Juventud y Autoridad

Por Francisco Rafael Guzmán miércoles 23 de agosto, 2017

Casi todos sabemos que la juventud es una etapa de la vida que va de los 14 a los 25 años, aunque algunos tratadista del tema la prolonguen más allá. A veces, los jóvenes piensan que ser joven es un valor muy grande, cuando en realidad es una etapa de la vida, la más interesante. Esto así por las energías vitales que tienen los jóvenes, ya que ni los adultos y ni los de la tercera edad, tienen el cúmulo de energía  que tienen los jóvenes. Pero ser joven no es ningún valor, como tampoco lo es ser niño, ser adulto o ser envejeciente, ya que son etapas de la vida humana y de la vida de los otros seres vivos.

Parecería ser que la posmodernidad, lo que se ha llamado así, se ve matizada por una rebeldía tan grande contra los valores de la modernidad. Rebeldía contra autoridad política, rebeldía contra la autoridad religiosa, rebeldía contra la auoridad educativa, rebeldía contra la autoridad del orden (policía), rebeldía contra la autoridad judicial, etc. Toda esa rebeldía estaría bien si no escapa a la verdad, si no escapa a la razón. Pero, será siempre así? Los jóvenes parecerían ser los más, por su energía tan grande, pero esta en vez de ser sinergia se convierte en anergia si no impera la razón.

Debemos pensar, aunque no aceptemos el capitalismo como sistema social, que toda la noción del orden no podemos perderla, porque para la felicidad del ser humano tiene que haber algún orden en la sociedad y no puede darse el caotismo (Jimenes Grullón en el Anti-Sábato, 1982). La rebelión contra el orden, en la época actual, no sólo abarca a los jóvenes, pero estos suelen ser los más afectados porque para la sociedad son como la levadura para el pan que no es ácimo.

Lo que está pasando en el Salvador, donde se le acusa al FMLN (partido de gobierno) y al partido Arena (partido de oposición) de recibir apoyo condicional de las pandillas Maras, se da en otros países con acusaciones a los gobernantes. Todas las acusaciones podrían ser verdades completas, o bien, unas verdades y otras mentiras, o unas verdades y otras verdades a medias o semi-verdades. Parecería que todo no puede ser verdad, entonces apostamos al caos cuando acusamos a toda autoridad política de malversar, de peculado, prevaricación y de recibir sobornos. Los gobiernos como el Rafael Correa, Chávez y Evo Morales no parecen tener la misma mística que el de Temer y el de Fujimori.

En la acción política los más jóvenes deben dejarse asesorar de los adultos, o dirigir por estos, si fuera necesario, para que el discurso político no nos lleve a un nihilismo, y con este lleguemos al caotismo. Si recusamos al FMLN de pactar con las pandillas, debemos tener una respuesta de cómo vamos integrar a la sociedad a esos jóvenes pandilleros de maras para construir una sociedad justa, lo mismo ocurriría en nuestro país. Si cuestionamos al gobiernos por sus acciones, entonces debemos dar una respuestas de cómo solucionar, no basta con decir que se castigue la corrupción si no las medidas para destruir un modelo económico que genera la corrupción, porque esta es sistémica.

 

Toda sociedad  humana, para ser tal, debe tener  las siguientes características: 1) Permanencia: los que la integran tienen que cohabitar juntos durante un tiempo duradero o indefinido en un territorio común, 2) Organización: control de la conducta colectiva (planificación),  3) Cooperación: entre quienes la integran, unos dependen de las actividades de otros y viceversa (división del trabajo), 4) Solidaridad: apego a valores en común (identidad cultural, valores patrios) y 5) Autoridad:  delegación del mando o dirección.   Cinco condiciones que debe reunir toda sociedad humana para su existencia como tal.

Autoridad no es lo mismo que poder.  Hay vasos comunicantes entre lo que es el poder  y lo que es la autoridad, pero no es lo mismo. El ex-presidente de Ecuador, Rodrigo Borja, en su obra Enciclopedia Política define el poder como el mando que se ejerce con la fuerza, lo material, el dinero; en cambio, la autoridad es el mando que se ejerce con la voluntad, con la moral.  Podríamos pensar que, como hay vasos comunicantes entre ambos, un líder político que dirige el Estado con mucha autoridad tiene que auxiliarse del poder pero sin abusar de él. Un gobierno muy factual, una dictadura, se vale en lo fundamental del dinero para comprar voluntades y de un ejército o una policía para reprimir e imponerse, pero en algún momento encuentra algún tipo de legitimación en algunos sectores sociales.

En nuestro país, y tal vez en toda la región de Latinoamérica, se está haciendo un uso del término empoderamiento (viene del verbo del inglés to empawer), que sería como apoderarse la traducción, tener cuota de poder. Quienes lo usan muy a menudo parecen no estar muy conscientes, porque parecería que creen que el significado es recusar todo autoridad y debemos tener cuidado con eso, cuando lo que debemos es desafiar un modelo económico, es decir el modelo neoliberal y ser antineoliberales. Para que el país no sea un patrimonio del capital financiero.  

 

 

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