Jonrón del Procurador por los 411

Por Elvis Valoy sábado 21 de enero, 2017

En nuestro país se ha desarrollado por varios siglos una cultura de la corrupción, lastre del cual está imbuida una gran parte de la población que considera un tonto a quien no usa artimañas para lograr riqueza fácil.

El mal de la corrupción se mantiene agravado debido a la incapacidad del capitalismo dominicano de generar ascenso social a través de vías institucionales.

A esta tragedia social se agrega la eterna acumulación originaria, que en sociedades desarrollada fue un fenómeno histórico que ya pasó, mientras que aquí es un leitmotiv que parece nunca desaparecerá.

De la acumulación originaria abominable no escapa la gran oligarquía dominicana, que ha transitado por una historia borrascosa, pues no hubo gobierno del siglo XIX y principio del XX, que este grupo de privilegiados no lo haya expoliado, extorsionado, acumulando enormes fortunas a costa del despojo al Estado Dominicano.

Atisbos de esa realidad, y con grandes conocimientos de causa conminaron a Don Rafael Herrera, a decir en uno de esos enjundiosos editoriales a los que nos tenía acostumbrado que,…”aquí todos somos corruptos…”.

El cáncer de la corrupción está presente tanto en la vida pública como privada de nuestra nación, y la metástasis es de tal envergadura que el que no es corrupto, es corrompido por todo un sistema que dice presente en cada intersticio de la sociedad.

El doctor Joaquín Balaguer llegó a expresar siendo presidente, que para encontrar un hombre honesto tendría que traerlo de Suiza, pues dentro de sus huestes gubernamentales era infructuoso hallarlo, ya que ni con la lámpara con que Diógenes de Sinope lo buscó en la antigua Grecia lo encontraría.

El profesor Juan Bosch le impregnó a su partido una mística de transparencia y honestidad, que comenzó con él como ejemplo, a quien el boato y el brillo del oro corruptor no lo extasiaban.

Pero lamentablemente esa prédica boschista ha sido violada y lanzada al zafacón por muchos, que abandonaron las enseñanzas del fundador del PLD, inmediatamente probaron las mieles del poder, convirtiéndose en seres irreconocibles.

Pero a las prácticas corruptas de algunas gentes se bifurca la doble moral de otras, que imitando al Dios Jano, exhiben varias caras, salvaguardándose al Todopoderoso rogando, pero con el mazo dando.

 

Para muestra de estos moralistas de hojalata basta el affaire de la constructora Odebrecht, en donde voces agoreras se mantienen señalando hasta el paroxismo la búsqueda de “impunidad” de implicados en el expediente.

 

Lo irónico de todo esto es que muchos de ellos sirvieron el pan de su mesa con las jugosas sumas de dinero salidas de las nóminas de la empresa brasileña, “buscándoselas” como organizadores de concursos.

 

De ahí que no resulte exagerado ver el gran parecido que tienen estas voces al buey, animal extrañísimo que va defecando y no lo siente, ni tampoco se da por aludido.

 

Estos grupejos minoritarios y de doble rasero no se callaron con su perversa campaña en contra de las autoridades gubernamentales, acusándola de contubernio con señalados en el caso de Odebrecht.

 

Pero el tiempo se encarga de poner cada cosa en su lugar. El caso fue a la justicia, y Jean Alain Rodríguez imitando a esos peloteros que se cuadran feísimo en la caja de bateo, pero que cuando le pegan a la bola, el tablazo que producen es un vuela cerca, el mandamás de la procuraduría logró exitosos resultados.

 

Con su actuación, el procurador general de la República, para bien de todo el país logró desagraviar a la nación. Le impuso una carga económica de 184 millones de dólares a Odebrecht que recompensa el gran daño infligido por el consorcio constructor.

 

Pero los desmanes de la corporación brasileña no se queda ahí, pues las autoridades judiciales allanaron las oficinas de Odebrecht en la capital, algo que demuestra el empeño del Ministerio Público en llevar al banquillo de los acusados a los responsables del desfalco, y que no se hizo en ningún otro país envuelto en este bochornoso proceso.

 

La justicia ha interrogado a toda la gente que de una manera u otra estuvieron al frente de instituciones en la que la que Odebrecht repartía coimas.

 

A diferencia de las demás naciones, en donde se han buscado chivos expiatorios para lograr ventajas politiqueras, en nuestro país se le ha dado seguimiento histórico al delito que envuelve a la compañía brasileña, como forma de tener una visión general del problema y sus cómplices.

 

Este eficiente y honesto funcionario, jefe de la justicia, ha demostrado que no se anda por las ramas a la hora de demostrar que en la defensa de los sacrosantos intereses del pueblo dominicano no escatima esfuerzo alguno en la persecución de las personas que quebrantan la ley.

 

Ahí están los resultados llevados a cabo por Rodríguez en la investigación de Odebrecht, en donde la constructora resarcirá a nuestra nación con millones de dólares, equivalente al doble de la estafa realizada.

 

Ningún país de los involucrados en el escándalo de la firma carioca ha logrado la indemnización obtenida por la República Dominicana.

 

Pero aun no es caso cerrado el de Odebrecht, pues al mismo tiempo Rodríguez dijo que continuará con la persecución y su sometimiento a la justicia de los sospechosos de soborno. Otras naciones, como Panamá, quieren tomar el modelo dominicano para hacer justicia en este hecho de peculado.

Lo logrado por el magistrado jefe del Ministerio Público le llaman en el argot beisbolero dominicano, conectar un jonrón por los 411 del estadio Quisqueya…¡y con las bases llenas!

El procurador ha demostrado tener puños de hierro, y desde ahora puede solazarse y decir orondo para sus adentros: “Misión cumplida”. Solo falta aplicarle todo el peso de la ley a los que sobornaron y los que aceptaron el dinero.

Pero igualmente hay que reconocer la decisión de transparencia y honestidad que desde el primer momento expresó el Poder Ejecutivo, con el presidente Danilo Medina a la cabeza, que en ningún momento entorpecieron las investigaciones que se han venido realizando.

Con las acciones tanto del Ministerio Público como del gobierno se van sentando las bases para desmantelar la cultura de la corrupción que impera en nuestro país, y que tanto daño nos hace.