Impuestos: fósforo y gasolina

Por Manuel Hernández Villeta

Se carece de condiciones para aprobar una reforma fiscal, en  medio de aumentos escalonados en los precios de los artículos de primera necesidad, la medicina, y los servicios, Mientras todavía no hay control total de la pandemia, meter este tema en el debate, es como llevar en la mano una granada sin espoleta.

El punto  de una posible reforma fiscal mantiene en tensión a las capas medias y pobres de la población, al saber que los reajustes obligatoriamente van hacia el producto final. Los empresarios no cargaran  con el paquete, tampoco  el gobierno, sino el consumidor.

Ya toda la población  siente que se encuentra asfixiada por los tantos impuestos. Una taza de café en un supermercado paga diez pesos de impuestos, y así todos los productos que usted vaya adquiriendo. Y sobre todo, está la inflación y el agiotismo que están descontrolado.

No puede haber un diálogo y consenso real para establecer una reforma fiscal, porque el consumidor será el perjudicado. De golpe y porrazo subirán los precios de los servicios y de todos los productos. Los salarios congelados, porque se aducirá que ya se hizo un aumento hace poco tiempo.

Llevar la reforma fiscal al ámbito de los encuentros de diálogo y concertación es un error. Pueden dar pie a la negociación. Los empresarios buscando mejores facilidades `para sus inversiones, y los políticos levantando sus votos a favor de que no les golpee la guillotina.

Los economistas oficiales y del sector privado pueden maquillar todo lo que quieran sobre una eventual reforma fiscal, pero no podrán evitar que sea un trago desagradable para el pueblo, que es el que va a tener que tomar esa pócima.

Los llamados reajustes económicos y eliminación de subsidios llevaron al país a protestas y pobladas que dejaron su secuela de muertos y heridos. Son etapas pasadas. Hoy hay que caminar siempre por la senda de la concertación, dando los pasos oportunos y precisos.

Con fino tacto, tarde o temprano vendrá una reforma fiscal, es inevitable por las presiones oficiales, del área empresarial y de  organismos internacionales. Sin embargo, el momento no es oportuno, llevarla al diálogo no es lo más conveniente. Tiene este tema que esperar su momento.

Nuestra recomendación es que todo el tema  que tiene que ver con la reforma fiscal se guarde hasta el primer trimestre del año que viene. Ahí se puede hacer una evaluación de cómo está la situación nacional y ver si es posible esa reforma.

No hay a la vista un espejismo salvador. Los precios van a seguir a la oferta del mercado, hasta que un puño de hierro los detenga. ¿Los servicios?, pésimos y fijados de acuerdo a los caprichos del proveedor. El consumidor en el medio, alargando un peso que está a punto de romperse. Es momento de reflexión: no hay condiciones para una reforma fiscal. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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