La economía y la violencia

Por Manuel Hernández Villeta

No es posible cambiar la página y seguir adelante sin respuestas. La República Dominicana se encuentra en una crisis económica y social, que por suerte es manejable y   los inconvenientes tienen soluciones.

Pero no se pueden dejar las alternativas a la suerte, ni que naveguen en un mar ignoto. Desde ya se tiene que trabajar en mejorar de forma real la economía. En lo social, sin seguridad no se puede pensar en paz permanente.

La seguridad y el bienestar económico van tomados de las manos, por lo tanto la solución tiene que ser combinada. La economía no zozobra, pero si da tropezones en medio de una pandemia, que pone el cuño de difícil a todas las iniciativas.

El primer punto de la agenda del año próximo para el gobierno tiene que ser el control de la inflación, del agiotismo, de la usura, de los aumentos desproporcionados en los precios  de los alimentos de primera necesidad, y hasta los reajustes en la prima del dólar.

Es difícil tomar decisiones y lograr resultados. La economía no es un bloque sólido, sino que cada acción que se toma beneficia a un sector y perjudica a otro. El presidente tiene que ser un diestro cirujano para satisfacer la demanda de todos, dejando el menor disgusto y resquemor.

Ello es posible dentro de un gran movimiento de concertación. Los que más tienen deben cargar sobre sus hombros con cualquier  reforma impositiva. A los pobres de solemnidad se les debe rebajar el precio de los alimentos y al trabajador  aumentarle el salario. Fácil de lograr en la retórica, pero casi imposible en la práctica. Por lo pronto habrá navidad contenta, con la asistencia social repartida para la Cena Navideña.

En un país como el nuestro, donde no hay asistencia social permanente y digna, esta ayuda es vital para paliar la desgracia de una parte de la población. Una herencia del doctor Joaquín Balaguer, que hizo de la fundita la cara amable de su régimen de puño de hierro.

Pero la dádiva oficial tiene un alto costo que se debe pagar con los recursos del Estado. Los que no reciben los bonos son los que los subvencionan. Pero son las cargas sociales que se tornan imposibles de eliminar, si no se cuenta con otras alternativas a mano.

La seguridad ciudadana es otro de los graves problemas que hay que enfrentar para el entrante año 2022. Esa violencia que genera robos, drogas, pandillas, no se terminará con simples medidas policiales, y la acción de la justicia.

Hay que prevenir el delito, y hacerle frente cuando saca la cabeza. La reforma policial normará nuevos derroteros en la lucha contra el crimen organizado y desorganizado, y la justicia independiente mantendrá en las cárceles a los criminales y ladrones. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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