¡La fiebre no está en la sábana solamente!

Por Rolando Fernández

Las armas de fuego no se disparan por sí solas. Obvio que, tienen que ser operadas por los hombres (general). Entonces, para qué eliminarlas, y nada más.

Ante la ola de delincuencia y criminalidad que viene arropando al país, de nuevo los tantos teóricos locales, los sábelo todo, han regresado sobre los mismos “fieles” de siempre, tratando de agarrar el rábano por las hojas, como se dice popularmente, sin procurar definir, formas efectivas de atacar las principales causales que motivan la delicada situación que, en el tenor de lo que se trata, desde hace tiempo ya viene afectando a los dominicanos.

Claro, ahora la misma se encuentra en los niveles más altos, y alarmantes de la Historia nuestra, por lo que los actores a quienes compete a nivel local encontrar soluciones atinadas, comienzan a preocuparse sobremanera, aunque continúen inclinándose solo por lo más a la mano.

Por eso, nada más se habla del desarme a la población; y, de despojarla de las armas de fuego en poder de la misma. Y con las demás medidas complementarias exigibles, ¿qué hacer?, sería la pregunta obligada.

Parece que esas – armas de fuego – operan por sí solas, vale reiterar; que los factores humanos, en términos de las enfermedades mentales conocidas; los desasosiegos familiares; los desequilibrios emocionales notales en la gente, por múltiples razones; la incidencia de la penetración cultural en curso, dañosa por supuesto; como, las inducciones hacia lo indebido que se reciben a través de los medios de comunicación de masa, en nada intervienen.

Tampoco, los efectos innegables que provocan el narcotráfico, y el uso común ya de estupefacientes; al igual que los tormentos, o incertidumbres de orden económico, entre otros factores conocidos, no se reflejan en las inconductas desastrosas de ese tipo, que asumen hoy de ordinario las personas en este país, Dominicana.

Con todos esos factores señados más arriba, hay que trabajar también; barajarlos sobre una mesa, para fines de análisis y ponderación, por parte de personas autorizadas, competentes.

Hacerlo esas, aspirando al logro de la mayor efectividad posible.  En esta nación se dispone de suficiente personal apto para tales propósitos. ¿Por qué no recurrir a ese entonces?

Es gente que, indiscutiblemente, puede dejar de lado los criterios de corte polítiquero electoralistas, y ceñirse a lo profesional con propiedad.

Hablamos de psicólogos, psiquiatras, sociólogos, orientadores espirituales (sacerdotes), y educadores de renombre, entre otros. ¡Qué nadie duda, los hay aquí en abundancia!

La verdad es que, un panorama pincelado con tan alto grado de violencia y criminalidad, como ese que actualmente se verifica en esta República, es bastante complejo, y no se puede intentar combatir solamente yéndose por lo más fácil, recoger las armas de fuego que están en manos de la población.

Y, con los demás instrumentos mortíferos, como son los cuchillos, puñales, tubos, palos, etc., ¡no se va a hacer nada! ¿Seguirán disponibles? ¿No se mata a nadie con esos?

Recuérdese que, sobre todo tipo de arma, utilizable en las acciones de naturaleza violenta, o criminal, está la actitud mental, y emocional de la gente; al igual que las circunstancias de momento que primen; y que son factores esos últimos que hay que trabajarlos en adición; que requieren de orientaciones psicológicas y psiquiátricas.

Por tanto, lo que se aspira obtener, tiene que complementarse con el trabajo que puedan aportar los profesionales de la conducta aquí destacados, imprescindible; con la concienciación espiritual por parte de las iglesias; y, la formación académica apta que proporcionen las escuelas y colegio de la nación;

Pero, además hay algo de importancia capital a considerar, que es esa maestra hogareña, “degeneradora”, en que han convertido la televisión local, alienando desde las mismas casas-viviendas, qué tiene que ser higienizada por completo.

Sacar de esa pantalla chica, todos aquellos programas que induzcan a la violencia, como a la criminalidad; a la degeneración sexual; a las conductas impropias en todos los sentidos, incluyendo la homosexualidad; También, a la desvalorización de la familia en sentido general.

Entonces, se impone el no solamente pensar en el despojo a la población de las armas de fuego, si en verdad se quiere hacer frente a esas problemáticas: violencia, y criminalidad local.

Para doblegar ese “toro gigante”, hay que agarrarlo por todas partes. Un solo cuerno nada más, no es suficiente.

 

Autor: Rolando Fernández

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