La calle es peligrosa

Por Manuel Hernández Villeta viernes 31 de marzo, 2017

El país está dividido. Podría parecer un absurdo que haya fragmentación, sin ningún basamento ideológico de por medio. Pero es así. Nadie se pone de acuerdo y el tremendismo se hace cargo de la vida nacional.

Es necesario hacer un alto en el camino de la sinrazón. La institucionalidad tiene que ser la norma a seguir. No puede estar el país a la deriva por falta de acción. La lucha contra la corrupción no puede caer en el sainete, y la justicia no puede tener las manos atadas.

La corrupción persiguiendo a muchos nombres se diluye. Cuando hay culpables por doquier, todos se escabullen. De ahí que es importante que una lucha contra la corrupción no termine siendo un mal espectáculo de circo.

No hay que buscar nombres ni apellidos, ni siglas de partidos políticos, todo el que haya cometido un delito debe ir a la justicia. Debe pagar por sus hechos. Por desgracia nunca en la historia reciente ha caído un político por actos de corrupción.

A los políticos los salva su propio entorno. Todos se miran en el rostro del acusado y se paran antes de que llegue a los barrotes. Es como preservar la piel de una picada. Los que han tomado de los recursos del Estado temen que mañana sean ellos los acusados. Es dejar hacer y dejar pasar.

En la lucha contra la corrupción la toma de las calles es un ingrediente vital. En países de América Latina se ha demostrado que aquel que tiene el dominio de las masas en las calles, tiene todas las de triunfar. Desde luego, lanzar la gente a las calles es una carrera que no se sabe dónde pueda terminar.

Ningún dirigente político dominicano tiene ahora mismo la fuerza suficiente para lanzar a las grandes masas a la calle. Eso sólo lo pudo hacer en nuestra historia nueva José Francisco Peña Gómez. La gente salió con el llamado a defender los militares constitucionalistas el 24 de abril de 1965 y se terminó con una guerra civil, la intervención militar de los Estados Unidos y el gobierno de los doce años del doctor Balaguer.

La lucha contra la corrupción no debe dar paso a propósitos conspirativos. Perdería su razón de ser. La justicia debe ser apoderada de todas las acusaciones y por esa vía es que se deben aplicar sanciones. La voz del pueblo es la voz de la calle, pero se dan pasos en falsos cuando el vocinglero en vez de la calle usa los callejones para adelantar planes torcidos con mal inicio y sin final. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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