Indígenas desterrados por soja resisten nueva expulsión en capital paraguaya

Por Ramon Ramos Jueves 25 de Mayo, 2017

EL NUEVO DIARIO, ASUNCIÓN, EFE..- Una comunidad de indígenas mbyá guaraní, desterrada del centro y el norte de Paraguay por el avance de los cultivos de soja, enfrenta ahora una segunda expulsión de la zona donde buscaron refugio hace nueve años, próxima al aeropuerto de Asunción.

La comunidad, llamada Ñe’enduamiri, está formada por unas 180 personas, que proceden de los departamentos de Caaguazú (centro) y San Pedro (norte), y hace nueve años se instalaron en Zárate Isla, una zona residencial próxima al aeropuerto de Asunción que conserva algunas áreas verdes.

Sin embargo, algunos vecinos de Zárate Isla rechazan la presencia de los indígenas y en los últimos meses han pedido que sean expulsados del lugar, con el argumento de que están invadiendo propiedades ajenas.

Los vecinos han presentado un total de cinco denuncias contra los indígenas por presunta invasión de inmuebles ajenos, según consta en los registros de la Fiscalía de Luque (Gran Asunción).

Para tratar de buscar una solución al conflicto, el pasado lunes el presidente del Instituto Paraguayo del Indígena (INDI), Aldo Saldívar, se reunió con el líder de la comunidad Ñe’enduamiri, Elvio Sosa, y otros representantes de los nativos.

Saldívar afirmó que en el plazo de diez días dará una respuesta acerca de la posible compra de unas tierras para trasladar a la comunidad a la zona de Emboscada, a unos 30 kilómetros de Asunción, como solicitaron los miembros de la comunidad.

“Necesitamos tranquilidad. Queremos vivir en nuestra propiedad. El Estado no tiene interés en nosotros, hace nueve años que estamos acá bajo carpas, y violan nuestro derecho a la salud. Pero si el Estado compra esas tierras (en Emboscada), vamos a ir allá, a tener nuestras viviendas”, dijo a Efe el líder Elvio Sosa.

Los indígenas de la comunidad Ñe’enduamiri se vieron obligados a trasladarse a la zona de Zárate Isla por el avance de los cultivos de soja, producto del que Paraguay es el cuarto exportador a nivel mundial, y cuya producción depende de la fumigación con químicos que afectan a la salud de las personas, explicó Sosa.

“En el campo los sojeros son tremendos. Se fumiga sobre las comunidades indígenas, se envenena a todos. (Los sojeros) entran a trabajar, y una vez que empiezan, nosotros ya ni podemos cultivar para nuestros hijos. Cada año ellos ni esperan que termine su producto: cosechan, y vuelven a plantar”, declaró el líder indígena.

Agregó que los cultivos de soja no solo dejaron a los indígenas sin espacio para plantar sus propios alimentos, sino que les despojaron de su trabajo, ya que en los sojales se trabaja con máquinas, y no se necesita la cosecha manual del producto

Los indígenas se desplazaron entonces en busca de trabajo hacia zonas urbanas, como Ciudad del Este, fronteriza con Brasil, o a los alrededores de Asunción, como hizo el grupo liderado por Sosa.

Desde esta zona, los aborígenes viajan a diario a las ciudades próximas, donde se desempeñan como albañiles, plomeros o pintores, mientras que sus hijos, que ya nacieron en áreas urbanas, asisten a las escuelas cercanas.

El pueblo mbyá guaraní es una de las cerca de veinte etnias indígenas de Paraguay, donde representan menos del 2 % de la población, el 75 % de los cuales vive en condiciones de pobreza, debido a que fueron desposeídos de sus tierras durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) y la primera década de la democracia.

El 94 % de las tierras cultivables en Paraguay se dedicó entre 2013 y 2014 a la agricultura para la exportación, con cultivos de productos como soja o maíz, mientras que solo un 6 % se destinó a plantar alimentos para el consumo de los habitantes del país, según cifras oficiales.