La debida consulta -¡y hace rato!- se fue a la porra…!

Por Francisco S. Cruz Sábado 4 de Marzo, 2017

No sólo fue que las cúpulas de los partidos políticos -CP, Comisión Ejecutiva, Sanedrín o que ochocuánto-, suplantaron lo orgánico-institucional de esos “aparatos” (como les llamaba Narcisazo), sino que los dirigentes satélites o subalternos de los miembros de esa nomenclaturas jerárquicas reproducen el mismo esquema de suplantación orgánica hacia abajo y, ya ni siquiera, por simple cortesía, consultan o, tan siquiera, informan sobre tal o cual iniciativa: un documento de apoyo público, una carta o, tan sencillo como una queja colectiva de la que, increíblemente, uno se entera por la prensa o vía un transeúnte.

De modo, que la vida orgánica-institucional de los partidos políticos pasó a mejor vida, o mejor dicho, a la práctica política –medalaganaria- de la decisión unilateral de dos o tres que, en un ejercicio de recurrente error político, deciden suplantar, no ya lo orgánico-institucional de una determinada dirección política –Estatal o Regional- sino las cabezas de los miembros de los organismos que dicen dirigir o representar.

Tal práctica política expresa y refleja el estado actual de orfandad institucional, y más que ello, la desconexión extrema de las instancias políticas superiores con relación a sus organismos y dirigentes subalternos ya sea por la fosilización de las organizaciones políticas, o más sintomático, por la extensión orgánica de la suplantación y monopolización jerárquica, en cascada, de la que ya hemos hecho referencia.

Y precisamente, por la consumación de esas prácticas políticas -concebida adrede y a conveniencia de sus jerarquías- es que los partidos políticos tradicionales ya no son espacios de debates, de análisis, de consensos (a excepción de las que procuran en sus cúpulas), ni muchos menos de posiciones públicas orgánicas-institucionales sobre la realidad nacional e internacional –con el rigor de la consulta orgánica consensuada-, sino mas bien, caja de resonancia de sus cúpulas o de los proyectos presidenciales de sus líderes o figuras.

Por ello, el prototipo de partido orgánico-institucional desapareció y en su lugar lo que ha surgido es una individualidad -muy personalista, obviando que la llamada “sociedad civil” no es tal, sino el partido que lo suplantará, tarde o temprano, a ellos también-, o peor, la apropiación del partido, no por corrientes políticas e ideológicas (algo que sería saludable), si no, por grupos corporativos en constante confrontación o medición de fuerzas con el solo objetivo de derribar o aniquilar al otro.

De tal forma, que si usted –amigo lector- milita en un partido político equis y no está inscrito en uno de esos grupos, o aunque pertenezca a uno de ellos, y osa opinar con sentido crítico o de avenencia unitaria, fácilmente, es ubicado y sindicado como un objetivo y, en consecuencia, será pasado por la guillotina del chisme que en política, a pesar de lo que Juan Bosch sentenció sobre ello, es cuasi política de estado, pues por algo los correveidile o lleva y trae, en los partidos políticos, son tan exitosos.

No obstante, si hay, en política, una práctica que me molesta sobremanera, es, precisamente que alguien -¡un carajo cualquiera!- se arrogue el derecho de opinar o de pensar por mí. Y eso, no lo acepto, por varias razones: a) porque me gusta equivocarme por mí mismo; b) porque tengo criterio propio; y c) porque soy incapaz de suplantar a otro. Pero además, porque no soy alcahuete de nadie.

Por ello, jamás veré bien que dos o tres, en un partido político, en el seno de una determinada dirección política u organismo, quieran, sin consulta previa, despacharse, en excesivo protagonismo público, a su antojo y manera, con una determinada decisión que no haya sido siquiera informada (no ya discutida). Eso, más que otra cosa, refleja una gravísima falta de institucionalidad y de respeto político-partidario.

Por ello, espero que los miembros del CC de mi partido (el PLD), en su reunión del próximo 11 de marzo, hagan y digan algo más que el famoso “corroboro” de la décima de Juan Antonio Alix. Digo, si no quieren seguir siendo Convidado de Piedra.