Inversiones Foráneas: ¿A quiénes benefician más?

Por miércoles 1 de febrero, 2017

Este tema de la Inversión Extranjera Directa (IED) viene al tapete, ya que el magnate empresario y presidente de la potencia más sólida y respaldada militar y económicamente que ha conocido la humanidad, Donald Trump, ha hecho fuertes críticas a las inversiones que se hacen desde los Estados Unidos hacia otras naciones; las cuales se las ponen en bandejas de plata y con todas las condiciones para que humanamente las mismas sean de un éxito total, siempre con mayores índices de beneficios que los que se logran en el país de origen de los inversionistas.

Entonces vale preguntarse, ¿a quién realmente benefician estas modalidades de inversiones externas o foráneas? ¿a los países receptores o a los inversionistas?

Porque el señor Trump no ha dejado dudas, cuando desde que era precandidato y después candidato, ahora presidente, al plantear repetidamente que esta situación de la IED afecta negativamente la economía norteamericana, fundamentalmente a través de la reducción y la calidad de los empleos internos, cuando no está en discusión que los inversionistas, el capital, no busca nunca subir la cantidad y calidad de la mano de obra, su razón de ser es, su principal objetivo, maximizar sus beneficios, los que se logran con estas inversiones.

Ahora bien, si una inversión determinada exige e incrementa los empleos de calidad, de mayor calificación, es por sus características particulares, pero ese nunca es el objetivo, lo cual el ya presidente de USA sabe a la perfección, el mundo empresarial y de los negocios es su hábitat.

En este contexto, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ya se ha comprometido a hacer que empresas de la calidad y renombre mundial como la Carrier, General Motors, la Ford, Nipona Toyota y la alemana BMW, redefinan sus políticas de inversión extranjera, para que vuelvan a realizar sus inversiones en este país, so pena de ser gravadas con elevadas tasas arancelarias, entre otras medidas impositivas.

Entonces, debemos mencionar a grandes rasgos los beneficios o ventajas y desventajas que se tiene comprobados deja la IED. Veamos primeramente las variables positivas, es decir, las que son favorables para la economía de los países que se benefician con este tipo de inversión directa.

Aquí podemos destacar, que el país que recibe la inversión en su territorio se beneficia del impacto favorable que se genera en la economía con la entrada de tecnología de punta, conocimientos y una inyección de recursos frescos de mediano y largo plazo, además contribuye para una mayor integración con el comercio internacional.

También la IED generalmente es productiva, da cierta estabilidad, contribuye con las necesidades de financiación del país receptor, de entrada crea demanda de manos de obra, manda un mensaje de percepción interna y externa, positivo en la economía…

Con relación a la Inversión Extranjera Directa, Torner en el año 2003 escribió, “este tipo de inversión sustenta la actividad de mayor productividad y competitividad del país, lo que se traduce en más puestos de trabajo, siendo esta actividad la clave para la inserción de los países en el mercado mundial”.

Mientras que por el lado de lo negativo en la economía nacional en lo relativo a la IED se destaca que, sus beneficios no se generan automáticamente ni se distribuyen proporcionalmente entre países, sectores y localidades. Estas inversiones para realizarse tienen que encontrar un entorno favorable, que va desde las infraestructuras físicas hasta las manos de obras adecuadas y abundantes a la inversión realizada, y una base legal que les dé total garantía a sus proyectos o inversiones.

Otra de la crítica que se le hace a la IED, es que normalmente no facilitan los empleos de calidad y los que transmiten los conocimientos más calificados, ya que este personal lo traen de su país de origen o lo importan, de ahí que a la nación receptora le tocan todos los empleos menos cualificados.

También hay que puntualizar, que una condición sine qua non para la IED es que haya una tasa de rentabilidad que esté muy encima a la del país de origen de ésta con respecto al país receptor de la inversión.

Muy seguidamente la inversión extranjera forma un monopolio local cuando influyen en las quiebras de las empresas nacionales, y todo esto arrastra los efectos negativos que acompañan los monopolios.

El interés de la IED no es contribuir al desarrollo de la educación y capacitación en el país receptor, su finalidad es buscar mayores ganancias netas. También se ha dicho que pueden desincentivar el ahorro interno, ya que estas inversiones foráneas aportan el capital mínimamente necesario, el cual puede hacer descuidar o desmotivar una política de ahorros internos.

En este escenario, Chudnovsky y López en el año 1999 afirmaron, “que el problema de las inversiones extranjeras es que el empleo generado por las multinacionales no alcanza a compensar la pérdida de empleos causada por la feroz competencia, ya que las empresas nacionales no tienen cómo competir y empiezan a despedir personal, lo que se traduce en un efecto negativo de empleo para el país receptor”.

Los beneficios de la IED a la larga, quienes generalmente han sacado mejores provechos son las multinacionales, ya que se evidencia que se hacen más millonarias y sus beneficios y capitales van in crescendo, mientras que en los países receptores de estas inversiones el crecimiento y el desarrollo no se observan con igual ritmo o impacto en la población, todo lo contrario.

En conclusión, el capital impone su voracidad, éste “no tiene fronteras” y al parecer tampoco lo limita nada ni nadie cuando existen jugosos beneficios en el medio.

Por José Núñez

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