las muchas riquezas, y mejor ser tenido en buena estima que tener oro y plata”

A propósito de que Elon Musk adquirió Twitter, hay que decir que sin dudas las redes sociales han venido a conectar el mundo como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad, ya que por medio de ellas nos comunicamos, nos informamos, nos relacionamos y hasta trabajamos.

Sin embargo, es importante empezar a medir si el bien que están causando es mayor que el mal provocado por el uso desmedido que cada día la población, sobre todo la juvenil, le está dando, víctimas del componente adictivo que tienen.

Hoy día es impensable concebir un mundo sin las redes, dado que le humanidad ha reposado sobre ellas todo su quehacer, al punto de que para muchos es más importante su vida virtual que la real.

Ello hace imperativo mirar con detenimiento el tema y empezar a educar sobre su uso, pues los contenidos que llegan desde el exterior, provocan cambios importantes en la personalidad y por consiguiente en nuestra cultura como pueblo.

Los estudios verifican un boom de los trastornos en la salud mental y emocional pues la depresión, adicción al celular, baja autoestima, hiperactividad, falta de concentración, y bullying, han experimentado un pico sin precedentes, gracias a su facilidad para alterar el ánimo.

Y es por ese poder insoslayable para cambiar conductas y por vía de consecuencia culturas, que grupos foráneos han visto su posibilidad de influir en procesos electorales internos de naciones democráticas en aras de instaurar sus propios intereses.

La democracia, la cultura, la familia, los valores autóctonos, están siendo atacados y cambiados por nuevos valores paradigmáticos totalmente divorciados de lo que somos como pueblo y el campo para librar esa batalla mental e instaurarlos, es el de las redes sociales.

Por ello es que vemos tantas transiciones, no porque sean necesariamente buenas, sino porque los cambios y valores variarán de acuerdo a los intereses. Lo que hoy es bueno, mañana será malo y viceversa, ya que todo dependerá de a quien convenga que la humanidad piense que el color negro en realidad es blanco y que el color blanco ya no es blanco, sino que de ahora en adelante será azul.

Finalmente quiero agregar que hoy más que nunca la prudencia y la estrategia se hacen imprescindibles a la hora de comunicar, pues reputaciones que han tardado décadas en construirse, se han echado por tierra a raíz de una publicación desafortunada y sin planificar.

Por Alfredo García 

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