Huracán partidista

Por Manuel Hernández Villeta

El desbordamiento de las pasiones partidistas, pone en peligro la tranquilidad nacional. Faltando más de dos años para las elecciones, no se justifica que los partidos comiencen su campaña interna. La Junta Central Electoral al no poder controlar esta situación, presenta la imagen de una institución  débil.

Que no se desborde la campaña política a 24 meses de las elecciones, es una necesidad. La tranquilidad ciudadana, la higiene mental y prepararse para futuras reflexiones, conllevan a que se cumpla con esa parte de la ley. De nuevo se ve que el Código Electoral es letra muerta.

Los miembros de la JCE se deben reunir con el liderazgo máximo de los tres principales partidos y llegar a un acuerdo sobre  implementar  la campaña electoral. Ya no es suficiente  con comunicados de prensa a los que nadie  hace caso. Los principales dirigentes deben responder por sus campañas en marcha.

Para ser realista, el desborde incontrolable es una lucha a muerte entre tres partidos políticos, que conocen sus debilidades y tratan de enmendarlas a tiempo. Los partidos pequeños carecen de recursos económicos y personal para meterse en ese pleito.

Además, el futuro de los grupos minoritarios es realizar una buena alianza, con un partido que tenga posibilidades de ganar. Para estos emergentes, amarrarse a un buen árbol les significa mantener el reconocimiento, y sobre todo les abre las puertas a los empleos del Estado.

Una víctima de esta campaña a destiempo lo podría ser el Diálogo Nacional. El presidente Luis Abinader puso todo su empeño en la celebración del diálogo, que en principios fue respaldado por todos los partidos.

Ahora surgen sombras en torno a su cumplimiento y respeto. Hay un enfrentamiento entre el gobierno y los grupos opositores por la reforma fiscal. De seguro que esto tendrá reflejos en el diálogo. El presidente sacó la reforma fiscal de los temas  del diálogo,  para manejarla él en persona.

Pero el inicio de la campaña política, hace pensar que cada partido tiene su propia agenda, y que no va a ir a discutir posiciones colectivas, sino que tratará de abrir camino con sus encuentros y visitas a diferentes comunidades del país.

Un Gran Diálogo Nacional es una oportunidad que los dominicanos no se deben perder. Los problemas de este país no van a ser solucionados por un puñado de personas, sino por toda la colectividad. Hay que sacrificar posiciones personales para dar lugar  al bienestar de todos.

Los vientos huracanados de la campaña electoral a destiempo deben ser dominados. Hay que esperar al inicio oficial de la lucha por el poder.  Esperamos la exhibición de músculos de la JCE y que haga valer sus reglamentos. Nadie por encima de la ley. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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