La Francia de hoy

Por Manuel Berges Hijo Viernes 5 de Mayo, 2017

“Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando lo primero es el odio por los demás”. Charles de Gaulle

Las elecciones presidenciales francesas enfrentaran, en segunda vuelta, dos visiones de la política global diametralmente opuestas: por un lado, Emmanuel Macron, candidato centrista, que habla de fortalecer la Unión Europea, a su entender, el mayor instrumento de integración y difusión de valores occidentales en toda la historia, también defiende la pluralidad étnica y la globalización; en contraparte tenemos a Marine Le Pen, candidata de extrema derecha, ultranacionalista, euroescéptica y antiglobalización. Estas son las dos opciones por las que los franceses podrán optar el domingo 7 de mayo.

Apostar a una victoria de Marinne Le Pen en estos comicios, ya sea por interés particular o en base a un análisis objetivo, sería inobservar la historia de una nación, que en 1789 derribó instituciones monárquicas centenarias, mediante una revolución burguesa que, dejó la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, como legado imperecedero de toda la humanidad. Este solo hecho paradigmático, ubicó a la Patria de Víctor Hugo y Montaigne, como uno de los más altos símbolos de libertad, igualdad y fraternidad.

Es entendible que, ante el delicado panorama económico global, la crisis migratoria europea y el avance impetuoso del neonacionalismo populista, muchos analistas hayan olvidado las epopeyas históricas que han marcado la historia de Francia en los últimos 250 años. También se puede comprender, que las victorias de Donald Trump en las elecciones de los EE. UU. y del Brexit en Gran Bretaña para salir de la Unión Europea, parecieran opacar con creces la profunda huella cultural de la “Belle Époque”, la vanguardista París de Jean Cocteau y las protestas revolucionarias de mayo de 1968.

Sin embargo, la realidad muestra que la Francia xenófoba y aislacionista a la que apelan aquellos que usan el miedo como bandera no existe, no es real. La Francia actual es un país tolerante y libre donde el 15 % de sus ciudadanos no son blancos, 10 % de su población es musulmana y más del 40 % de los nacimientos de los últimos 15 años son fruto de inmigrantes. Por lo tanto, es relativamente fácil colegir que en una nación de dichas características, el camino a un futuro de mayor prosperidad va de la mano con la inclusión social; y todo parece indicar que la gran mayoría de los ciudadanos están conscientes de que esto nunca podría lograrse en base a la discriminación por preferencias religiosas o trasfondos étnicos.

A través de los años, la sociedad francesa ha sido enfática en mostrar su rechazo a políticas extremistas y antidemocráticas. Un ejemplo reciente son las elecciones del 2002, cuando Jacques Chirac le ganó en segunda vuelta al ultraderechista Jean-Marie Le Pen. El principal motivo por el que prácticamente todos los movimientos políticos de centro e izquierda apoyaron masivamente a Chirac en esa contienda, fue el temor generalizado que despertaron las propuestas radicales de Le Pen.

¡Oh veleidades de la historia! Hoy en día nos encontramos frente a un escenario electoral similar, ya que las últimas encuestas muestran que Emmanuel Macron aventaja por más de 20 puntos porcentuales a la hija de Jean-Marie Le Pen, la también ultranacionalista, Marinne Le Pen. Siendo, nueva vez, la principal razón de esta holgada ventaja, las posiciones extremistas de la susodicha candidata.

Todo este interesante contexto es una muestra inequívoca de la importancia crucial de consultar la fuente inagotable de la historia para comprender el curso de los acontecimientos sociales y políticos. En especial, porque de esta forma, la urgencia de los tiempos presentes no podrá nublar nuestra capacidad de vislumbrar los tiempos futuros. Por consiguiente, entendemos que en Francia se impondrá la sana tendencia histórica de aversión a los extremos.

Por Ernesto Jiménez