La Ciudad de los Monos

Por Gregory Castellanos Ruano miércoles 16 de octubre, 2019

El señor Stefan T. Meister, de origen alemán, compró parte de las tierras de Cofresí y con su esfuerzo y dedicación creó lo que llegó a ser un emporio al que bautizó desde el principio con el nombre de Ocean World, en el que se exhibían animales marinos que hacían actos de acrobacia con sus entrenadores y cuidadores humanos. Habían allí: delfines, focas, etc., todos amaestrados, que con sus peripecias eran el atractivo y el deleite del público.

Poco después la empresa del señor Meister importó también felinos: habían allí: leones y tigres en jaulas enormes, que se convirtieron en otro importante atractivo de Ocean World, pero nunca se supo de actitud alguna de agresividad de esas fieras hacia persona alguna gracias a la precaución que se tuvo de mantenerlas siempre con el estómago lleno.

El triunfo empresarial del señor Meister dio lugar a que otro empresario alemán, el señor Hans Stauffemberg, se estimulara a imitar el ejemplo del primero y, por ende, a idear e instalar un nuevo proyecto parecido, pero con simios: decidió crear lo que él llamó “La Ciudad de los Monos“ y para ello les compró a los vecinos de Ocean World en Maggiolo todas sus tierras al lado del Océano Atlántico.

Durante varios meses toda una enorme cuadrilla de obreros dirigidos por un ingeniero dominicano se dedicaron a materializar la idea que tuvo el señor Stauffemberg de crear La Ciudad de los Monos. Cerca de dos (2) kilómetros fueron dedicados a este proyecto. Se edificaron numerosas jaulas con algún ligero entorno adecuado de manera respectiva a las diferentes especies de primates que se proyectó traer. Y, efectivamente, tras ser terminadas todas las jaulas y asfaltados los caminos de dicha ciudad empezaron a llegar los encargos hechos a países de Africa, de Asia y de América y las jaulas empezaron a ser llenadas por sus elegidos pobladores. De esa manera finalmente La Ciudad de los Monos fue llenada efectivamente de monos de las más variadas especies: chimpancés, gorilas, orangutanes, titises, macacos, monos blancos, “verdes“, “rojos“, etcétera.

El nuevo atractivo demostró serlo: tanto que millares de visitantes daban vueltas paseando por La Ciudad de los Monos con los consiguientes beneficios económicos que aquella marejada de turistas le generaba a la empresa del señor Stauffemberg y éste recuperó su inversión en pocos meses y a partir de entonces todo fue ganancias.

Todo transcurrió de manera normal en el funcionamiento de dicho atractivo, hasta que un día amaneció totalmente obscuro sobre La Ciudad de los Monos: una nave extraterrestre gigantesca de exactamente dos (2) kilómetros de largo y de ancho se colocó a poca distancia del suelo, a unos cuatrocientos pies de altura sobre aquella Ciudad de los Monos. Los primeros trabajadores de la empresa que tenían que levantarse temprano para las faenas rutinarias de alimentar con bananas a los simios, y por eso dormían allí mismo, notaron que el Sol se veía con plenitud a partir de cierta distancia, más no así sobre La Ciudad de los Monos y que aquello que se había colocado encima de esta no era una nube, sino algo que ellos nunca habían visto, que ese algo era algo sólido, de metal gris brillante, con una forma aparatosa muy bien elaborada.

Mientras esos trabajadores de dicho emporio turístico-comercial se mantenían asombrados viendo aquella inmensidad colosal sobre sus cabezas, empezaron a llegar los trabajadores administrativos quienes venían viendo desde lejos aquel fenómeno con igual asombro.

Casi de inmediato se aparecieron un jeep y tres camiones militares del Ejército de la República Dominicana repletos de soldados que, fusil en manos, fueron apeándose de los camiones y procedieron a obedecer las instrucciones sobre ubicación o posicionamiento que su Comandante les estaba impartiendo desde el momento mismo en que éste se apeó del jeep.

Dicho Comandante les preguntó a los trabajadores de la empresa por el propietario de esta y ahí mismo llegaba en un lujoso vehículo dicho propietario a quien sus trabajadores señalaron.

-Comandante: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué diablo es eso que está sobre mi empresa?

