“Ir por lana y salir trasquilado”: el caso de Guillermo Moreno, Abinader y comparsa; y el movimiento verde…

Por Francisco S. Cruz jueves 27 de abril, 2017

Hace poco escribí un artículo-reacción a una tesis o apreciación “de coyuntura” de Cesar Pérez donde el sociólogo y perremeísta exponía que “…la discusión sobre la relación partidos movimiento debe hacerse ya, y de manera franca, debe hacerse antes de que el inexorable tiempo del calendario político avance y con el mismo, la siempre latente amenaza de que el cansancio se haga presente en muchos de los actuales participantes del movimiento”.

Lo que Cesar Pérez no previó en su “análisis de coyuntura” era que “el cansancio” llegaría no vía el avance “del calendario político”, sino, como sostenía, en mi artículo-reacción (Ponerle juicio político-pragmático al movimiento verde: ¿será posible?, de fecha 26 de marzo de 2017) producto del protagonismo y de los delirios presidenciales de Guillermo Moreno, Luis Abinader, Minou Mirabal, Max Puig y comparsa, pues, es más que evidente que esos viejos actores políticos tienen como estrategia, a corto y mediano plazo, asaltar, política y electoralmente, el llamado movimiento verde. O dicho en otras palabras, que su estrategia es usarlo como plataforma política-electoral de cara al 2020.

Y para confirmar la situación -de repulsa e indignación- que el protagonismo y oportunismo de Guillermo Moreno, Luis Abinader y comparsa, viene generando en la dinámica-articulación del movimiento verde, sólo hay que ver y leer –vía las redes sociales- las reacciones y posturas -acidas y críticas- de algunos de los jóvenes activistas y promotores de dicho movimiento que, incluso, ya comienzan a identificar, a esos viejos actores políticos, como lo que son: viejos zorros políticos disforzados de “mansas ovejas”. De modo que, no está lejos el día en que, los originarios lideres-gestores del movimiento verde, saquen, y no con cortesía, a esos “redentores sociales” pues ya hay, dentro del movimiento verde, quienes les están cogiéndole las señas y no están por dejarse usar o, que les miren las caras de pendejos.

No obstante, y lo quiero subrayar, el fenómeno sociopolítico y cultural –protagonismo-oportunismo- que hoy protagonizan Guillermo Moreno, Luis Abinader y comparsa, no es nuevo, pues es parte consustancial al subdesarrollo político –o caudillismo histórico-estructural- que ha caracterizado toda la práctica histórica-política del liderazgo nacional –con la excepción de Juan Pablo Duarte y los Trinitarios- desde la fundación de la República (1844), sin escapase, siquiera, la otra izquierda “burra” o de sobaco.

Porque hay un sesgo político-conceptual en el análisis sobre los partidos políticos tradicionales (PRD, PLD, PRM, PRSC: que son, diga lo que se diga –o lo que tal o cual sociólogo o politólogo quiera-, referentes electorales): el creer que la llamada crisis de esos “aparatos” es propiamente de ellos –de los partidos-, y no como es, de sus cúpulas-gerentes que han terminado suplantado -orgánica e institucionalmente- a esa organizaciones políticas posponiendo y burlando, por demasiado tiempo, su democracia interna y haciendo casi imposible los cambios y reformas –vía nuevas legislaciones- que los partidos políticos y el propio sistema democrático viene demandando: relevo político-generacional a través de procesos eleccionarios internos, pero, fiscalizados y supervisados por la Junta Central Electoral (JCE).

De suerte, que el problema, en el fondo, y quizás en la superficie, no es de “quítate tú para ponerme yo” –sacar al PLD del poder por Guillermo Moreno, Luis Abinader y comparas-, sino, que es, más grave y sintomático: se trata, por un lado, de unas gerencias de partidos políticos tradicionales en crisis que se niegan a refrendarse eleccionariamente; y por otra parte, de la puesta en práctica de una estrategia política-empresarial –de los empresarios- que, dicho sea de paso, ya se cansó de financiar a los partidos políticos, líderes o candidatos presidenciales, pues han de cubierto que ya no son tan pobres ni tan indigentes; y, en consecuencia –esa élite-oligarquía-, ya han empezado a hacer ensayos pilotos con sus propios pupilos (en lo que he llamado: El choque inevitable). Pero tampoco, está lejos el día, que uno de ellos –de esos empresarios-, con más suerte y carisma que Luis Abinader –y que el extinto Jacinto Peynado, en su tiempo-, se tire al ruedo tras la Presidencia de la república.

Igual, hay una ola internacional –o correlación de fuerzas política-electoral, pues las ideologías se fueron a la porra- de puja-pugna derecha-izquierda, por el poder, que tiene su expresión en la geopolítica; pero también, en los planos políticos nacionales de los países latinoamericanos que, en mi opinión, merece otra lectura de los partidos tradicionales, sus líderes y cúpulas. Digo, si es que no quieren ser barridos del poder o de la hegemonía de los partidos políticos que, por tanto tiempo, como dije, han manejado a sus antojos y anchas.

 

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