Interesante tesis de Zaffaroni sobre autoría mediata

Por Gregory Castellanos Ruano

En un artículo titulado “Sobre la ilicitud de las  penas“ de la autoría de Eduardo Jorge Prats, publicado en el periódico Hoy el quince (15) de Mayo del año dos mil veinte (2020), él hace la cita de un interesante planteamiento que hace el autor argentino de Derecho Penal Eugenio Raúl Zaffaroni; citamos:

“Esto (que hayan presos “encerrados en cárceles de condiciones infrahumanas, controladas por la criminalidad organizada y que se constituyen en lugares de tortura y reproductores de violencia y delincuencia“.GC) es harto conocido y discutido. Lo interesante es el planteamiento dogmático de Zaffaroni. Para el jurista argentino, estas penas son “penas ilícitas ordenadas por los jueces, pues cada vez que un juez envía a una persona a una prisión degradada está imponiendo una pena ilícita, conoce el estado de la prisión y, por ende, actuaría también con dolo“. Los jueces serían entonces “autores mediatos de torturas y hasta de homicidios, incluso valiéndose de autores directos amparados por eximentes; además, devendrían cómplices de ilícitos internacionales que hacen responsable al Estado“. Se trata de penas que violan el principio constitucional de proporcionalidad pues “la pena de prisión proporcional implica un determinado tiempo de sufrimiento adecuado a la culpabilidad por el hecho, pero si el sufrimiento es mucho mayor, ese tiempo de sufrimiento superior quiebra la proporcionalidad y viola el correspondiente principio republicano: se está infligiendo a la persona un sufrimiento que no fue calculado por el legislador en el código al momento de establecer el tiempo de duración de la pena de prisión.““

(Fin de la cita.)

En este interesante caso ejemplificativo que hace Zaffaroni y que cita Eduardo Jorge Prats el autor mediato lo son  “los jueces“  que envían a una persona  “a una prisión degradada“, pero para comodidad del lenguaje para facilitar el toque del tema por parte nuestra vamos a pasar de la pluralidad de “los jueces“ a “el juez“, es decir, vamos a singularizar totalmente la expresión.

En el caso de la hipótesis de trabajo nos encontramos con los siguientes elementos: 1.- un juez; 2.- ése juez conoce el estado degradado de la prisión, es decir, tiene consciencia del estado degrado de la prisión, que las condiciones de vida en esta no se corresponden con la dignidad de un ser humano; 3.- a pesar de ese conocimiento del estado degradado de la prisión el juez en cuestión al menoscabar la libertad de una persona envía a esa persona a esa prisión degradada; y 4.- para ello dicho juez cuenta con todo un personal estatal que obedece sus órdenes.

Aquí tenemos:

A.-Que la degradación de la cárcel no es creada por el juez, sino por el descuido de las autoridades ejecutivas y administrativas que no procuran la asignación de los fondos suficientes para mantener la cárcel en un estado que se corresponda con la dignidad humana de aquéllas personas que van a parar a la misma; y/o que, igualmente, no procuran impedir que se produzca la sobrepoblación de la cárcel para evitar el hacinamiento que también lleva a crear condiciones lacerantes, lesivas a los derechos humanos integridad física, integridad psíquica y vida de una persona. El juez encuentra esa degradación de la cárcel o la misma se produce antes o durante la gestión suya como juez, pero él no causa dicha degradación de la cárcel.

B.- Que la administración de Justicia no es creada por el juez, sino por el Estado que la instituye en sus cuerpos normativos; el juez la encuentra como un mecanismo instituido por el Estado y este designa a ése juez como tal juez, es decir, como órgano del Estado que es dicho juez.

C.- Que el personal ejecutivo y administrativo de la cárcel lo encuentra el juez, que existe al margen del juez, que nada tiene que ver con éste porque dicho personal lo designa el Estado.

En fin, que ese conjunto de situaciones se da al margen de la voluntad del juez, del querer del juez, el cual lo tiene como un conjunto dado y lo tiene frente a sí, en sus narices.

Pero ese conjunto situacional se erige como un instrumental que dirigido contra una persona atenta contra la dignidad humana de ésa persona debido a que el referido Principio de Proporcionalidad que se señala en la cita en cuestión resulta violado  con el uso de dicho instrumental.

El juez con su facultad de disponer el menoscabo de la libertad de una persona dispone o no dispone de ese instrumental, es decir, el juez hace o no uso de ese instrumental, según las características del caso que se somete a su decisión.

Ahora bien, el estado de degradación de la cárcel en cuestión es conocido por el juez, esto es, dicha situación de la cárcel no escapa al conocimiento de dicho juez.

Por lo que en esa condición de conocimiento de parte del juez de dicho estado de degradación de la cárcel el juez sabe de antemano que el enviar a una persona a la misma por una persecución penal (legítima o ilegítima) va a producir en la persona un sufrimiento o padecimiento que se traduce como una tortura física y como una tortura psicológica y que eso puede llegar a traducirse hasta en la muerte de la persona menoscabada de su libertad por el sólo hecho de hacer introducir en ese lugar a ésa persona, independientemente del aspecto punitivo por el que se persigue a ésa persona. Ese conocimiento de parte del juez de las consecuencias que implica el uso de dicho instrumental es clave aquí para entender porqué Zaffaroni considera que el juez que actúa con ese conocimiento es un autor mediato de tortura física, de tortura psicológica y de homicidio doloso.

El uso del conjunto instrumental en cuestión deviene en un uso de un instrumento que (al igual que alguien que usa directamente un arma contra una persona) es causador de tortura física, psicológica y hasta de la muerte de una persona, pues el juez está usando ese instrumental causador de tortura física, psicológica y hasta de la muerte de una persona: ése juez conoce ese carácter causador de tortura física, psicológica y de la muerte que tiene una cárcel degradada y, no obstante, dicho juez, a sabiendas, usa dicho conjunto instrumental insertando a personas dentro de dicha cárcel degradada.

El conjunto de personas que intervienen para que la persona de referencia llegue a estar recluida en esa cárcel y esté efectivamente en ella, y, por ende, sufra los rigores de estar degradada en dicha cárcel degradada, en ejecución de la decisión del juez vendrían siendo materialmente los autores inmediatos, esto es, los autores directos de  la tortura física, de la tortura psicológica y de la muerte en que eso puede llegar a traducirse (“autores directos amparados por eximentes“ dice Zaffaroni: habría que ver el alcance de esas eximentes a que alude Zaffaroni, lo cual lo tocaremos en otro tema separado de este): el juez los usa a ellos, los instrumentaliza a ellos para insertar a la persona dentro de la cárcel degradada (esta cárcel degradada es el arma con que se tortura física y psicológicamente y se mata a la persona que el juez ha mandado a insertar dentro de dicha cárcel degradada); deviniendo esa muerte en un homicidio que no sería culposo para el juez (pues va mucho más allá de la `culpa consciente`), sino que sería un homicidio doloso, esto es, intencional, debido al conocimiento del juez de a donde conduce el manejo del instrumental referido para insertar a una persona dentro de esa cárcel degradada; y el juez que ha hecho uso (claramente consciente) de ese instrumental viene siendo el autor mediato por haber usado ese instrumental porque ese uso del mismo degeneró en esas tortura física, tortura psicológica y muerte de la persona que fue privada de la libertad por disposición del juez, quien dispuso su envío a esa cárcel degradada.  En fin, el juez actuante sería autor mediato de tortura física, de tortura psicológica y de homicidio doloso.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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