Ignorancia o mala  fe

Por Florentino Paredes Reyes miércoles 22 de mayo, 2019

En la medida que se aproximan las  elecciones en nuestro país, son muchos los que con ínfulas de principios morales y hasta de salvadores mesiánicos, presentan doctrinas de lo que deben o no  hacer los dominicanos, de lo que se debe o no permitir a nuestros líderes políticos.

De todas esas doctrinas las más innovadoras son: la de respetar nuestra Constitución, como si en los 175  años que tenemos como país, haya habido más de un gobierno  que la haya respetado. Sabiendo que solo Juan Emilio Bosch y Gaviño logro tal proeza; y la no reelección presidencial, como si los que están o aspiran estar en el gobierno no fueran aliados de tal idea.

Si lo dicen por ignorancia, recuerden que la primera modificación constitucional se hizo en el 1854 y la última en el 2015. Que  hemos temido 39 modificaciones constitucionales, en la gran mayoría de los casos con fines políticos partidistas y que lo que menos  han hecho en este país, es respetar la Carta Magna.  Solo seis de esas modificaciones se han producido por medio de Constituyentes, a través de las cuales el pueblo es convocado a elegir a los constitucionalistas que harán los cambios a la principal ley del país.

Desde 1854 a 1878, los  caudillistas Pedro Santana y Buenaventura Báez, realizaron 12 reformas, casi todas alrededor del poder “absoluto” del presidente para mantener la seguridad de la nación, tener más poder y disponer a su antojo del ejército. El dictador Ulises Heureaux tuvo a su cargo tres reformas a la Constitución, desde el 1887 al 1896.

Cuando iniciamos el siglo XX, el presidente Ramón Cáceres realizó la modificación constitucional de inicios de siglo pasado, en el año 1907. Su primo, Horacio Vásquez, estuvo al frente de las cuatro reformas realizadas del 1924 al 1929, en donde tres de ellas, fueron de manera sucesiva.

De 1934 a 1960 la Constitución fue reformada siete veces por el dictador Trujillo Molina, quien la irrespetó hasta la saciedad y sembró en la clase política servil, que la Constitución y nada es lo mismo, y que así como los seres humanos se eliminan cuando son un obstáculos a los intereses personales, así la Constitución se cambia cuando es un obstáculos a los intereses políticas de quienes están en el gobierno.

El profesor Juan Bosch, en su gobierno de 1963, realizó una profunda reforma, renovando casi en su totalidad la Constitución. En el mes de marzo proclamó una nueva modificación, en la cual se establecían principios avanzados en lo económico, político y sobre todo en lo social.

En 1966, Balaguer impulsó otra reforma profunda, desmontando las enmiendas realizadas por el profesor Juan Bosch y devolviendo a los sectores del poder económico, sus derechos y beneficios en perjuicio de los sectores más desposeídos de la sociedad dominicana.

En los gobiernos del PLD, que no promueven los valores de Juan Bosch, han hecho poco para hacer las reformas, que lleve esas transformaciones sociales tan anheladas por su líder y fundador del partido. Creando un limbo jurídico e institucional y haciendo más difícil la solución a nuestros problemas políticos y sociales.

Si lo hacen por mala fe, los mismos que piden respeto a la Constitución ahora, son los mismos peledeístas que la modificaron  en el pasado. Los mismos que quieren establecer una dictadura ahora, son los mismos peledeístas  que lucharon en contra de la dictadura en el pasado. Ahora no hay imparcialidad, bien común, sosiego o un ente de equilibrio entre las partes. Somos de un grupo o del bando contrario.

Por ignorancia o mala fe, no se puede hablar de democracia y sólo ser un partido el que gobierne, usando cuantos medios sea necesario para vencer y humillar al contrario. No podemos hablar de alternabilidad en el poder cuando Danilo Medina tiene dos periodos un y posible tercero,  y Leonel Fernández tiene tres y un anhelado cuarto.

Un partido histórico como el PLD debe esforzar a sus miembros para que lo ayuden a evolucionar y perdurar en el tiempo, no enfrascarse en una lucha personalista entre Danilo y Leonel, que lejos de fomentar el progreso y la civilización, siembra el odio y la división, no solo entre los miembros de su partido, sino entre los dominicanos. La tiniebla del personalismo debe ser disipada de los partidos y la antorcha de la unidad debe caminar de la mano de cada uno de sus miembros.

Por ignorancia o mala fe, no caigan en los errores del pasado. El PLD está tan dividido que no pueden hablar de unidad, sea Danilo o Leonel como quiera es relección. La modificación del 2015 no borra los tres gobiernos de Leonel. Mentir aunque sea con buenas intenciones, es malo.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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