La elocuencia de Vladimir

Por Enrique Alberto Mota miércoles 1 de agosto, 2018

Una de las personas más expresivas que he conocido en el ámbito en que se desempeñó es Vladimir Guerrero.

Vladimir, quien se convirtió en apenas el tercer jugador dominicano y el primero de posición en llegar a Cooperstown,  habló con su bate con la elocuencia propia de los atletas excepcionales, compilando un promedio de bateo de 318 puntos de por vida y conectando un total de 449 cuadrangulares, durante 16 temporadas, en las que reunió otros números que lo hicieron merecedor de la más alta distinción para un pelotero.

Vladimir habló con su brazo, que, por su fortaleza y precisión, fue uno de los más respetados durante muchos años en el  mejor béisbol del mundo.

Vladimir habló con sus piernas, que lo llevaron a alcanzar la respetable cifra de 40 estafas en una temporada, pese a ser un jugador que se caracterizó, principalmente, por su poder y su habilidad para conectar con potencia lanzamientos que eran prácticamente inalcanzables para la mayoría de los jugadores.

Vladimir habló con su consistencia, conectando 20 cuadrangulares  o más en 12 de las 16 temporadas en que jugó, entre ellas  dos de más de cuarenta y 6 de más de treinta, y estuvo a solo un cuadrangular de conseguir el denominado 40-40, logro vedado hasta para sus compañeros de Cooperstown.

Esos son solo algunos de los grandes logros de Vladimir, inalcanzables para la mayoría de los jugadores que han pisado un diamante de Grandes Ligas.

Debemos concluir, entonces, que Vladimir ha sido un vivo exponente de lo que es elocuencia en un estadio de béisbol, si asumimos como buena y válida la definición de ese término que ofrece la Real Academia de la Lengua Española, según la cual es “la fuerza expresiva para convencer o persuadir que tienen por sí mismas las palabras, los gestos, los ademanes, las imágenes o cualquier cosa capaz de dar a entender algo”.

No obstante a todo eso, hay quienes se enfocan en la brevedad y sencillez del discurso que pronunció Vladimir en la ceremonia de exaltación al salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas, el pasado 29 de julio de 2018.

Ese discurso fue la genuina expresión de un hombre de campo, sencillo, que nunca alardeó de lo que no tenía y que se limitó a “hablar hasta por los codos”, con las excepcionales condiciones de que le dotó Dios para deleitar a millones de personas durante largos años y prestigiar a un país a través de un deporte que representa una de las principales fuentes de sana recreación de varios pueblos, entre ellos el nuestro, y un medio de vida digno para un gran número de sus compatriotas y sus familiares y un efecto positivo en la economía del país.

¿Habló bien o no?

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