La anarquía haitiana

Por Manuel Hernández Villeta
La explosiva crisis haitiana no puede ser solucionada por los dominicanos. La anarquía que vive ese país no es nuestra competencia y responsabilidad. Si tiene que reforzarse la frontera e iniciar un rápido control migratorio, pero hasta ahí. Involucrarnos en soluciones internas haitianas es  un tremendo tropezón.

Cada país debe tener el gobierno y los representantes que permita o se deje imponer. Haití tiene internamente que buscar su salida entre la anarquía y la barbarie. No es nuestra culpa, ni nuestra responsabilidad, que allí se notifique un salvajismo colectivo.

Es correcto el reforzamiento de la frontera. La migración clandestina es sobre todo por razones económicas. Ahora toma el ingrediente de la intranquilidad social, lo cual traerá a más refugiados del hambre.

Ya el país ha dado demostraciones de solidaridad con Haití, ahora le toca a las grandes potencias ejercer su poder. Fue la política neo-colonialista de esas potencias, lo que llevó a Haití a la anarquía actual.  Los Estados Unidos, Francia, Canadá y otros no permitieron el surgimiento de la democracia allí, y por el contrario siempre impusieron las dictaduras.

Ya se dio una intervención, vestida de humanitaria, por parte de las Naciones Unidas, y por más de 10 años no se avanzó nada. Por el contrario,  la fuerza expedicionaria, de acuerdo a denuncias, dejó más dolores, con niñas violadas, atropellos a los derechos humanos y la transmisión de enfermedades, tan letales como el cólera.

En la anarquía actual, solo una fuerza extranjera que imponga orden, salva la situación. Siempre es odiosa la intervención militar de un país poderoso a otro pequeño. Además, nada indica que una acción de los Estados Unidos, o la ONU, va a salvar a Haití del infierno.

En ese país no hay ejército, se carece de policías, las bandas de delincuentes tienen más fuerza que el ambiente  de seguridad que aporta el Estado. Ya vimos el reciente asesinato de un primer ministro y atentados a figuras de menor nivel en el tren burocrático.

No se ve en Haití un movimiento político fuerte que pueda conducir a salir de esta situación. No hay líderes  que tengan poder de convocatoria. Solo aparecen dirigentes con fuerzas menguadas que  son impotentes para  imponer orden. En el caos, poco se gana con una convocatoria a elecciones.

Los dominicanos tienen que seguir siendo solidarios con el pueblo haitiano, pero comprendiendo que cada país tiene que resolver sus problemas internos, y que siempre las intervenciones son indelicadas y odiosas. Hay que controlar la inmigración, y  sacar de territorio nacional a todos los ilegales.  Respeto a nuestra integridad territorial y soberanía, sin meternos en la crisis haitiana. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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