Juan Bosch: Un hombre de siempre

Por Jeovanny Terrero viernes 28 de junio, 2019

Para recordar al líder. En sus 110 años de su nacimiento.  “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Juan Bosch. Nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan, Puerto Rico, a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer que fuerzas mueven, y como la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás.

Ese fue Juan Bosch, y para él, lo más importante en su vida le sucedió antes de cumplir 29 años de edad, y fue su encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía para ese entonces 35 años de muerto.

El encuentro se debió al azar, pues buscando trabajo lo encontró como supervisor del traslado a maquinilla de todos los originales de aquel maestro de excepciones, que escribió desde un texto de geografía para escolares del primer grado de la escuela primaria hasta un tratado de Derecho Constitucional o uno de moral social, todo eso mientras luchaba desde Nueva York hasta Chile por la libertad de Cuba y de Puerto Rico o creaba en Santo Domingo la Escuela Normal y en Puerto Rico, la liga de los Patriotas.

Hasta ese momento Juan Emilio Bosch Gaviño, con apenas 29 años, había vivido con una carga agobiante de deseos de ser útil a su pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latinoamericano, pero para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales, y él mismo se preguntaba, que cómo podía saber cuáles eran esas condiciones y cómo se las formaba uno mismo sino las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído.

La respuesta a todas sus inquietudes, que a menudo lo ahogaban en un mar de angustias, se la dio Eugenio María de Hostos 35 años después de haber muerto.

Y fue a través de su obra, de sus cartas, de papeles que iban revelándole día tras día su intimidad; de manera, que Juan Bosch a temprana edad tuvo la oportunidad o fortuna como el mismo nos dice en sus obras completas–, de vivir en las entrañas mismas de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer en sus matices más personales el origen y el desarrollo de sus sentimientos.

He ahí brevemente el inicio de la vida de un hombre de siempre, que con sobrada razón nos dijo lo siguiente. “Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: Nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan Puerto Rico en 1938”.

Hoy lo recordamos como el estadista que predicó con el ejemplo, el apóstol que no hizo caso a la riqueza material, el líder que dedicó vida y talento al servicio de los demás, el pedagogo que enseñó al pueblo dominicano a conocer no sólo la causa de sus males, sino también a discernir en función de poder saber y desentrañar lo que se ve, y lo que no se ve en el ejercicio de la política.

Al cumplirse  un  año más  de su nacimiento, las ideas políticas contenidas en sus más de 50 obras no son patrimonio del Partido de la Liberación Dominicana, don Juan trasciende el PLD, el pensamiento de él se conoce en el mundo entero, y el mejor homenaje que le podemos rendir es continuar su ejemplo. Y fomentar la unidad en tiempo de crisis.

Por Jeovanny Terrero

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