La Clase Dominante y la Justicia

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 20 de octubre, 2017

¿A qué justicia me refiero al poner la palabra justicia en el título de este artículo? Al aparato judicial del Estado que  existe en toda sociedad nacional, es decir, donde existe una sociedad política que tiene una relación dialéctica con la sociedad civil de esa comunidad (sociedad nacional), ya que son diferentes pero una deviene en la otra y viceversa. Unos sujetos durante algún tiempo forman parte sólo de la sociedad civil y están excluidos de la sociedad política, pero en otro momento pueden pasar a formar parte de esta y no dejan de formar parte de la sociedad civil, aunque a menudo creemos que los funcionarios -por serlos- no son parte de esta última, pero en realidad lo son. Ahora bien, lo importante es el tema del aparato judicial dominicano, en este caso; parece que a raíz del asesinato (que parece nadie duda) de Yuniol Ramírez el aparato judicial dominicano va a variar en  a los procedimientos penales con los delincuentes.

Estos últimos, desde hace un tiempo (sobre todo en los gobiernos del PLD y me atrevo a decir que en el de Hipólito), después de delinquir ya fuera con el narcotráfico, asesinatos, tráficos de niños, pedofilia y raterismo, estaban o han estado al socaire de las penalidades. Es decir, prácticamente a los delincuente  los tribunales los absuelven con toda facilidad, me refiero a los grandes criminales, porque entiendo que quien se roba una pierna de salamí o unas cuantas chinolas comete un delito pero no es un criminal. Sin embargo, ha habido casos de sanciones penales hasta de varios meses de prisión para personas que han cometido hechos delincuenciales menores, como estos; por otro lado, hemos visto como se han producido casos como el de Qurinito y muchos otro que, habiendo cometido grandes crímenes no cumplen condenas  importante.

En el caso de Yuniol Ramírez parece que hay una nebulosa, parece un caso difícil de esclarecer porque parece tener muchas aristas, pero debemos confiar que se va a esclarecer y para crímenes como estos debería haber cadena perpetua para los ejecutantes del mismo. Ni Yuniol ni a nadie tiene nadie el derecho de privarle de la vida, pero debemos esperar que no sea sólo contra este hecho que haya sanciones penales severas, inexorables con largos presidios en las mazmorras  como severos o inexorables han sido los asesinos contra sus víctimas, contra los funcionarios corruptos, asesinos y todo tipo de criminales, porque no podemos aspirar a vivir en justicia y ser felices en una sociedad plagada de crímenes y de tantas desigualdades. El capital para su reproducción a escala mundial se ha valido del neoliberalismo y de la globalización neoliberal bajo la hegemonía de la fracción de la clase burguesa, lo que se da hoy en día en casi todo el mundo, con la excepción de algunos países (los remanentes del socialismo después de la caída este y algunos otros como Venezuela, Ecuador y Bolivia). No podemos hacernos muchas ilusiones con la justicia, aunque el presidente Medina parece que se dio cuenta que el aparato judicial ha venido manejando tan mal, lo que en sentido figurado se puede llamar un muladar. La destitución del director de la OMSA es una señal que manda el presidente de que a partir de ahora tiene que cuidarse con quienes están a su alrededor, pero no se piense que se va a acabar con la corrupción, porque esta es sistémica, y mientras haya hegemonía del capital financiero no se espere otra cosa que mucha corrupción. No pensemos que la única responsable es la sociedad política porque de ella también son responsables los empresarios evasores de impuestos, los bancos, las entidades de servicios estatales o privadas que cobran moras  e intereses sobre moras, cuando no se le paga antes de la fecha límite.

La denuncia de la corrupción es importante, pero no es lo fundamental en un proyecto político liberador que redima de las injusticias al ser humano, porque nada resolvemos si seguimos siendo yugulados por el capital financiero como lo estamos siendo. Debemos aspirar a un mundo sin funcionarios corruptos, sin pandillas, sin falta de seguridad ciudadana, sin la proliferación frecuente de feminicidios, sin  altas tasas de suicidios y sin secuestros de niños y sin violaciones de estos, .pero no será posible si no nos liberamos de la hegemonía del capital financiero. Todo esto es sistémico y ha llegado a tales niveles que parece caótica la sociedad, aunque esta para supervivencia requiere de algún orden y sigue quedando algo de él porque si no ella colapsaría, pero se da como una suerte anomia colectiva entre muchos sujetos en la sociedad, como diría Emile Durkheim.

Pero esas tendencias caóticas de la sociedad capitalista, esa anomia colectiva que arropa a grandes contingentes de sujetos sociales en todo el mundo, no existiría sin las grandes de desigualdades sociales, y  que con el dominio del capital financiero a partir de las negociaciones de la deudas públicas por los gobiernos y la globalización de la economía inmediatamente después. Es un absurdo plantear que no existe el conflicto de clases, lo que pasa es que este ha sido comprimido (aparentemente eliminado) -como diría Marx- y no se haya extinguido, como dicen los posmodernos. La clase dominante deja de tener el control de la delincuencia, como una forma de que el Estado ahorre gastos, y a la vez reduce conquistas sociales de los trabajadores y les prohíbe a través del código de trabajo la lucha sindical, es la forma que tiene de comprimir el conflicto de clases, pero este sigue existiendo. También es un absurdo pretender que hemos llegado al fin de la historia, como lo planteó Francis Fukuyama, o bien, que vivimos en la sociedad del conocimiento y pretender dar a entender que ya no hay división de clases, como lo planteó Peter Drucker en su libro: La Sociedad Post-capitalista.

El capitalismo ha pretendido que la gente asuma la delincuencia y la corrupción como el pan nuestro de cada día, como forma de comprimir el conflicto social de clase, para poder afianzar su dominación como sistema social de división de  clases. Aunque a veces la corrupción, los crímenes, la violencia y la delincuencia saturan la atmósfera y se hace necesario poner algunas sanciones a algunos de estos actos para poder seguir con la reproducción de la sociedad como ella es en su esencia.

El caso de Yuniol, por los reclamos de que este hacía contra la corrupción estatal, es una prioridad para  el gobierno que la justicia actúe y no siga el derrotero que llevaba, tomando casi siempre un sendero tortuoso y perdiendo toda la credibilidad de los ciudadanos, pero no esperemos tanto porque es sistémica la corrupción y toda la bazofia que es el crimen, el narcotráfico, los secuestros, atracos a mano armada  feminicidios, suicidios y homicidios.

Debemos dejar que la justicia responda esta vez con toda la transparencia. Pero si queremos un mundo mejor, cuestionemos no sólo la corrupción, toquemos el fondo reclamando la revisión de las leyes de bancos y que estos sean estatales, una escala móvil de salarios para todos los trabajadores asalariados, la desprivatización de los seguros médicos, el no alargamiento del período laboral  y la no retención de los fondos de pensión por parte de entidades privadas como las AFP.

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