Juan Carlos Mieses

Por Ramón Saba jueves 21 de noviembre, 2019

Nació el 22 de abril de 1947 en el Seibo. Su nombre completo es Juan Carlos Mieses Sánchez.

Poeta, narrador, ensayista, actor, dramaturgo y profesor. Se graduó de bachiller en Filosofía y Letras y en la Universidad Toulouse-Le Mirail, Francia, terminó una Licenciatura en Letras Modernas. Fue profesor de Lengua española y de francés en el Colegio Antera Mota; actor de Teatro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo; trabajó como técnico de Lengua Francesa en el Ministerio de Educación; traductor francés-inglés en el Ministerio de Agricultura; profesor de francés en la Alianza Francesa de Santo Domingo; autor teatral de planta del grupo de Nuevo Teatro; libretista de espectáculos musicales y editor online independiente. Ha sido disertante y panelista en muchas ocasiones, entre ellas en la Fundación Corripio, Alianza Francesa, Feria del Libro de El Seibo, Feria del Libro de Hato Mayor, Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, Feria del Libro Monte Plata y en cada ocasión de la puesta en circulación de sus libros.

Juan Carlos Mieses forma parte de la Promoción del 70, conocida como “Los setentistas”, compartiendo espacio con otros importantes escritores de esa misma generación, como Aquiles Julián, Raúl Bartolomé, René Rodríguez Soriano, Juan Freddy Armando, Armando Almánzar-Botello, Jeannette Miller, Cayo Claudio Espinal, Radamés Reyes Vásquez, Pedro Pablo Fernández y Diómedes Núñez Polanco, entre varios más.

Juan Carlos Mieses

En su haber bibliográfico se encuentran títulos de varios géneros. Poesía: “Urbi et orbi”; “Flagellum dei”; “Aquí, el edén”; Dulce et decorum est”; “Gaia”; “Desde las islas”; “Oda al nuevo mundo”; “Apocriphus” y “Camino sobre la mar”. Teatro: “La cruz y el cetro”. Novela: “El día de todos” y “Las palomas de la guerra”. Ensayo: “Apología de las palabras” y “Caminos como agua”. Cuento: “La resurrección del Dr. Blagger”. Antología: “Absolución de étèrne. Ha publicado cuentos, ensayos y poemas en revistas y medios electrónicos y su nombre figura en importantes antologías.

Juan Carlos Mieses ha sido merecedor de importantes premios y reconocimientos, entre los que podemos mencionar el Premio Siboney de Poesía 1993, Premio Siboney de Poesía 1995, Premio Pedro Henríquez Ureña de Poesía 1991, Premio FAO de cuentos 1984, Premio Internacional de Poesía Caribeña Nicolás Guillén 2001 en México y Cuba y Premio Nacional de Ensayo 2013.

El escritor René Rodríguez Soriano ha dicho sobre Juan Carlos Mieses con sobrada recurrencia que le gustan, le seducen, le sacuden, le enternecen y destornillan las palabras; soy débil por ellas. Sobre todo, por su tableteo o el rítmico bailoteo con el que brotan del teclado o de los escaparates y botellas al mar. Juan Carlos Mieses lo sabe. Las manipula. Arteramente, con alevosía y asechanza, las articula y las echa a andar como luciérnagas o como daos. Flechas veloces, encendidas. Cuneiformes, voraces, seductoras y cáusticas. Cautas y atrevidas. Palabras como agua, fuego, luz, resistencia y andar. Caminos y aguaceros. Viniendo de las aguas del poema, donde ha domeñado con destreza y argucia la lengua y el lenguaje, pasando por la novela y el relato, Juan Carlos Mieses nos asedia ahora desde las estancias del ensayo, para hacernos reposar y rebosar en las orillas de sus reflexiones y disensiones. De Aristóteles a Avilés Blonda o desde Santa Cruz del Seybo al puerto de Sunda Kelapa, las palabras de Juan Carlos Mieses nos atan a las páginas de un libro que nos invita y conmina a leer más, querer más.

