Justicia y Constitución

Por Manuel Hernández Villeta

Uno de los principales temas para la agenda nacional, es comenzar a crear la institucionalidad y el respeto a la Constitución. Se dicen frases alambicadas sobre la verticalidad de las instituciones, y lo cierto es que no. En la práctica poco está institucionalizado en el país.

Si se pasa revista, en cada organismo el tema del respeto  institucional no existe. Es como si fuera un traje hecho a la medida. Los panegiristas hablan de valor  institucional, pero pocos analizan  que no se sabe dónde comienza esa verticalidad de las  instituciones  en el país.

Día a día vemos la fragilidad de instituciones se me mueven al capricho de la ocasión. El poder legislativa navega en medio de un partidismo obtuso, acusaciones de favoritismo y hasta de algún caso de manejo indelicado. Si se hace una encuesta, muy pocos dominicanos tienen confianza en las ejecuciones del Congreso.

En una ocasión se llegó a considerar que ese estamento del Estado era como un mercado persa donde todo estaba a la venta. Es famoso el caso del hombre del maletín, silencioso y sin nombre, que se pasea permanentemente por los pasillos del Congreso, y actúa cuando hay que aprobar un proyecto de ley.

En las altas cortes, cada partido tiene su cuota política. Para llegar a ocupar un cargo hay que tener el padrinazgo del sector partidario.  Eso independiente de que siempre se escogen a personas de una alta capacidad, y que en  ocasiones actúan con independencia y fe de criterios.

El sistema judicial tampoco tiene independencia. Se mueve por los hilos conductuales de una justicia que es designada por decreto. Se habla hoy de una justicia independiente, y ello es favorable a que se pueda aplicar justicia en los casos de corrupción.

En todos los estamentos de la sociedad dominicana se carece de institucionalidad, porque nadie ha tenido la intención de sentar sus bases. Nada puede ser modificado, ni remozado, si mantiene las viejas zapatas carcomidas  y que. Paras no caer,  se mueven a favor de los vientos.

Ha llegado el momento de que las Constitución deje de ser un simple pedazo de papel.  La Constitución es en principios la Carta Magna que rige nuestras vidas de manera  institucional, colectiva y privada, pero en la práctica se le trata como un libro más.

Desde ahora mismo hay que levantar la zapata del respeto a la Constitución y las leyes, para ir lentamente logrando la institucionalidad del país. Que no sean simples palabras que se las lleva el viento, cuando se hable de que se respeta la Constitución y que el país está plenamente institucionalizado.

Damos pasos hacia el camino del respeto institucional, pero el trecho es largo. Hay que romper el muñeco, que no sea un traje hecho a la medida del modelo de ocasión. Para que un país progrese debe haber una Constitución fuerte, inviolable y una justicia independiente- ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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