La comunidad internacional y la crisis haitiana

Por Víctor Manuel Peña

La crisis global y estructural por la que atraviesa Haití rebasa la capacidad de ese país para buscarle una solución adecuada a esa crisis.

Esa crisis se manifiesta a todos los niveles, instancias y esferas de la sociedad haitiana.

Esa crisis haitiana es una verdadera crisis de gobernabilidad o ingobernabilidad, que es mucho más que una crisis de constitucionalidad.

Las bandas criminales o de criminales son las que “gobiernan” a ese empobrecido país, imponiendo su propio orden, es decir, imponiendo “las reglas del crimen, del secuestro y del asesinato”.

O sea que las bandas criminales han reemplazado el precario orden público que había en Haití por un “orden público” basado en “las reglas del crimen, del secuestro y del asesinato”.

Es como si Haití al involucionar tanto ha regresado a la fase del salvajismo de la comunidad primitiva.

Con la hegemonía del poder de las bandas criminales en Haití todo es destrucción en ese país.

Y esas bandas criminales han podido construir su propio orden porque en Haití no hay ejército y prácticamente no existe o es totalmente infuncional lo que hay de policía nacional.

Así esas bandas criminales han impuesto a sangre y fuego una situación de anarquía y de caos total en la sociedad haitiana.

La caricatura de gobierno “institucional” que hay en Haití no ha podido responder ni podrá responder, jamás, a esas bandas criminales para reinstalar el orden público hecho pedazos por las bandas de criminales.

Pero tampoco ese gobierno “institucional” está en capacidad de definir un esquema y una estrategia para enfrentar la crisis global y estructural haitiana y comenzar a salir de ella progresivamente.

En cualquier sociedad o nación, donde hay Estado y gobierno y hay un orden público construido a partir de la Constitución y de las leyes, ya esas bandas criminales hubieran sido apresadas, sometidas a la justicia y mandadas a la cárcel.

En Haití prácticamente no hay Estado ni hay gobierno.

Y para colmo el actual primer ministro haitiano está acusado de haber participado en el magnicidio de Jovenel Moise.

Y hay quienes dicen que el fenecido presidente haitiano estimuló el nacimiento de algunas de esas bandas criminales y las protegió.

Y esas bandas criminales han distorsionado y problematizado todo en Haití: la distribución y suministro de combustibles, el funcionamiento de los hospitales, las escuelas, las pocas instituciones que había o hay en Haití, el comercio con República Dominicana, etc., etc., etc.

El presente haitiano es un desorden total, una tragedia total.

Ante esa situación, la población indefensa huye despavorida hacia el Este, tratando de entrar ilegalmente a la República Dominicana, o los menos improvisan embarcaciones, tirándose al mar, para tratar de llegar a otros destinos.

Como expresión de esa crisis estructural y global haitiana hay una crisis humanitaria de grandes dimensiones en Haití.

La comunidad internacional no puede pretender que la República Dominicana cargue con esa crisis global y estructural por la que atraviesa Haití.

Demasiada solidaria ha sido siempre la República Dominicana con Haití, pero tal como dijo Luis Abinader en la ONU “no hay ni habrá, y yo agrego ni debe haber, una solución dominicana a la crisis haitiana”.

La República Dominicana, como Estado organizado y funcional, sí tiene que aplicar políticas en la línea fronteriza y en todo el territorio nacional para defender su soberanía, su seguridad y su integridad frente al terremoto de la crisis global y estructural haitiana.

No hay ni habrá ni puede haber, jamás, una fusión de los dos países que comparten esta isla del Caribe como pretenden algunos países desarrollados.

La comunidad internacional no debe soslayar, por ninguna razón del mundo, el papel que tiene que asumir ahora, y no después, para que pueda haber una salida a la crisis haitiana y restablecer el orden público que ha sido cercenado y destruido por las bandas de criminales en esa nación.

Obviamente que la comunidad internacional deberá hacer su trabajo con la participación de las fuerzas políticas y sociales de Haití.

Pero la misma comunidad internacional sabe que la crisis haitiana, global y estructural, es tan profunda que ninguna fuerza política ni social en Haití está en capacidad de buscar y garantizar por si sola una solución adecuada a esa crisis.

POR EL DOCTOR VÍCTOR MANUEL PEÑA

El autor es economista y abogado.

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