Importancia de la producción de ensayos en la educación dominicana

Por José Santana Guzmán viernes 11 de junio, 2021

De pura lengua

 

“En la academia debemos cambiar el paradigma

de formar lectores consumidores de informaciones

por lectores constructores de informaciones

a partir de los textos, y con capacidad crítica para

enjuiciar el texto y su autor.”

(Dr. Bartolo García Molina)

 

Para conocer los problemas de comprensión de los textos académicos a los que se enfrentan los alumnos y las alumnas del nivel medio al ingresar a la universidad, es preciso ver el problema y estudiarlo desde una perspectiva multifactorial, ya que solemos atribuir esta problemática exclusivamente a los textos académicos. A tal efecto, Paula Carlino (2003) establece que lo que da origen a los problemas de comprensión es la falta de códigos compartidos que existe entre autor y lector, en el caso de los textos que leen los estudiantes al llegar a la universidad. Al parecer, nuestros estudiantes preuniversitarios están ingresando a las academias con algunas deficiencias de comprensión. Esto podemos evidenciarlo si tomamos en cuenta la opinión de Eco (1992), quien considera que, para poder entender un texto, el lector debe “llenarlo” con una cantidad de inferencias textuales, vinculadas a un amplio conjunto de presuposiciones definidas por un contexto determinado, esto es, una base de conocimiento, suposiciones de fondo, construcción de esquemas, vínculos entre esquemas y texto, sistema de valores, construcción de punto de vista, etcétera. (Eco, 1992: 334).

No cabe duda que nos enfrentamos ante un problema que depende de varios factores, bebido a causas heredadas, que pocas veces forman parte de la agenda habitual en materia educativa, tanto en el sector público como en el privado.

Pero no todo está perdido. Como podemos ver, en nuestro país, el Ministerio de Educación, a través de su Diseño Curricular, al referirse al perfil de las alumnas y de los alumnos egresados del nivel secundario afirma lo siguiente: …La persona procesa representaciones mentales, datos e informaciones para construir conocimientos, llegar a conclusiones lógicas y tomar decisiones, evaluar y argumentar posturas, abordar la realidad desde perspectivas no convencionales, establecer metas y medios novedosos para lograrlas y examinar la validez de los juicios y opiniones. (Diseño Curricular Nivel Secundario 2016, p.73). Sin embargo, frente a este esbozo cabe preguntarse ¿se está logrando este idealismo?

Basado en este planteamiento sobre lo que debería ser el perfil realmente de una persona egresada del nivel medio de educación, nos formulamos las siguientes preguntas: ¿Pueden los estudiantes del nivel secundario examinar la validez de las ideas propias y ajenas? ¿Son capaces de verificar las informaciones en las que se basan sus juicios u opiniones? ¿Pueden analizar los valores, principios éticos y estéticos implicados en los textos? ¿Son capaces de comparar diversos puntos de vista? ¿Consideran los intereses envueltos y los contextos en que surgen las distintas opiniones? o ¿Pueden adoptar una postura crítica ante las informaciones? Y finalmente ¿Poseen capacidad para reconocer sus prejuicios?

Las respuestas a estas cuestiones no fueran necesarias si en verdad los textos que utilizamos en los niveles primario y secundario realmente poseyeran los contenidos necesarios para enseñar las capacidades a los alumnos y a las alumnas sobre cómo encarar los textos científicos al ingresar a la universidad. Pero, como nos alerta la doctora Carlino cuando dice que: Los textos del nivel secundario borran las polémicas, suprimen la naturaleza argumentativa del conocimiento científico y presentan sólo una exposición del saber. Y continúa. Omiten los métodos con los que se han producido los conceptos y silencian la controversia de la que han emergido. Tratan el conocimiento como ahistórico, anónimo, único, absoluto y definitivo. Asimismo, la cultura lectora de la educación media exige aprender qué dicen los textos y tiende a desdeñar por qué lo dicen y cómo lo dicen. (Carlino, 2003)

Como se ve, estamos creando individuos con modos de pensamientos muy distintos, los cuales tienen que enfrentarse al llegar a la universidad con culturas lectoras distintas, lo que acarrea problemas de comprensión a la hora de argumentar y exponer sobre los distintos saberes en juego.

La marcada diferencia existente entre la cultura lectora del nivel secundario y la universidad, se puede catalogar a ciencia cierta, como uno de los problemas mayores para comprender los textos a los que hice mención al principio, siendo este problema, además, uno de los causantes, sin lugar a dudas, de la “brecha cultural entre secundaria y universidad”. Por tanto, es responsabilidad de la clase docente universitaria, preparar a estos estudiantes a través de una enseñanza rigurosa, la cual solo es posible garantizar, a mi juicio, mediante la preparación exhaustiva de los profesores y profesoras de grado, considerando que esto solo se puede lograr por medio a la técnica del ensayo científico. En consecuencia, solo a través de la producción de este tipo de textos académicos, los alumnos y las alumnas serán capaces de, entre otras destrezas:  identificar la postura del autor o autora de un texto dado; ponderar dicha postura a partir de las razones que el autor o autora brinda para sostenerla; reconocer las posturas y argumentos de los autores y autoras citados en un texto; identificar las polémicas establecidas entre unas posiciones y otras; poner en relación con otros textos leídos previamente el conjunto de perspectivas mencionadas; e inferir implicaciones de lo leído sobre otros textos.

Fuentes:

Molina García, Bartolo. 2015. Lectura y construcción de conocimiento. Editorial Surco. Santo Domingo, RD,

Eco, Umberto. 1992. Los límites de la interpretación. Segunda edición. Lumen S.A. Barcelona.

 

11/06/2021

Por José Santana-Guzmán

 

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