Injerencia extranjera

Por viernes 17 de abril, 2015

Los dominicanos tienen que reverdecer su fibra patriótica. La injerencia en los asuntos internos por parte de las grandes potencias tiene que cesar. La dignidad nacional está en juego, y al parecer nadie se siente sonrojado por la indiferencia sin límite. Los representantes de las naciones desarrolladas van a los foros nacionales a fijar posiciones, a jalar orejas, y decir cuál es el camino que tienen que seguir los dominicanos, y pocos sienten el deber y el valor de defender la nacionalidad.

En la política internacional está bien claro que los países tienen que respetarse mutuamente, poco importa si una nación es grande y poderosa, eso no le da el derecho de apabullar y destruir a los pequeños.

Los representantes locales de la Comunidad Europea quieren dar órdenes en relación al problema de Haití. Ellos quiere que la Repíblica Dominicana se haga cargo de los ilegales, que le de carta irregular de residencia y que luego los convierta en nacionales. Es poner precio a ser dominicano.

El problema de Haití fue ocasionado por las grandes potencias, sobre todo las europeas. Francia perdió gran parte de su ejército en la lucha colonial de Haití, destruyó los recursos naturales, saqueó la económía de ese país, y ahora escabulle el bulto.

Es más, quiere que los problemas económicos, sociales, políticos y de subdesarrollo de Haití sean enfrentados por los dominicanos, y eso no puede ser. A estos embajadores intervencionistas e injerencistas, es bueno que se les recuerde que la República Dominicana es libre e independiente, y que nadie puede jugar a lesionar su nacionalidad y territorialidad.

Pero la mayor dosis de repudio debe ser para el embajador de los Estados Unidos. El diplomático en las últimas semanas se ha puesto el traje de pro-cónsul todopoderoso, y fija posiciones sobre problemas que solo deben ser abordados y resueltos por los dominicanos.

Por razones de satisfacción política moméntanea hay muchos dominicanos que guardan silencio ante la prepotencia y atropello al derecho internacional, que esgrime el embajador de los Estados Unidos. Parecería que para un segmento de la población, ya pasó el tiempo de defender el decoro y la dignidad nacional.

De lo que se trata es de qué se le llame la atención a ese enviado diplomático, para que sepa que no puede atropellar a los dominicanos con una injerencia que cae en el abuso de los poderosos contra las naciones débiles.

La misión de un embajador no es ir a violar la soberanía y el decoro de un país, sino en representar a su nación y tratar de mejorar las relaciones bilaterales. Parece que el patriotismo es un sentimiento en desuso en la República Dominicana, donde muchos se postran ante los poderosos.

Por Manuel Hernández Villeta

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