Johnny Abbes, no fue el único

Por Florentino Paredes Reyes jueves 8 de agosto, 2019

Cuando se habla o se escribe de los organismos de represión que utilizó la dictadura de Trujillo, se menciona como único cuerpo, el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y se repite hasta la saciedad el nombre de Johnny Abbes García, como su director.

A Johnny Abbes, se le acusa de forma errónea de ser la cabeza de los cuerpos represivos que por más de treinta años sirvieron de establecimiento y sostenimiento de la dictadura. Es presentado como el hombre malo que perseguía, torturaba y desaparecía a todos cuantos no aceptaran las vejaciones a que el régimen sometía a sus opositores reales o imaginarios. La historia y su estudio, no puede ser interesada, descartando unos personajes y resaltando otros. Lo que a mi juicio sucede con este personaje.

Como maestro de historia, creo que los protagonistas y los hechos, deben ser exhibidos a las presentes generaciones, con objetividad y análisis, porque las ciencias sociales, no debe ser limitada a fechas, lugares y hechos que se depositan en la memoria de los estudiantes cual tabula rasa, exenta de cuestionamientos. La historia de hoy debe ser estudiada basada en el análisis lógico, para que los estudiantes la comprendan y se interesen por ella.

De Abbes García se escribe y habla tanto, que a nadie se le ocurre pensar que este muchacho sólo estuvo al frente de dicho organismo por menos de tres años, cuando la dictadura duró más de treinta y mató por cuestiones políticas unas 50, 000 personas. Por más de 27 años, otros fueron los que torturaron, persiguieron y mataron a todos los opositores del régimen, pero nadie los menciona, y lo que es peor, ellos y algunos de sus familiares han sido considerados hasta héroes nacionales.

Aunque el Servicio de Inteligencia Militar recibió ese nombre a partir del 1957, Trujillo mantuvo equipos represivos y de espionaje mucho antes de formalizar sus aspiraciones a la presidencia de la República.

Ese equipo tuvo como primera medida, disuadir con plata o plomo a sus adversarios políticos, obligándoles a marchar al destierro, a la cárcel o al sepulcro. Llegado el día de las elecciones, sólo dos personas mantuvieron sus aspiraciones, Trujillo y su vicepresidente Rafael Estrella Ureña.

¨La confederación de Partidos¨ que aglutinó el Partido Liberal, el Partido Republicano, el Partido Obrero Independiente y otras pequeñas fuerzas, instalaron en el poder el 16 de mayo del 1930 a Trujillo, quien de inmediato formalizó los cuerpos represivos de su gobierno, denominados la 42 y la 44, compuestos por incondicionales del ejército y de la sociedad civil, que se encargaron de sumir al país en un estado de pánico y de terror, eliminando todo intento de subversión.

En estos momentos ¨donde el gobierno debía trillar los senderos de incuestionable autoridad¨, como dijo Trujillo, se necesitaba demostrar poder y determinación. Fueron sus primeros crímenes, el de Virgilio Martínez Reyna y su esposa Altagracia Almánzar. Así como el de Cipriano Bencosme y Desiderio Arias.

Entre los primeros hombres que sirvieron de manera incondicional a Trujillo, podemos encontrar al general José Estrella (tío de Rafael Estrella Ureña), quien fue el autor intelectual de la muerte de Virgilio Martínez Reyna y su esposa, un acto terrorífico ejecutado con crueldad y saña estremecedora que sacudió la nación, quien posterior al hecho fue nombrado ¨Comisionado Especial del presidente de la República en el Cibao¨, desde donde cometió atrocidades inimaginables en favor del régimen.

José Estrella permaneció influyente y poderoso, siendo uno de los perros de caza de Trujillo. Fueron tantos los que cayeron por su odio o venganza, tanta su indiferencia ante el suplicio, que fue un espectro de la muerte. Un ser sanguinario, sin moralidad, que hizo de la crueldad su carácter y adoptó la delación como norma.

Durante los diez años de mando absoluto en el Cibao, solo podemos recordar los sancochos de las siete carnes (muchas de las cuales no se sabían de qué eran, pero las podemos imaginar), que quedaron grabados en el subconsciente del dominicano, pero ignoran su referencia histórica. Siendo útil para todo lo malo, se convirtió en un maestro refinado del crimen, al que Abbes, no le llegaba ni por los ruedos. Lo penoso es que, en un recorrido histórico, nuestros historiadores, poco o nada dicen sobre este personaje.

Sin duda alguna que Johnny Abbes no había nacido cuando Ludovino Fernández, padre del coronel Rafael Thomas Fernández Domínguez, tenía a la República Dominicana sumida en el terror, llegando a pasar de despiadado a cruel.

Ludovino, sirvió de manera incondicional hasta el día de su muerte los caprichos del jefe, como se le apodaba a Trujillo, fue una de las piezas claves en la consolidación de la dictadura, fue la mano dura contra quienes ofrecieron algún tipo de resistencia a la megalomanía de Trujillo. Ludovino integró los servicios de inteligencia desde el establecimiento de la dictadura hasta mediados de abril del 1958, cuando fue asesinado por el coronel Luis Ney Lluberes.

Para ser más específicos, Ludovino sirvió al régimen por 28 años y entre sus hechos más sobresalientes podemos recordar el asesinado del brujo Eudes Maldonado y el grupo de muchachos que asaltaron al Royal Bank of Cánada en Santiago en 1954, los que fueron exhibidos en la vía pública, ante el asombro de los santiagueros.

