El juego del poder en la era de la sociedad red

Por Leonardo Gil lunes 17 de julio, 2017

En esta sociedad mundial interconectada y reducida a una aldea global, el poder político y económico ya no es como era antes. El venezolano Moisés Naím, en su best seller El Fin del Poder -libro que recomendó Mark Zuckerberg en su club de lectura online-, nos dice que el poder no solo  está cambiando de manos  sino también que está cambiando  de forma; “se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho, mucho, más fácil de perder”.    Él nos dice que esto no necesariamente supone que las estructuras tradicionales, las grandes hegemonías políticas, empresariales e ideológicas hayan perdido todo su poder, pero sí que tienen que adaptarse y acostumbrarse a convivir con un contrapoder creciente, formado hoy por millones de ciudadanos conectados a una red digital alrededor del mundo y que se han  convertidos en agentes claves en esta sociedad cambiante.  “El poder, como la energía, no se crea ni se destruye… pero irremediablemente se disemina entre una multitud de agentes, de micropoderes”, dice Naím.

 

Los ciudadanos, en la era de la Sociedad Red, están relacionados e informados como nunca antes, están tomando en aguas de ríos desbordados de información donde nada se oculta y todo sale a la luz.  Estos nuevos ciudadanos son cada vez más críticos, más exigentes, mas desconfiados y más reactivos. Ya no se limitan a observar la realidad de forma pasiva, sino que también han desarrollado su capacidad de acción. Ciudadanos empoderados que, a la hora de votar, se convierten en electores complejos, imprevisibles, hostiles y refractarios.

El voto ya no es un premio… es un castigo. Estas tendencias de comportamiento electoral se repiten alrededor del mundo: disminuye la fidelidad del voto a los partidos, aumenta la importancia de los liderazgos personales, pero también aumentan la volatilidad, la fragmentación y la indecisión o el retraso en la decisión.

 

La desafección y el descrédito de los políticos y de la política crecen en todo el mundo. Todo aquello que lleva la palabra política o político genera rechazo.  Slavoj Zizek observa que “asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la posmoderna ‘pospolítica’, ya no solo reprime lo político, intentando contenerlo y pacificar la reemergencia de lo reprimido, sino que, con mayor eficacia, lo excluye”. No solo estamos, entonces, ante el fin del poder, sino también ante el fin de la política tal como la conocíamos.

 

Este nuevo ciudadano-elector está, además, sometido a un promedio de 3,000 impactos publicitarios diarios; un fenómeno que algunos expertos han llamado infoxicación. La publicidad ha perdido peso y terreno, ya no cambia percepciones, ni actitudes o conductas. Tiene tasas de retorno cada vez más ineficientes y la televisión ha perdido su peso hegemónico. Ante una sociedad de audiencias múltiples y diversas, de espectadores “multipantalla” y “multiformato”, se necesita menos publicidad y más comunicación.

Con este panorama, la política y las campañas actuales pronto cederán a una nueva manera de ver, de pensar, de hacer y de comunicar: la micro política, la política de lo que aparentemente es pequeño, local y personal.

Si la sociedad,  ha cambiado y está cambiando, la política también tiene que hacerlo.

 

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