¡Incertidumbre ciudadana! ¿Qué hacer?

Por Rolando Fernández

Si bien es cierto que las autoridades competentes en el país. Dominicana, están hablando sobre una casi segura inmunidad total para el mes de agosto del presente año, según se publicó en la prensa local, en relación con la pandemia del COVID-19, que es innegable se expande por doquier en esta República, de procurar todos los ciudadanos “inocularse”, ¡qué es lo que se debe hacer! entendemos, con alguna de las vacunas, existentes, sin importar el laboratorio procedente, fabricadas en contra de ese potente virus, no es menos cierto que, hay muchas personas aquí que están negadas a hacerlo, y que así se expresan: “¡yo no pienso vacunarme!”

Obviamente, la gente, aunque así lo externe, quizás por ignorancia, tozudez, o interpretación errada, no cabe duda de que se quiere cuidar; prevenir el mal en la medida de lo posible; pero, hay miedos; y, la incertidumbre asalta, e impide actuar, como ocurre con todo en la mayoría de los casos.

Tal situación de indecisión obedece en gran parte, al temor que se tiene con respecto a los efectos secundarios, de inmediato, o en el tiempo, que se puedan derivar de esas vacunas, desconocidos hasta el momento por la ciencia plena, sobre los cuales muy poco quieren alertar, aunque sea mínimamente, los fabricantes de las mismas, como es lo que de ordinario se hace, incluso con amplitud, cuando se trata de otros fármacos que se preparan  para la salud humana, y que utiliza con principalía la medicina convencional.

Son estos, algunos de los factores variados que alegan, entre otros, aquellos que aún no han decidido “inocularse” con las vacunas en inventario; y, que como obvio se reporta, no dejan de tener en parte razón, si son analizadas algunas de las ponderaciones que hacen, y que se deben escuchar con atención, por supuesto; porque, además, las expresan sin rodeo alguno.

“Esas vacunas están todavía en fase de experimentación obvia, y no quiero someterme a la misma. No deseo ser objeto de prueba. ¡Sería preferible esperar!”.

“Tal medicación no está validada por completo, científicamente hablando, y muestra de ello es que, solo quienes las reciben asumen la responsabilidad sobre cualquier riesgo probable, en cuanto a eventuales efectos secundarios posibles, teniendo que dejarlo así plasmado en un formulario que se exige firmar, recalcan, al momento de inocularse cualquiera. Por otro lado, la cantidad, de dosis necesarias para protección casi total, es un asunto que no está definido aún”.

“De hecho, según dicen los que saben, ponérselas, en realidad no inmuniza por completo; más bien aligera una eventual afectación del COVID-19, que ya tiene variadas cepas en manifestación incluso, en cuestión médica todavía. También se tiene que continuar usando la bendita mascarilla, y los demás preventivos de inicio de la pandemia”.

“Los males derivados de ese virus letal son conocidos, y combatibles, si son tratados a tiempo; no así, los que se puedan desprender de la vacunación.  ¿Qué pasaría entonces con esos, cuando se presenten?”

Luego, entendible se hace que, es necesario recomendar, amén de estar promoviéndose solamente dentro de la población la vacunación preventiva que se considera, que personas autorizadas, en especial la clase médica, local, o extranjera, trate de edificar, como de concienciar a la gente, en el sentido de lo expresado más arriba.

Qué se eviten en la medida de lo posible, los tantos aparatajes propagandísticos, que se hacen al recibir desde el exterior las vacunas de que se trata, en los países compradores, verbigracia, en dominicana, para evitar así las interpretaciones de carácter politiquero, o comercial, que tampoco están ausentes hoy aquí entre la gente.

Incluso, resultaría aconsejable, en adición, aclarar ese asunto de la manifestación agresiva del virus, luego de ser vacunadas algunas personas, por los casos que se han presentado; y, que según se especula, se dan cuando los congéneres están afectados por la enfermedad, pero que son asintomáticos. Se dice entonces, que antes de la vacunación se debe hacer exigible la prueba correspondiente.

Y, hacer las aclaraciones de forma tal, que la recomendación de vacunarse contra el precitado virus, se perciba como una necesidad circunstancial obligada, para evitar males mayores, ante los riesgos probables que se tienen, por la realidad concreta que la pandemia representa, independientemente de cualquier nimio efecto adverso posible, para la salud en general.

Además, para que se tenga bien presente, el que no todas las personas pueden contar con un sistema inmunológico fuerte, combativo; que sería el guardián protector del organismo humano por excelencia, ante cualquier situación sanitaria de ese tipo, u otro.

También, que es una causal más a tener en cuenta, la desobediencia de la ciudadanía, en términos de los cuidados necesarios: uso de mascarilla, el distanciamiento social observable, y el lavado de manos con frecuencia, etc., burlados con regularidad.

Otra sugerencia procedente sería que, tampoco se estime totalmente la vacunación, como algo enteramente comercial, o politiquero, tal es lo que algunos entienden, por lo que se apunta más arriba – los cacareos sostenidos cuando se compran las vacunas -.  ¿Qué, no tiene aquí de esos ingredientes?

Por tanto, no es que, el plan relativo esté exento en su totalidad de esas pinceladas; pero, no es para que tal concepción induzca a la alegre indiferencia ciudadana que se observa, en torno a tan importante actividad de orden sanitario, casi obligada vale decir; pues, las vacunas, bien pueden prevenir del mal que se trata. ¡Qué no se desprecie la oportunidad!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

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