-Señor   -le respondió el oficial-   como usted puede ver no se trata de algo nuestro ni de algo conocido; la información por la que estoy aquí es porque no sabemos a qué nos enfrentamos ni qué cosa persiguen los que puedan estar dentro de esa cosa.

Terminando de decir eso el militar, empezaron a llegar decenas de reporteros de canales de televisión que procedieron con sus cameramen a colocar sus cámaras enfocándolas hacia el objeto volante que allí flotaba como si no existiera la ley de la gravedad y comenzaron a reportar sobre la presencia de aquella gigantesca nave sobre el cielo de esa parte de Puerto Plata. Los reportes en cuestión empezaron a ser transmitidos por las grandes cadenas noticiosas de Estados Unidos (EE.UU.) y de todo el mundo. No había un solo hogar del planeta que no estuviese viendo la televisión para enterarse de la presencia de aquella nave extraterrestre surta en cielo puertoplateño.

De repente empezó a escucharse ante los allí presentes y en televisión una voz que tenía un marcado sello gutural que dijo:

-“Habitantes de este planeta, les habla el Comandante Cisariovf; somos del planeta Góloson situado a ciento cincuenta años luz de distancia. Nuestra misión era eminentemente exploradora, de investigación científica, pero nos hemos visto forzados a interrumpir la misma y a visibilizarnos debido a que hemos observado que en este mundo ustedes tienen cautivos a miles de ejemplares de seres vivientes de las especies que bajo esta nave se encuentran en jaulas y hemos podido determinar que esta concentración es la más grande que existe en este planeta. Como responsable de esta nave he resuelto darles a todos en este planeta un ultimátum de un día de su Sol transcurrido el cual si no liberan a todos estos seres de su cautiverio en todas las partes de este planeta realizaremos un ataque que destruirá a los puntos de su planeta que albergan mayor concentración de ustedes. Sus muertos se contarán por millones. Si aceptan nuestra exigencia deben comunicárnosla por la frecuencia de cuatrocientos treinta megaciclos antes de vencerse el día solar que empezará a correr a partir del término de esta transmisión. Después que acepten, si es que aceptan, militares nuestros descenderán de esta nave a suelo firme para confirmar que se ejecute la liberación de esta gran cantidad de seres que hay en cautiverio en esta instalación específica situada bajo nosotros. Esperamos respuesta, empieza a correr el cómputo de su día solar a partir de este mismo momento.“

Terminado aquel ultimátum los reporteros comenzaron a comentar el mismo, lo mismo que los panelistas de las respectivas televisoras de todo el mundo.

Al cabo de dos horas el Comandante militar dominicano allí apostado recibió una llamada en su teléfono celular que terminó con un:

-¡Así se hará señor!

Inmediatamente el militar le dijo al propietario de La Ciudad de los Monos que los gobiernos de todas las potencias de la Tierra habían aceptado cumplir con el ultimátum dado por el Comandante de aquella nave extraterrestre y que el Presidente de la República Dominicana instruyó al Ministro de Defensa para que colaborasen con los militares extraterrestres procediendo a liberar de inmediato a todas las especies de simios enjaulados en La Ciudad de los Monos; que ya se había hecho contacto en tal sentido con el Comandante de la nave extraterrestre a través de la frecuencia señalada por él.

-Asígneme el trabajador de más confianza suyo para que él abra cada una de las jaulas.

-Okay, no hay problema con eso, pero ¿quién me  va a compensar por esas pérdidas que con eso voy a tener, pues como usted puede apreciar aquí hay una gran inversión económica hecha nada más en la compra de cada uno de esos animales que quieren que suelten?     –Le dijo el propietario de La Ciudad de los Monos-

-No hay problema con eso, se me indicó que yo le informara a usted que usted sería indemnizado, pero ya no perdamos más tiempo y ayúdeme a ejecutar la orden que he recibido, vea usted que estamos ante una situación muy grave y muy delicada y el tiempo apremia. Los demás gobiernos del mundo les han ordenado a sus zoológicos y circos poner en libertad a todos sus monos y gorilas sin excepción. Solo faltamos nosotros y aquí en el negocio de usted es donde más simios hay enjaulados en todo el mundo.   -Le respondió el militar dominicano.-

