La elección de Trump puede tener un efecto bumerán para Netanyahu

Por El Nuevo Diario viernes 3 de febrero, 2017

EL NUEVO DIARIO, TEL AVIV.-En pleno relanzamiento desde la investidura de Donald Trump, la política de colonización de Israel puede convertirse en un bumerán para Benjamín Netanyahu, que se queda sin freno ni excusa frente a las demandas de la derecha más nacionalista de anexionar Cisjordania.

En círculos académicos y políticos advierten de que la llegada de Trump a la Casa Blanca ha generado una "nueva realidad política" en la región, en la que por primera vez en su historia Israel se ve "más o menos libre" de decidir.

"Se han terminado las excusas", coincidieron en señalar la diputada y ex ministra Tzipi Livni y el jefe del Concejo Regional de Samaria (norte del territorio ocupado de Cisjordania), Yosi Dagán, en la reciente conferencia anual del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS).

Robert Danin, de la Universidad de Harvard, explicó que "la dinámica en el terreno en momentos en los que hay un Administración más simpatizante (con Israel) es realmente un bumerán".

Y es que, después de sucesivos presidentes estadounidenses que han mantenido como política de Estado que el territorio ocupado en 1967 es fundamental para la solución de dos Estados y que los asentamientos son "ilegítimos", la elección del imprevisible Trump "devuelve a Israel la pregunta de qué tipo de Estado desea y qué tipo de acuerdo" busca con los palestinos.

Por presiones de los ultranacionalistas, en particular el ministro de Educación, Naftalí Benet, Netanyahu ha autorizado desde la investidura de Trump más de 6.000 viviendas en territorio palestino ocupado, incluido Jerusalén Este, lo que hace temer una masiva colonización que acabe con la viabilidad de un Estado palestino.

Ayer, en una tímida crítica si se compara con las del expresidente Barack Obama, la nueva Administración consideró que esta construcción "puede no ayudar" en los esfuerzos para lograr la paz, aunque recordó que Trump aún no ha adoptado una posición oficial sobre las colonias.

Trump y Netanyahu se reunirán el próximo día 15.

La comunidad internacional considera ilegales las colonias y así lo avaló el pasado diciembre en la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU.

La ultraderecha israelí quiere aprovechar la nueva situación para ganar terreno y alcanzar su histórico sueño: tumbar definitivamente los Acuerdos de Oslo (1993).

"Por primera vez en 50 años, Israel debe determinar su propio destino. Debemos preguntarnos qué queremos y hay dos opciones: soberanía israelí en área C o un Estado palestino (..) controlado por el terrorismo como en Gaza", afirmó Benet en el INSS al pedir abiertamente la anexión del 60 % de Cisjordania.

Su visión: cantonizar bajo un régimen autonómico las zonas A y B de Cisjordania, donde vive la mayoría de los palestinos, y anexionar el resto a Israel junto con su población.

Frente a su tesis se sitúa la más moderada de Livni, que defiende una separación unilateral o dentro de un acuerdo para que Israel siga siendo un "Estado judío" por mayoría demográfica y "democrático" en sus valores.

La cantonización es inviable y engañosa porque "todos sabemos que no pararán en la zona C", y 2,5 millones de palestinos quedarán dentro de Israel, advierte.

En medio de ambas tesis se encuentra un siempre dubitativo Netanyahu, ideológicamente inclinado por la colonización ("nadie la defiende más que yo", confiesa reiteradamente) pero sujeto a la responsabilidad de gobierno y al equilibrismo político.

Como ejemplo está la evacuación esta semana de la colonia de Amoná, ordenada por el Tribunal Supremo y que le ha valido duras críticas de ultranacionalistas ansiosos de un "cambio drástico".

"El primer ministro se ha quedado sin excusas ni cabeza de turco (Obama) para echarle la culpa por su relativamente contenida política de crecimiento en los territorios", advirtió el comentarista del diario "Haaretz" Yosi Verter.

Los primeros destellos de presión se vieron antes incluso de la toma de posesión de Trump, con un abanico de propuestas como la regularización retroactiva de medio centenar de colonias o convencer a Washington de que traslade su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Netanyahu siempre ha dependido de las presiones de la Casa Blanca para frenar sus propios impulsos ideológicos y ahora, además, las necesita para no convertirse en una marioneta de Benet, quien trata de arrebatarle el liderazgo del campo nacionalista.