“Joker”: la locura de un payaso

Por Yasser Medina viernes 11 de octubre, 2019

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Los orígenes de Guasón, el popular archienemigo de Batman, constituye, a mi juicio, una incógnita encerrada en un problema sin solución aparente. Desde su creación en los cómics norteamericanos en manos de Jerry Robinson, Bill Finger y Bob Kane y luego pasando por el cine en cuatro películas, pocas veces se ha planteado el origen de su alienación, dejándolo al acecho de un vacío en el que abunda una escasez de información que no permite responder las principales preguntas relacionadas con su imagen de criminal psicópata, su retorcido sentido del humor y su eterno amor por la anarquía. Ni siquiera su nombre verdadero se ha confirmado. Por suerte, el director Todd Phillips pretende responderlas en su más reciente película titulada “Joker”, con la cual reformula todo lo que conocemos sobre el personaje y termina desmitificando la túnica de misterio que moldea su personalidad.

La película de Phillips, quien firma el guion junto a Scott Silver y es conocido principalmente por sus comedias de “The Hangover”, me parece un estudio perturbador sobre el guasón, construido con la crónica de un ciudadano torturado que habita una sociedad que lo excluye por su condición social y su frágil salud mental, algo que se compensa de inmediato con la actuación meticulosa de Joaquín Phoenix cuando se transforma física y psicológicamente para describir los impulsos macabros que invaden el cerebro resquebrajado de Arthur Fleck (como se llama el protagonista). No dudo ni por un segundo que la interpretación de Phoenix se trata de una de las más complejas del año. Asimismo percibo un material de denuncia que manifiesta las raíces de un mundo hundido en el fango de la moralidad, donde la gente ignorada por los medios, incapaz de exigir sus derechos, transitan por la inequidad y la miseria. La forma en la que aborda las trampas de la locura que encarcelan a Arthur la separa, inmediatamente, de las narrativas que usualmente se alojan en el género de superhéroes.

El argumento de la película coloca los eventos en la Ciudad Gótica de los años ochenta, antes de que Arthur Fleck (Joaquín Phoenix) termine convirtiéndose en Guasón. Arthur es un hombre de algunos cuarenta años, solitario, propenso a recibir golpizas de unos bravucones aburridos cuando trabaja vestido de payaso en las afueras de los negocios. Vive con su madre enfermiza, Penny Fleck (Frances Conroy), a la que cuida con delicadeza cuando se encuentra postrada en la cama. Todos los días se enfrenta a la misma incertidumbre. Por las mañanas es un bromista que se gana la vida haciendo reír a una muchedumbre que habitualmente lo ignora, mientras que por las noches intenta escapar de la mediocridad para cumplir sus sueños de ser comediante. Por momentos lo invade la terrible sensación de que la crueldad y el desprecio, así como su adaptación en un sistema que agudiza su depresión y su vulnerabilidad, es una farsa, como si su propia existencia es parte de una broma infinita.

Joaquín Phoenix, quien bajó de peso hasta quedar tan escuálido como un esqueleto, consigue ponerme en una fase de pánico cuando me doy cuenta de lo que es capaz de hacer como actor. Logra una de sus mejores actuaciones como el bufón del crimen. No hay una sola escena en la que no me invada la turbación cuando se hace palpable el descenso hacia la demencia de su personaje. Es una actuación orgánica, metódica, tridimensional, que muestra, sin muchos tapujos, cómo funciona la mente de Guasón.

La película de Phillips me impacta cuando me pasea por las distintas etapas de violencia que atraviesa el atormentado Guasón de Phoenix. Mantiene un ritmo que es constante, fabrica secuencias memorables que se sintonizan estupendamente con la partitura musical de Hildur Guðnadóttir y con una ambientación fiel a la descripción del período. Se trata de una visión humanizada, original e, irónicamente, muy seria sobre el infame payaso.

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