La dolarización no puede ni debe ser la respuesta a la crisis cambiaria

Por Víctor Manuel Peña lunes 22 de junio, 2020

Ante el profundo agravamiento de la crisis cambiaria, expresión y consecuencia de la gran recesión desencadenada por el Coronavirus, hay sectores que no han dejado de pensar en la posibilidad de la dolarización como salida o respuesta a la misma.

Aunque la crisis es profunda y dolorosa, la dolarización no es la opción de política a aplicar.

Es cierto que aunque una moneda como la nuestra no es la aconsejable para refugiarse o protegerse en tiempos de crisis muy acentuadas y profundas, una nación no debe renunciar nunca al ejercicio pleno de la soberanía del Estado en materia de política monetaria y cambiaria.

Y no debe renunciar, por consiguiente, a los grados de libertad que tienen los Estados cuando disponen de plena soberanía en materia monetaria y cambiaria.

Si una nación no tiene moneda propia no puede tener banco central, y al no tener banco central no puede tener ni soberanía ni autonomía en el campo monetario y cambiario.

El Estado que no tiene moneda propia pierde el poder y el monopolio de la emisión monetaria y tiene limitaciones intrínsecas para regular los agregados monetarios – emisión monetaria – base monetaria – oferta monetaria-, y la regulación del crecimiento de la liquidez en la economía.

Esas facultades las pierde el Estado que ha renunciado al derecho de tener una moneda propia y, por consiguiente, ha renunciado a su soberanía en materia monetaria y cambiaria.

El Estado que tiene soberanía en materia monetaria y cambiaria es el Estado que tiene moneda propia o el Estado al cual pertenece la moneda adoptada por otro Estado.

¡La dolarización no es la salida ni la respuesta!

En la crisis de la deuda soberana en Europa se evidenció cuán necesario, importante y trascendente es que cada Estado tenga su propia moneda, banco central y pueda ejercer y explotar  soberanamente los grados de libertad de la política monetaria y cambiaria, es decir, los grados de libertad que da el ejercicio pleno de la soberanía en materia monetaria y cambiaria!

Al adoptarse el euro como moneda común las naciones miembros de la Unión Europea perdieron su soberanía en materia monetaria y cambiaria y, por tanto, dejaron de tener monedas propias y dejaron de tener bancos centrales.

Cuando hay una crisis tan fuerte como fue la crisis de la deuda soberana en Europa es que queda evidenciado cómo una nación y un Estado pueden sortear mejor cualquier crisis si disponen de moneda propia, de banco central y de los grados de libertad de la política monetaria y cambiaria.

Los grados de libertad que da la soberanía en materia monetaria y cambiaria tienen que ver con que un Estado puede utilizar la apreciación o la depreciación de la moneda para enfrentar crisis internas y externas.

En medio de esa gran crisis de la deuda soberana en Europa no era prudente ni aconsejable, comercialmente hablando, que el euro estuviera y se mantuviera apreciado en su relación con el dólar: el abaratamiento de las importaciones, por un lado, y el encarecimiento de las exportaciones, por el otro, como consecuencia de la apreciación del euro terminó de hundir a Europa.

La apreciación del euro en ese lapso de la crisis de la deuda soberana en Europa implicó la muerte de la competitividad de las exportaciones.

Claro, aún así  hay que reconocer que la crisis de la deuda soberana en Europa fue más profunda y urticante porque se aplicaron políticas fiscales de austerización o contracción del gasto público, es decir, se adoptaron políticas procíclicas cuando había que hacer lo contrario: aplicar políticas anti-cíclicas o contra-cíclicas o de expansión del gasto público para frenar y revertir la recesión o para haber evitado la astronómica caída del crecimiento del PIB y del nivel de empleo.

Por todas las razones apuntadas es que un Estado organizado no puede darse el lujo de no tener moneda propia, porque si no tiene moneda propia no puede tener banco central y no puede ejercer su soberanía en materia monetaria y cambiaria y, por tanto, no puede ejercer los grados de libertad de ésta en el contexto de la globalización o de la economía mundial.

¿Qué hacer para bajarle la temperatura a la crisis cambiaria?

Aunque en el fondo de la crisis cambiaria hay un problema muy hondo de incertidumbre o de crisis de confianza, el Banco Central puede comenzar a enfrentar la crisis cambiaria inyectándole más dólares a la economía que pueden provenir de las reservas o de otras fuentes que tiene el Banco Central.

En estos momentos se advierte también que hay un exceso de liquidez en manos de los agentes económicos, por lo que el Banco Central debe utilizar la ventanilla del mecanismo de operaciones de mercado abierto colocando en el mercado de valores títulos de deuda pública con miras a eliminar el exceso de liquidez a través de la desmonetización de los ingresos generados por las ventas al público de esos títulos de deuda del BC.

Al mismo tiempo el Banco Central debe descontinuar en estos momentos la práctica de seguir comprando títulos de deuda privada, los llamados repos.

Y con la vuelta a la normalidad hay que ir restableciendo las fuentes de generación de divisas para ir cerrando la gran asimetría que hay en estos momentos entre la oferta y la demanda de divisas.

Pero una solución más perdurable en el tiempo tiene que ver con la recuperación de la confianza y de la certidumbre.

En el sistema económico mixto que tenemos en que conviven, cohabitan e interactúan permanentemente el Estado y el mercado y viceversa, el Estado está llamado a jugar un rol protagónico en la búsqueda de soluciones a la gran crisis por la que atravesamos en esta coyuntura.

Lo que quiere decir que el Estado está llamado, en el contexto de una positiva y funcional alianza público-privada, a aplicar políticas correctas, sanas, eficientes y efectivas para poder salir de esta gran crisis sanitaria, económica, social, política y medio-ambiental.

De los tres principales candidatos a la Presidencia, Leonel es el único que le ha presentado una propuesta coherente y creíble al pueblo dominicano.

¡No es hora de inventar ni de botar el voto!

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

 

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