La enmienda 22 de la Constitución norteamericana

Por Jesús M. Guerrero martes 25 de junio, 2019

“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.” Abraham Lincoln

El actual Presidente norteamericano, Donald Trump ha anunciado su pretensión de continuar al frente de la cosa pública estadounidense por cuatro años más, lo cual permite la Constitución norteamericana y de lograr su objetivo, ingresará al listado de expresidentes estadounidense que aún viven y que optaron por la repostulación presidencial que conforman Jimmy Carter, Bill Clinton, George W. Bush y Obama y que desde el momento en que salieron de la Casa Blanca están inhabilitados por el nunca jamás que consagra la vigésima segunda enmienda de la Carta Magna de los Estados Unidos de América.

¿Cómo surge el modelo presidencial norteamericano?, la enmienda veintidós del Texto Constitucional de la primera potencia del mundo, surge luego del tercer mandato presidencial de Franklin D. Roosevelt quien ha sido el único norteamericano en ocupar en tres ocasiones la primera magistratura de la nación anglosajona. Para limitar el ejercicio del poder y preservar la alternabilidad democrática fue instaurado este modelo que sustenta la enmienda mencionada.

Procedo a citar la vigésima segunda enmienda de la Ley Sustantiva de los USA: “Ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de Presidente más de dos veces, y ninguna persona que haya ocupado el cargo de Presidente, o ejercido como Presidente, durante más de dos años de un mandato para el que otra persona hubiera sido elegida como Presidente, será elegida para el cargo de Presidente más de una vez. Pero este artículo no debe aplicarse a ninguna persona que ostente el cargo de Presidente cuando este artículo fue propuesto por el Congreso, y no debe impedir a la persona que ostente el cargo de Presidente, o actúe como Presidente, durante el período dentro del cual este artículo entra en vigor, de ocupar el cargo de Presidente o actuar como Presidente durante el resto de ese mandato.”

Podría decirse que todo comenzó con la decisión del primer Presidente estadounidense, George Washington de no presentarse a un tercer periodo como el precedente que dio razón de ser a esta enmienda constitucional. Por igual, se puede citar la posición de uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos y su tercer Presidente, Thomas Jefferson: “Si la finalización de los servicios del Magistrado principal no se consagra en la Constitución, o se proviene por la práctica, su puesto, nominalmente de cuatro años, se hará hecho de por vida.”

Muchos años antes de que Franklin D. Roosevelt ejerciera el poder durante tres periodos, haría públicas sus pretensiones de un tercer mandato presidencial, Ulises S. Grant, comandante del Ejército de la Unión durante de la Guerra de Secesión. Obtuvo la presidencia en 1869 y la ostento hasta 1877, pero, trato de presentarse en 1880 sin éxito alguno.

Roosevelt escaló los resortes del poder en 1933 y murió siendo Presidente en el año 1945, siendo sustituido por su Vicepresidente Harry S. Truman, quien gobernó del 1945 hasta 1953. Pero, la enmienda 22 fue promulgada en el año 1947 para limitar a dos los mandatos del presidente.

En 1953 hasta 1960, el Comandante Supremo Aliado durante la Segunda Guerra Mundial, Dwight D. Eisenhower fungió como Presidente de los Estados Unidos y luego fue sustituido por John F. Kennedy quien gobernó de 1960 a 1963 producto de las balas que segaron su vida en las calles de Dallas, su Vicepresidente Lyndon B. Jhonson asumió el Poder Ejecutivo y concluyó el último año de Kennedy, venció a Barry Goldwater en las elecciones de 1964 y cuatro años más tarde trato de ir a la reelección, pero desistió ante la imposibilidad de vencer a Robert Kennedy en las internas demócratas, quien no pudo competir en las elecciones porque tuvo el mismo destino fatal de su hermano John, al caer abatido en el suelo de un prestigioso Hotel de la ciudad de Los Ángeles, al ser alcanzado por los disparos mortales propinados por su asesino Sirhan Bishara Sirhan.

Finalmente Richard Nixon obtiene la victoria de los comicios de 1968 y se pudo reelegir, aunque fue una victoria pírrica por el escándalo de Watergate, tuvo que renunciar a la presidencia, asumió en su sustitución, el Vicepresidente Gerald Ford quien no fue electo como compañero de boleta de Nixon, sino en una terna en el Congreso por la renuncia del Vicepresidente electo, Spiro Agnew, que dimitió antes que Nixon por acusaciones de corrupción y fue enjuiciado y condenado por evasión fiscal y lavado de dinero. Al posesionarse en la presidencia, Gerald Ford, otra terna fue enviada al Congreso para elegir a otro Vicepresidente, el exgobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller y por tanto, fue la única que vez que USA tuvo un Presidente y Vicepresidente que no fueron elegidos por voto directo.

Luego vino la presidencia de Jimmy Carter que optó por la reelección sin éxito, después Ronald Reagan por ocho años, luego los cuatro años de George H. Bush, eventualmente ocupó el solio presidencial, Bill Clinton quien ocho años después le entregó a George W. Bush y repitiendo a su antecesor le entregó a Barack Obama y éste al concluir su segundo mandato presidencial fue sustituido por Donald Trump.

Lo que estos expresidentes estadounidenses tienen en común es que ninguno de ellos tuvo la disparatada idea de modificar la vigésima segunda enmienda de la Carta Magna Norteamericana porque “vulnera” sus derechos, porque Franklin D. Roosevelt fue tres veces Presidente y ellos en una o dos ocasiones. Ninguno vociferó el tonto argumento de que su derecho de igualdad fue violado, como se han prestado a decir algunos de los beneficiados desde el 2012 hasta la fecha; respecto a la vigésima disposición transitoria de la Ley Sustantiva.

Ese es el verdadero modelo presidencial norteamericano que se trajo por los moños para justificar la modificación constitucional del 2015 en nuestro país y ahora la quieren desconocer algunos que sufren de amnesia selectiva. Por eso, creo la necesidad de estudiar otros modelos presidenciales como el argentino para evitar los zarpazos constitucionales cada cuatro años, que solo tiene como objetivo beneficiar al mandatario de turno al promulgar una reforma constitucional a su imagen y semejanza, dando rienda suelta a un proceso que lacera la tan maltrecha institucionalidad del país.

Creo prudente concluir con la siguiente frase de Tácito: “Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.”

Por; Jesús M. Guerrero

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