Indiferentes y tolerantes

Por Martha Butler de Lister

En estos días se han levantado algunas voces en las redes rechazando la música con letra grosera y denigrante que presenta a la mujer como objeto sexual, y su relación con la violencia contra la mujer. Otras voces intentan ser oídas protestando desde la inseguridad ciudadana hasta los contaminantes en el aire fruto de una mala práctica minera.

En fin… poco a poco decidimos expresar nuestra frustración ante el deterioro de la vida en nuestro país. Se levantan voces exhortando a que hayan verdaderos cambios que mejoren la calidad de vida de todos,  que desarmen las inequidades, mejoren el acceso a atenciones médicas de calidad y resulten en un ambiente sano y de respeto que fomente la prosperidad, la paz y el progreso.

Sí amigos.  Hago un “mea culpa” como miembro de la generación de los “indiferentes y tolerantes”.

La generación de los viegenials. La de los que nos hemos ocupado de resolver nuestros mundillos sin importarnos el bien colectivo…si no había energía eléctrica compramos plantas o inversores…si no había agua…montamos tinacos o cisternas, mientras el pueblo llano no recibía agua potable. Dimos la espalda a una educación pública que se desarmaba ante nuestros ojos y simplemente pagamos una educación privada para nuestros hijos. Vivimos como la corrupción creció por doquier nutrida por peajes a policías de tránsito…a funcionarios y lo vimos como tigueraje y el “precio que hay que pagar,” sin reclamar a las autoridades una conducta honesta e íntegra. Permitimos la arrabalización de las ciudades por no ofrecer mejores condiciones a nuestros campesinos para permanecer creciendo el arado.

Aceptamos la migración haitiana sin control sabiendo del respaldo de ciertos grupos sin protestarlo, ni denunciarlo. Miramos aun para otro lado cuando miles de dominicanos siguen dejando sus vidas en las aguas del mar Caribe buscando libertades y progreso que no

encontraron en RD, y vimos como miles de cerebros dominicanos encontraron su camino a USA o a Europa para aportar sus neuronas al desarrollo de otras naciones. Hemos tolerado música de contenido violento y estereotipos denigrantes convertirse en modelos para nuestros hijos y nietos. Hemos sido indiferentes a la delincuencia hasta que nos pega cerca.

En fin, la lista es muy larga…nuestra indiferencia y nuestra tolerancia a lo mal hecho nos han traído hasta aquí.

Sólo queda pedir perdón a Dios y a estas nuevas generaciones e intentar transformar y salvar lo bueno que aun queda.

 

Por  Martha Butler

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