Juzgando al otro

Por Manuel Hernández Villeta Jueves 26 de Enero, 2017

Para hablar del prójimo, ser jueces de sus actuaciones, primero tenemos que revisarnos nosotros mismos. Nadie puede dar cátedras morales y dictar normas de vida, si previamente no ejecuta en sí mismo lo que proclama en sus palabras.

Para exigir al otro, primero debemos pensar en nuestro sacrificio. Para apuntar con el dedo acusador, primero tenemos que ponernos las manos en el pecho y revisar que no estemos cometiendo los mismos errores. Fácil es ver lo negativo en el otro, y pontificar nuestras fallas, sin tomar en cuenta que también vamos por un camino equivocado.

Para pensar en los demás, debemos purificar nuestra conciencia. No podemos levantar una pañoleta blanca de reconciliación y amor, si por dentro nos corroe el odio, la envidia, los celos, la venganza, la maledicencia, y el deshonor.

MATEO 7 al al 5.-(1) No juzquéis, para que no seaís juzgados.-(2) Porque con el juicio que juzgaís, seréis juzgados, y con la medida con que medis, os será medido.-(3)-¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?.-(4)¿O cómo dirías a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo y he aquí la viga en el ojo tuyo?.-(5)-¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.-