El escritos Carlos Vásquez- Zawadzki nos cuenta que lo conoció en un vuelo de Air France, en octubre de 1969, que los llevaría a la iluminada región d’Oc de trovadores y juglares y cortes de amor –misma de los Marcabru , Rudel, Vidal, Daniel, Ventadour… errantes poetas medievales que entretejerán la voz y sus composiciones literarias a la voz y los instrumentos musicales de los juglares, abordarán y asumirán nuevas temáticas pero asimismo inéditos imaginarios del amor que marcarán la cultura occidental hasta el presente… presente que un día será eco vital y estético de la escritura poética de Juan Carlos Mieses. En su vuelo Bogotá – París – Toulouse, Juan Carlos les recitaría diálogos y secuencias memoriosos y fascinantes de las obras de Molière… Venía de ser actor del Teatro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo durante los años de 1966 a 1969. En Toulouse, adelantarían estudios literarios por varios años, guardando como recuerdos preciosos las voces de los maestros y amigos Gila, Carassus, Couffignal… como también la algarabía liberadora posterior a mayo de 1968 y las vivencias maravillosas de la ciudad rosada de Toulouse. A su regreso a la República Dominicana en el universo histórico y sociocultural del Caribe –más adelante continuaría su errancia por diferentes países y Continentes- reiniciaría una significativa obra poética de dimensión nacional e iberoamericana, obra comenzada con textos de juventud publicados en la página literaria del Listín Diario, dirigida en ese entonces por Pedro Contín Aybar.

Finalmente, el escritor José Alcántara Almánzar recuerda que desde sus inicios, Juan Carlos Mieses demostró ser un escritor culto, reflexivo, desdeñoso de las fórmalas al uso, hacedor de textos transparentes, ajenos a toda pirotecnia verbal e ideológica, cuyas abundantes lecturas y experiencias en otras culturas, así como sus viajes y estancias en varios países le han permitido enriquecer nociones de la vida y crear un universo personal que se resiste al encasillamiento: tal es la decantación de materiales diversos que trabaja con paciencia de orfebre. En todo caso, su obra –en la que hay evidentes egos de la poesía universal, desde los griegos hasta nuestros días–, es un tributo a la naturaleza, la memoria, los sentidos, el ser, la conciencia, la idiosincrasia nacional que el autor busca con amplia mirada en un lejano pretérito o un presente de tristes contrastes. Si ha recurrido al latín para titular la mayoría de sus poemarios, en cierto modo obedece a su vocación de eternidad, y lo ha hecho por ser el latín una lengua muerta y por tanto inmutable, anclada en los meandros de la historia de la civilización occidental y por ser madre de las lenguas romances. Sus idealizaciones platónicas son recursos dialécticos en busca de trascendencia, ese anhelo de verdad y de belleza que permanece oculto tras las imágenes del mundo exterior. Su poesía apela a nociones abstractas, mundos exóticos y lejanos, realidades sepultadas en el pasado, y a veces sus versos poseen una resonancia bíblica, un sabor clásico, pausado y rotundo.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un poema de Juan Carlos Mieses:

 

Oda al bosque

 Una vez hubo un bosque de pinos susurrantes

entre aquellas colinas desolladas.

¿Dónde nace la vida?
¿Dónde la magia que transforma los ropajes del fuego
en carne que palpita,
en sangre que se escurre,
en beso que renace,
en árbol que se yergue,
en pastizales que sueñan la pradera,
en un latir común
como savia de toda la foresta?

¿Quién afirma estar solo?
¿Quién ignora que muere en cierta forma
–inmensamente verde–
cuando fallece el bosque?

¿Quién no sabe que sangra
cuando el árbol perece bajo el hacha o el fuego?

¿Quién dice que no sueña
cuando la selva duerme bajo un manto de niebla
como sabana grande de silencios?

Por Ramón Saba

 

 

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