– ¡Ay qué bueno saber que por lo menos seré compensado! ¡Martín! ¡Martín!   -Voceó el dueño de La Ciudad de los Monos llamando a su empleado de mayor confianza.-

-Dígame señor.  –Le respondió Martín tras acudir presuroso a dicho llamado.-

-Vaya con los militares jaula por jaula y ponga en libertad a todos los monos y gorilas, a todos, a todos sin excepción…

Una vez con el grupo de militares escogidos por el Comandante militar dominicano, Martín y éstos se ubicaron debajo del centro de la nave a la espera de que bajaran los militares extraterrestres. De estos bajaron de dicha nave extraterrestre ocho sujetos fornidos y de gran estatura vestidos con un traje ligero de color aluminio brillante y un casco con vidrio obscuro que les cubría el rostro; cada uno portaba un pequeño bastón en sus respectivas manos derechas que evidentemente era un tipo de arma, corporizándose de repente al lado del grupo dominicano en cuestión.

Todos los ejemplares de todas las especies fueron efectivamente liberados jaula por jaula. Una vez dichos animales se veían en libertad encaminaban sus pasos con gran rapidez  para atravesar la carretera para cruzar al otro lado hacia los montes de las montañas aledañas a Maggiolo para esconderse en la vegetación de esas lomas.

Igualmente en el resto del mundo todos los zoológicos y todos los circos pusieron en libertad a sus ejemplares.

Los ocho militares extraterrestres fueron teletransportados a su nave, la cual inmediatamente empezó a ascender hasta desaparecer de la vista… En toda la Tierra se comentaba lo sucedido.

…Tres días después:

-Martín, pero ¿qué es lo que te preocupa tanto si ya pasó todo? Todo está bien, ya no hay peligro de que esas gentes nos ataquen.  -Le preguntó y le comentó su amigo Pablo a Martín-.

-Me preocupo porque yo sé lo que yo ví; podrá haber pasado todo, pero como parece que yo fui el único que vio lo que vio nadie más ha mostrado preocupación.

-¿Qué fue lo que viste? Pues yo ví todo por televisión y no ví nada anormal ni alguien más me ha dicho que vio algo anómalo.

-Eso es lo que tú crees   -le respondió Martín-, yo estuve al lado de ésos extraterrestres más cerca que los militares dominicanos y pude ver a través del casco que cubría la cabeza de uno de ellos, porque el vidrio obscuro que le tapaba la cara se deslizó momentáneamente y en forma inesperada para él, tras tocarse con su mano derecha en el rostro e inmediatamente volvió a cerrarse, y lo que yo ví no crea que sea bueno: eso precisamente es lo que me tiene preocupado…

-Pero, ¿qué fue lo que viste? ¡Habla de por Dios!   -Volvió a preguntarle insistente el amigo de Martín a éste.-

-¡Un gorila! ¡Un gorila, fue lo que yo ví! Esos extraterrestres son iguales, idénticos a los gorilas que teníamos enjaulados en La Ciudad de los Monos; lo que quiere decir que hay un planeta habitado por simios que son más inteligentes que nosotros; y mi preocupación viene del hecho de que “ése“ comandante que amenazó con diezmar ciudades humanas parece ser que es un moderado; es decir, que si esos simios vuelven, pero con un comandante no moderado ellos no van a tolerar que nosotros existamos porque ya ellos saben que somos una amenaza latente para sus parientes de la Tierra: eso, eso es lo que me preocupa, ¿me entiendes ahora?… En la película “El planeta de los simios“ la dominación de los simios se produjo tras un conflicto nuclear entre humanos y los simios que dominan a los humanos tienen una tecnología atrasada, pero estos simios que nos visitaron son muchísimo más avanzados que nosotros, por eso veo que los humanos corremos peligro. Estamos hablando de simios que viajan a una velocidad superior a la de la luz, de simios en capacidad de amenazar, como efectivamente lo hicieron, con diezmar a la población humana de este planeta. ¡Esos que nos amenazaron son gorilas! Si entre ellos prevalece la opinión de un Urko el destino de la Humanidad será triste, incierto…

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

(Nota: Lo único cierto en todo esto es lo concerniente a Ocean World y al señor Stefan T. Meister y a los delfines, focas, leones, tigres, etc., después todo lo demás, como es obvio, es pura ficción surgida de la imaginación del autor.)

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