Juventud dominicana: luchando con esperanza contra el fatalismo

Por Annettev Restituyo viernes 20 de enero, 2017

Durante toda la historia las distintas generaciones hantenido que enfrentar la realidad que les tocó vivir; tratando de buscar lamejor forma de salir a flote, a pesar de tener que presenciar los peoresescenarios, en contra de los pronósticos y la falta de base para el desarrolloy crecimiento.

Si hiciéramos una retrospectiva histórica, podríamos imaginarcómo era la atmosfera de un típico joven antes de llevarse a cabo laindependencia nacional. Jóvenes con deseos de un cambio, de salir del yugo deuna cultura muy distinta a la suya, ávidos de ver y conocer otras ideas que alo mejor solo se escuchaba de boca de aquellos que tenían la oportunidad deviajar y traer noticias de otros países que habían logrado su autonomía.Tuvieron que enfrentar su realidad con lo que tenían a mano, para tomarconciencia de llevar a cabo la transformación que ya se hacía tan necesaria.

Si observamos otro escenario: la juventud existente luego dela restauración. Con una pobreza histórica heredada y persistente, la cual fueempeorando por las constantes batallas en defensa de la soberanía, pueblosarrasados por el fuego, y la casi nula educación del ciudadano común, sumándolea esto la inestabilidad política y económica que sobrevino, y la corrupción quetenía años tomando forma. A pesar de eso, jóvenes intelectuales, de una muypequeña privilegiada parte de la sociedad, entendieron que con educación selograría levantar la nación que se acaba de restaurar. Así que parte de susaportes fue expandir la motivación al conocimiento a través de la creación declubes sociales y profesionales, entre otras.

Si seguimos escarbando en la historia encontraríamos cientosde ejemplos, que muestran que históricamente hemos sido capaces de lucharcontra esa actitud de resignación e individualidad que en nuestros días haceque jóvenes solo piensen en buscar dinero para vivir y/o abandonar losestudios, o no continuarlos.

En la actualidad tenemos otro tipo de realidad a las quevivieron estas generaciones. Seguimos con la centenaria herencia de lacorrupción y la pobreza, añadiéndole la violencia que crece en formaexponencial, ese sentimiento general deconformismo y fatalismo de muchos, creyéndose que es imposición del destino yhay que aceptar.

Sin embargo, como en toda generación existe otra corriente dejóvenes y ciudadanos que si creen es posible inculcar valores; los que crean supropio negocio y ayudan a otros a emprender, aquellos con sensibilidad social,que creen en la equidad, viendo oportunidades de mejora a su alrededor, queactúan con integridad como filosofía de vida, aprendiendo a vivir entre lahierba buena y la maleza. Esa juventud es la que lucha contra el pesimismo y laconformidad, a los que hay que apoyar.

 

 

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