La Constitución y sus fingidos defensores

Por Rolando Robles lunes 25 de mayo, 2020

Hablar de la Constitución dominicana en estos días, resulta intimidante y altamente excluyente, porque de pronto tú sientes como si estuvieras violando una virgen o lo que es peor, cuestionando el ADN de la patria, que es lo mismo que enjuiciar la esencia de la Nación, el espíritu de la República. Y eso me preocupa porque yo supongo que la Constitución es algo que la gente común podemos y debemos entender.

De todos modos, conocemos de la existencia de una cantidad de expertos constitucionales, algunos de ellos muy ilustres; pero también sabemos de los “ingenieros constitucionalistas” que en su momento trataron de influir en el manoseo de la Carta Magna. Los primeros, juristas de formación, no consiguen nunca ponerse de acuerdo en la interpretación de los textos constitucionales; pero los segundos, los ingenieros acostumbrados al manejo de presupuestos, si saben dónde cortar y poner algo provechoso.

Alguien explica que esas discordancias se deben a que la diciplina judicial no es una ciencia exacta, como lo es la ingeniería. Y a seguidas sostiene que, en el campo de la construcción, los grandes errores son una novedad. Un puente o edificio se cae por sí mismo, cada veinte o treinta años, para decir un período razonable; pero en los tribunales, eso sucede a diario.

Todos los días del mundo, un abogado prestante pierde un pleito de otro abogado tan prestante como él. Ello significa que, literalmente “en los tribunales se cae un puente diariamente”. Pero, nadie se inmuta ni habla de esas cotidianas tragedias. Y el perdedor no deja de ser prestante, y su reputación no se afecta en lo absoluto.

Para el ingeniero, sin embargo, no es lo mismo. Él cae en el descredito y tiene que responder por los daños causados. Hasta se les exige una póliza de seguro por los vicios de construcción, al igual que a los médicos se les impone un seguro por la “mala práctica”. Eso no sucede en las salas de justicia, pues los abogados tienen una especie de patente de corso.

Con estos dos ejemplos de fondo, me propongo evaluar la Constitución, claro, será desde el punto de vista de un “mecánico”, que es mi profesión. Pero no trataré de interpretar los enunciados de la Ley de Leyes sino, airear la hipocresía de los auto designados “guardianes” del Estatuto Nacional Sustantivo. Especialmente luego de haberlo “violado” o haber secundado a los violadores de ocasión.

Según los especialistas más reconocidos, la Constitución nuestra ha sido enmendada en unas cuarenta oportunidades, pero, no se ha variado sustancialmente la fundamentación política que la inspiró. O sea, que la gran mayoría de las modificaciones han sido hechas, sólo para asuntos de índole particular y/o secundarios.

Aquí es donde no entiendo el sentido de “cruzados” que se auto atribuyen los que hoy se oponen a cualquier cambio en el texto Constitucional. Y no lo comprendo porque esos mismos “cruzados”, han promovido y logrado los más diversos remiendos al manual que dicen es “sagrado e inviolable”.

Desde luego, es en las crisis políticas -como la actual- donde se revelan las falencias de los políticos y, sobre todo, el contenido ambivalente de su accionar y su discurso.

Veamos ahora, los últimos remiendos hechos al lienzo constitucional, al que el propio doctor Balaguer definió como “un pedazo de papel”. En 1994 y fruto de las argucias del equipo gobernante, se presentó un “tranque” en las elecciones. Ésto llevó el país al borde de un levantamiento popular y sobrevino un escenario donde se pudo comprobar la certeza de la tesis de Joaquín Balaguer: en verdad, la Constitución era sólo un pedazo de papel.

Y como un pedazo de papel siempre tiene espacio para escribirle algo, se le agregaron algunas notas por los lados y la parte de atrás, para recoger las demandas de las partes en pugna.  Ese nuevo acto de traición al país se denominó cobardemente, “Pacto por la Democracia” y fue apoyado por todos, los mansos y los cimarrones. Algo similar a lo que sucede cuando se viola una niña menor de edad: los padres se la entregan en matrimonio al violador y el párroco del lugar, hasta bendice la salvajada.

Aunque de eso hace mas de cinco lustros, los “cruzados constitucionales” de hoy, estuvieron presentes y fueron beneficiarios de ese asalto al texto Constitucional. Pero es muy cierto que “el tiempo es el juez de todos los conflictos”, como dice el viejo dicho y los “cruzados” apostaron a cerrar las heridas con la complicidad del calendario. El problema es que la violación se ha repetido una y otra vez.

En el año 2002 se hizo para reinstaurar la reelección. En el año 2010, para garantizar un orden institucional que permitiera contar con una útil “póliza de seguro contra incendios” en el futuro cercano, no fuera a darse el caso de que los cómplices de siempre se subleven y generen los indeseados “daños colaterales” que acompañan cada accidente sociopolítico. Nótese que la violación ahora se revistió de un ropaje de “garantías institucionales para el futuro de la nación”.

En el 2015, la violación se veía venir. En esta oportunidad, los “cruzados” jugaron un papel verdaderamente desconcertante. No sólo terminaron validando los cambios, sino que, además, exigieron una garantía de esas que los comerciantes inescrupulosos suelen usar para asegurarse el pago completo de la mercancía vendida. A cada artefacto entregado le sacan una piececilla clave, para que no pueda funcionar hasta que no se reciba el importe final.

Porque dígame usted ¿qué si no eso es un dichoso “transitorio” para que alguien no pueda seguir jugando en el futuro, aun estando en excelentes condiciones? Un perno secreto que se puso en la puerta para que no pueda ser abierta, aunque no muestra cerrojo alguno. Todavía insisten “los cruzados” en que su lucha es por la defensa de la santa Constitución, pero siguen actuando como vulgares comerciantes en un mercado persa.

¡Vaya usted a ver, cuánta desfachatez!

 

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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