La corrupción de las palabras y de los nombres

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 14 de diciembre, 2020

Sería bueno que alguien le preguntara al estimado ilustre, perínclito y/o egregio Don Bruno Rosario Candelier, profesor titular o emérito de la PUCMM, presidente de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro de la Real Academia Española de la Lengua, el porqué de tantos nuevos giros en los vocablos y en la escrituras de la lengua castellana.

Hoy debe decirse concienciación y no concientización; se usa el verbo empoderar, yo creo que a eso debería considerarse esnobismo, aunque esto último es un anglicismo.

Bueno, la verdad es empoderar deriva del verbo inglés to empawer, que sería apropiarse de poder o apoderarse. De la misma manera, se oye que gente que usaba el vocablo emprendedurismo hoy dice empredurismo.

Ahora bien, tal vez se oye decir emprender, el verbo en infinitivo, pero creo que no he escuchado emprendor y si emprendedor. Es bueno que la gramática se revise y la lengua, pero talvez los giros muy frecuentes no nos ayuden tanto.

Tengo entendido que hacia 1970, en nuestro idioma hubo algunos giros, como por ejemplo palabras que llevaban NSP, la Real Academia autorizaba y sugería suprimir la N en la pronunciación y la escritura.

Palabras como transparencia, transporte, transparente y transportación, pasarían a escribirse y pronunciarse: trasparencia, trasporte, trasparente y trasportación. La verdad es que la mayoría de las gentes, incluyendo intelectuales, siguió pronunciando y escribiendo la N en esas palabras.

Hice referencia a esto, aunque más que a la lengua y la gramática general a lo que quiero referirme a los nombres y palabras usados en la ciencia política, porque ni soy lingüista y ni filólogo, pero tal el presidente la Academia Dominicana de la Lengua podría corregirnos. Más bien, mi inquietud básica es con el uso dos palabras o nombres de conceptos en de la política como actividad práctica, sobre todo, usadas inadecuadamente. Se trata de las palabras democracia y populismo.

Ambas denominaciones se usan para atribuir características a gobiernos, produciéndose una distorsión del contenido conceptual de las palaras que no se corresponde con el contenido conceptual original. Esto tiene un sesgo ideológico en el discurso, interés de clase social o de grupo, lo cual apunta en contra del rigor científico.

En primer lugar, la democracia representativa liberal occidental no es la única forma de ejercer la democracia, ni es la única de ejercer la democracia plena, entendido el vocablo en su acepción original: gobierno del pueblo.

Poner el estigma de dictadura o dictador, a todo gobierno que no asuma ese patrón occidental de gobernar con una economía de libre mercado, obedece a un interés de clase. Un gobierno que ponga reglas y deje algunas áreas de la economía en manos estatales es un dictador.

Por eso en Cuba hay una dictadura para los que en libre mercado, para ellos no hay democracia en ese, pero es muy probable que la participación popular en la toma de decisiones de problemas importantes para el ciudadano (no en elegir un presidente) es mayor; a Maduro lo llaman dictador porque hay empresas estatales y los capitalistas quieren que el petróleo esté en manos privadas.

De China no se dice que hay una dictadura, porque China es el país más grande del mundo, nadie se atreve a enfrentar y nadie quiere enemistarse por completo con los chinos.

En cuanto a los términos populismo y populista, si se tiene en cuenta lo que originalmente se definía como populismo, corriente en los regímenes políticos que planteaba y ejecutaba desde los gobiernos reformas sociales, doctrina que basamentaba con amplia alianza de diferentes clases sostener a dichos gobiernos. Ejemplos: Juan Domingo Perón, Lázaro Cárdenas, Betancourt, Bosch, Getulio Vargas, entre otros, en América Latina. Gamal Abdel Nasser en Egipto.

Hoy sin embargo, se quiere llamar populista y satanizar cualquier gobierno que asuma matices diferentes al de la economía de libre mercado, Maduro y Evo Morales, pero además a cualquier gobierno díscolo que no le convenga, por ejemplo a Tremp se le quiere llamar populista. Así no debemos usar el lenguaje.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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