La buena música es para reciclarla toda la vida

Por Carlos Martínez Márquez lunes 9 de octubre, 2017

‘’Mi música es para siempre. Quizás puedan decir eso que soy un iluso, pero mi música es para siempre’’. Bob Marley

El fenómeno musical que sello una época no pudo haber sido mejor que aquellos años ochenta. Fue música creada y producida, para que perdurara en el tiempo y el espacio. Tanto lo anglosajón como la música tropical y popular, coincidieron en ese entonces, de que lo que se hizo en términos liricos y musicales, constituiría un precedente importante, para que la música de hoy fuera un apéndice de esa corriente que prevaleció en aquellos años, con ribetes de alto quilate. La música que se hace en estos tiempos y de estilos cuasi-excéntricos, es efímera. La calidad es poco probable que la misma perdure en el gusto de la gente en los próximos veinte años.

Es precisamente en esos años ochenta que surge con agresividad el género de la música pop de habla inglesa con el astro Michael Jackson y su producción ‘’off the Wall’’, de ahí hasta los noventa, fueron apareciendo nuevos talentos como la inolvidable Whitney Houston, Madona,  e incontables artistas, que se adhirieron, a ese prolifero género que todos hasta hoy seguimos con añoranza disfrutando; están circunscritos en lo clásico.

Cada época trae consigo su crisis con características distintas; recuerdo que para finales de los ochenta y principio de los noventa, tuvimos una acentuada crisis de suministro de combustibles y apagones a granel, que termino con una estampida de Dominicanos –emigrando- a los Estados Unidos. La música, seguía, en su apogeo para mitigar esos momentos complicados en nuestras vidas y que la misma, siempre. ha estado vinculada a  sucesos políticos, social y económico, pero nada hizo cambiar, el estado de ánimo de nuestra generación, que vivimos inmersa, de todo ese contenido clásico, que dio al traste de que aún seguimos, en esa burbuja de antologías, que experimento la época, con buena música y que jamás será superada por nada de estos tiempos.

Nuestra música local de aquel entonces, todavía, la estamos reciclando, por la gran necesidad de hoy día, de escuchar calidad, en cuanto a estructura lírica musical; que la misma sea digerible en las pistas y nos llegue al alma. Vivimos en una sociedad global muy estresante y lo que menos necesitamos es música de (contrasentido), que no contribuya a enriquecer la sobriedad espiritual. Todavía tenemos esos talentos productores musicales que hicieron música de ayer. Ramón Orlando, Manuel Tejada, Sony Ovalle, Dioni Fernández, Juan Valdez, etc., para citarlos, como los más connotados exponentes de la música (en cuanto a orquestación y composiciones); el aporte fue tan grande, que todavía, estamos encerrados en esa capsula del tiempo, que nos remonta a nuestra época, donde cada quien tenía una identidad propia. Y pusieron su mejor empeño, para que esa calidad trascendiera a generaciones que ni siquiera han nacido.

La producción ‘’generaciones’’, del prolifero maestro Ramón Orlando (mi favorito), no tiene desperdicio. Esta producción, nos lleva a otra dimensión; como si el merengue en mucho tiempo no volvería a sacar la cabeza. ¡Qué bueno, que la orquestación de este álbum, le da un toque retro, con una calidad musical, a lo ‘’Santa Cecilia’’ recreada con condimentos de los años cincuenta y sesenta, donde la música e interpretación, son meramente bailables y para sentarse a escucharla. En esa producción se dieron cita los mejores músicos y arreglistas. Milly, aparece, en el primer corte musical de dicha producción y lo que escucho en los metales, es fuera de serie. Se puede bailar toda la noche, conservando el perfume y la vestimenta intacta, porque no se suda y uno no se agita. El baile forma parte de aquella buena música.

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