Ludovino Fernández fue uno de los mejores comandantes y primeros generales de Trujillo, quien allanaba los caminos en las apropiaciones de terrenos, ganado y empresas que tanto gustaban al sátrapa, pero el olvido selectivo de nuestros historiadores ha hecho que su nombre figure en alguna de nuestras vías públicas, como ejemplo de honorabilidad.

Otra de las figuras claves en el sostenimiento de la Dictadura, muy por encima de Johnny Abbes, es la del Teniente General Fausto Caamaño Medina, quien fue un íntimo y leal amigo de Trujillo, a tal nivel, que fue el único no miembro de la familia  Trujillo, que ocupó la Jefatura del Estado Mayor del Ejército.

El compromiso de este militar con el régimen era tal, que Trujillo le ordenó matar a su hermano, Aníbal Julio Trujillo Molina (el hermano loco del jefe), por las diferencias que había entre ellos.

Estuvo al lado de Trujillo durante el tiempo que permaneció este régimen, pero para cubrir la espalda de su hijo (Francisco Alberto Caamaño Deñó, el edecán de Ranfys Trujillo y hoy héroe Nacional), no publican ni su biografía, en un intento desesperado de borrar los suplicios de los miles de dominicanos, que sufrieron las barbaridades de este incondicional del régimen.

Teniendo como objetivo educar y nunca olvidar, es bueno resaltar que Johnny Abbes fue designado el 28 de mayo del 1958 director Nacional de Seguridad, lo que posteriormente se llamó Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Que no es cierto que fue el director de dicho cuerpo represivo durante toda la era de Trujillo, como dicen todos los que escriben o comentan esta parte de nuestra historia, con la malsana intención de encubrir a grandes criminales como los ejecutores de la Matanza de los haitianos en 1937.

Uno de los grandes colaboradores y más fiel de sus seguidores de Trujillo, lo fue el general Anselmo Antonio Paulino Álvarez (ojo de Vidrio), jefe de la inteligencia militar del Ejército Nacional y llegó a ser considerado el número dos en el poder de la República Dominicana.

Desde noviembre de 1947 hasta 1954 ejerció todo el poder en nombre de Trujillo, fue supervisor de la Policía Nacional, de la Policía Especial de Carreteras, Inspector de las órdenes del poder Ejecutivo y hasta financió la campaña del Primer Ministro de Haití, Elie Lescot, quien luego se convirtió en presidente. Sin embargo, de Anselmo es muy poco lo que se escribe, aupando la figura de quinta categoría Johnny Abbes.

El general Arturo Espaillat, oriundo de La Vega y conocido popularmente como Navajita o Gillette (por sus crueldades al momento de torturar), fue otro de los grandes directores del Servicio de Inteligencia Militar (cuando fue oficialmente creado en 1957).

Contaba con una red de espías que intimidaba, torturaba y mataba a todos cuantos se creyeran fuesen contrarios al gobierno. Considerado uno de los hombres duros de Trujillo, puedo resaltar que entre sus hazañas figura, el secuestro a Jesús de Galíndez Suarez, en New York y la desaparición de todos los implicados en dicha acción (consientes o no del hecho).

Sirvió de manera impune los 31 años de la dictadura. Fue una de piezas claves en su establecimiento, consolidación y permanencia, así como en la desarticulación y captura de los que complotaron en el ajusticiamiento del tirano.

Fue enviado a Canadá por Joaquín Balaguer, ya que fue el único país que le ofreció acogida por los crímenes y secuestros en que estuvo involucrado durante la era de Trujillo. Terminando sus días de manera impune y olvidado por quienes escriben de manera selectivo los hechos históricos en nuestro país. Era todo un especialista en los métodos sofisticados de tortura.

Dentro de una camarilla de obtentores de información en el casco urbano, podemos colocar a Johnny Abbes, quien junto a otros de tercera categoría como Luis Omero Lajara, Luis José León Estévez, Cesar Rodríguez Villeta, Cándido Torres, José Ángel Rodríguez Villa, buscaban por medio de sus servicios, ser tomados en cuenta y pertenecer al círculo de los aduladores incondicionales de Trujillo.

Estos muchachos, sirvieron al régimen, en momentos en que la sociedad dominicana había vivido más de dos décadas atemorizada por otros verdugos que fueron los maestros inspiradores de estos nóveles sucesores, cuando Trujillo se paseaba sin escoltas por cualquier vía pública y hasta se marchaba por semanas del país, en sus correrías amorosas, amparado en el terror que había hecho nidos en la psiquis del dominicano.

Estuvieron cerca, pero no dentro del circulo, ya que su función era el trabajo sucio que, en la escala de mando, se les deja a los postulantes, y que como Luis José León Estévez (primer esposo de Angelita Trujillo), no logró conservar su estatus, aunque entró a formar parte de la familia.

Johnny Abbes fue un punto, en el infinito de incondicionales de Trujillo, que el olvido selectivo de las tintas pagadas recuerda en términos superlativos. Fue un brabucón que quiso hacerse importante en un excesivo servicio de delaciones conspirativas, muchas de las cuales sólo existían en su mente.

Dirigió el Servicio de Inteligencia, justo cuando el más importante proyecto fue planificado y ejecutado (el ajusticiamiento del tirano), demostrando con el éxito de esa operación, su incapacidad como director y la ineficiencia de su agencia.

No pretendo defenderlo, pero si vamos a ser justos, coherentes y analíticos, presentemos la historia completa y no estemos repitiendo que los servicios de inteligencia del régimen fueron dirigidos únicamente por Johnny Abbes, porque entre los torturadores e implacables defensores de Generalísimo, no fue el único.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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