“Jesús del Gran Poder” arrastra las pasiones de la población quiteña

Por EFE viernes 30 de marzo, 2018

EL NUEVO DIARIO, Quito.- Un cuarto de millón de personas se concentró este viernes en el centro histórico de la capital ecuatoriana, Quito, para participar en la tradicional procesión de “Jesús de Gran Poder” por Viernes Santo.

En un recorrido, marcado por las notorias subidas y bajadas del centro colonial, y que inicia y termina en la emblemática iglesia de San Francisco, más de 2.000 penitentes vestidos de cucuruchos (capirotes) y Verónicas, acompañaron a la imagen de “Jesús del Gran Poder” y de la Virgen Dolorosa.

El color morado que simboliza la penitencia de la iglesia inundó las calles capitalinas, siguiendo una tradición que se arraigó en Quito en 1961 y que, año a año, reúne desde tempranas horas a creyentes y turistas, en busca de la mejor ubicación para presenciar el paso de la procesión.

Algunos de los penitentes en la procesión -en la que según el Municipio participaron unas 250.000 personas- arrastraron cadenas en sus tobillos, caminaron descalzos y lucieron su pecho enrollado con alambres, como muestra de arrepentimiento por sus pecados.

“Los cucuruchos simbolizan la penitencia, muchos van haciendo actos de flagelación con su cuerpo, nosotros no les motivamos a que lo hagan pero a ellos les nace del corazón hacerlo”, comenta a Efe el sacerdote franciscano Fabricio Pazmiño.

Los feligreses se inscriben desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, para participar de la procesión como penitentes, y “con este acto muestran su arrepentimiento y su voluntad de cambio”, agrega el fraile.

José Velasco, es un devoto que asegura participar todos los años llevando a rastras una cruz de madera.

“Hago esta penitencia por mi madre que está enferma, para que Dios la bendiga”, comenta a Efe en un momento de descanso de la procesión que recorrió calles del centro histórico de Quito, catalogado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

En la procesión también participaron mujeres, que caminaban tras los cucuruchos, y que representaban a Verónica, aquella que se acercó a Jesús mientras iba al Calvario y le limpió el rostro cubierto de sudor y sangre y en cuyo lienzo habría quedado impregnado el rostro de Jesucristo.

En medio de un clima templado, las verónicas, que lucían túnicas moradas y portaban rosarios en las manos, avanzaban con un andar lento precediendo a la llegada de la imagen de “Jesús del Gran Poder”.

La imponente imagen de “Jesús del Gran Poder” salió al mediodía de la iglesia de San Francisco, en el corazón del Quito colonial, en recuerdo de la hora en la que Poncio Pilatos condenó a muerte a Jesús.

Pero dos horas antes, cientos de penitentes ataviados con las túnicas moradas y los altos cucuruchos, iniciaron la procesión, que tradicionalmente convoca a miles de creyentes, así como a turistas locales y extranjeros.

Con notorios matices de la tradiciones de la ciudad española de Sevilla, la procesión avanzó con solemnidad a través de las calles capitalinas, con el trasfondo de la inmensa estatua de la Virgen de Legarda, encaramada en el Panecillo, una elevación natural de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Con la gigante escultura de aluminio a sus espaldas, los miles de creyentes avanzaron por las estrechas calles del centro histórico en un recorrido en el que también se acercaron a la Basílica del Voto Nacional, un edificio religioso de estilo neogótico, que reúne a diario plegarias de fieles y asombradas miradas de turistas.

En la procesión, una de las más importantes de Ecuador, junto con la de “Cristo del Consuelo”, de Guayaquil (suroeste) participan personas de todas las edades.

A sus quince años, Mónica Molina también llevaba una cruz de madera: “Yo participo por mi familia, para que sigan adelante y también lo hago como muestra de agradecimiento por todo lo que tengo”, comentó Molina a Efe en medio de un clima templado.

En su trayecto, la imagen de “Jesús de Gran Poder” es custodiada por el Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional y por los feligreses, muchos de los cuales rezaban, otros se flagelaban con látigos como penitencia y unos más se dejaban cautivar por la tecnología del celular avanzando al ritmo del tumulto.

El recorrido finalizó en el atrio de San Francisco donde inició la liturgia campal de Viernes Santo y se escuchó la narración de cómo las santas mujeres y un grupo de apóstoles se encargaron de dar sepultura a Cristo.

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