La corrupción no es cáncer social, sí falta de honradez, y de “mano dura”

Por Rolando Fernández Lunes 24 de Abril, 2017

Hablar de corrupción, considerándole como un cáncer social, en términos analógicos, obviamente, con la afección terminal que viene haciendo blanco catastrófico en un gran segmento de la humanidad, no parece un acertado juicio. ¡Dista mucho la diferencia!

Del cáncer como enfermedad, se desconoce su real origen en el marco de la ciencia convencional, por más hipótesis, o teorías planteadas. No así ocurre con la corrupción estatal, y sus derivaciones sociales, que sí todo el mundo sabe dónde se originan, y las razones que cada vez más provocan su desarrollo fehaciente.

Su fuente principal son los políticos desaprensivos, ladrones de cuello blanco, que han hecho de ese ejercicio el gran negocio de todos los tiempos; la inversión más rentable de la actualidad, a procurar su recuperación con creces, tan pronto logran alzarse con el poder.

Y, eso se puede combatir con eficacia hasta alcanzar su eliminación total, lo cual no sucede con la terrible y costosísima enfermedad del cáncer en los humanos, o cualquier otra especie terrenal.

La corrupción es una actitud dolosa de muchas personas de la sociedad de que se trate, encabezadas por aquellas que se desenvuelven en el marco de la actividad política, principalmente, que alcanza hasta los “conchupantes”, adeptos condicionados, y colaboradores pagados, las bocinas, para la defensa y solapamiento público de las acciones indebidas e indefendibles.

Para acabar con ese flageo social a nivel de todas las naciones, solamente hace falta que hombres pulcros, y que les duela su país, sean elegidos para gobernarles; ciudadanos que procedan con una mano suave y otra fuerte desde el poder; que no les tiemble el pulso para traducir a la justicia a los infractores, independiente claro está, lo cual no ocurre entre nosotros; y, procurar se quite cuánto al fisco se haya robado, en desmedro de la población en sentido general.

Por lo expresado anteriormente, es que entendiéramos como poco sopesado el parecer del señor Hugo Álvarez Pérez, presidente de la Cámara de Cuentas de la República Dominicana, al expresar “que la corrupción se ha convertido en un cáncer que afecta a todas las sociedades del mundo, pero de manera especial a los países latinoamericanos”. (Listín Diario, edición del 18-4-17, página 3D).

¡No hay tal cáncer! De lo que se trata en realidad, es de la falta de honradez en los que gobiernan, y de las muchas permisividades “tramposas” en favor de sus correligionarios.

La corrupción la han convertido en un ejercicio engañoso aprobado, en contra de las sociedades todas. De ahí que, las acciones punitivas para combatirla, difícilmente prosperen